Soldado advertido...

La pasada ola invernal dejó en todo el país una tragedia visible: casas en ruinas, pueblos enteros inundados, universidades obsoletas, miles de damnificados, enfermos de toda clase, gente devastada, etcétera. Lo que demostró —no se necesitaron cifras, ya que la visibilidad del problema era evidente— que Colombia estaba muy mal preparada para recibir el llamado fenómeno climático de La Niña.

Muchas son las razones que permiten un saldo de más de dos millones de personas afectadas a enero de este año: construcciones mal hechas, casas en las riberas de los ríos o en humedales (que, de respetarse la ley, no existirían), diques en mal estado, presas eléctricas que no sirven para regular cauces, y puede seguirse así, encontrando nuevos problemas en cada pueblo y ciudad de Colombia. El invierno es un fatal indicador de cómo estamos de mal en infraestructura y en ejecución de planes. Nos lo dice a gritos. El presidente Santos pareció regar la alarma en todo el país expresando que algo debía hacerse para evitar una futura secuela de la ola invernal. ¿Conveniente? Sí, claro, nada mejor que un primer mandatario encabezando la cruzada contra el invierno. El problema de esto ha sido la ejecución: muy pocas obras se han hecho para contener la segunda etapa. Aunque Santos ha dicho que ésta no va a ser otra Niña, las lluvias sí aumentarán en el último trimestre del año. Así lo ha confirmado, hasta la saciedad, el Ideam. La noticia no es nada tranquilizadora. Una nueva temporada de lluvias terminaría por destruir lo que quedó de la primera. Las cifras son menos alentadoras. Son tristes, por no decir otra cosa. Sólo 100 de las 6.714 obras programadas están terminadas. Al inicio de esta semana el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, anunció que si en ocho días los alcaldes y gobernadores no han ejecutado los presupuestos a disposición para las obras de contención invernal, el Gobierno se los quitaría y los operaría directamente. ¿Ocho días? ¿A quince de que empiece el desastre? La burocracia, otro gran problema de acá, sale a relucir en medio de esta crisis. Santos dice que alcaldes y gobernadores no están ejecutando las obras. Ellos alegan que la Previsora —la aseguradora estatal encargada de girar el dinero para dichas obras— no ha entregado los dineros y representa, dicen, el cuello de botella para la ejecución de los proyectos. La aseguradora alega que los mandatarios regionales no cumplen los requisitos para que el dinero sea desembolsado. Un círculo vicioso que explica, en parte, por qué sólo 100 obras están construidas, mientras el resto están en proceso o no existen. La corrupción, claro, es otra de las cuotas que frenan lo ordenado por Santos. Treinta y ocho auditorías ha realizado la Contraloría. La Procuraduría ya tiene 152 investigaciones en su despacho por un posible mal uso de los recursos. Y mientras tanto, ¿qué? El Ideam lo sigue repitiendo: estamos a menos de un mes para que la ola invernal vuelva. Los damnificados no han terminado de “secar su rancho” y ya se les viene encima otro aguacero. De tres meses seguidos. Ya lo dijimos: el invierno nos pone en la cara el espejo de lo que es la ejecución de una obra en Colombia. Parece caricaturizarlo. Lentitud ante la emergencia, burocracia excesiva que traba la eficacia de los trámites y corrupción. Hay un viejo dicho popular que reza “soldado advertido no muere en guerra”. Acá llevan advirtiéndonos la llegada de la segunda ola invernal desde que se acabó la primera. Y ojalá hubieran sido expertos: fueron los mismos políticos quienes nos lo dijeron. ¿El resultado? Cien obras apenas. Queda menos de un mes y es importante esta decisión del Gobierno para ejecutar las obras directamente. Lo único que esperamos, por el bien de todos, es que no sea demasiado tarde.

 

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