Entre el dolor y la rabia

Patricia Nieto, esposa de Sigifredo López el único que quedó con vida, relata sus angustias.

El próximo miércoles 18 de junio se cumple un año de uno de los episodios de barbarie más dramáticos en la convulsionada historia de Colombia: el asesinato en cautiverio de los 11 diputados del Valle del Cauca. Un dolor que sus familias aún lloran y que sumió en la angustia a la familia de Sigifredo López Tobón, el único que quedó con vida por encontrarse separado de sus compañeros en el momento de la masacre.

Han pasado seis años, dos meses y cuatro días desde aquel 11 de abril de 2002, cuando fueron sacados de la sede de la Asamblea del Valle, en el corazón de Cali. Desde entonces su esposa, Patricia Nieto, no logra conciliar el sueño, y aunque trata de mantener la calma, no puede evitar que las lágrimas empañen sus ojos al traer a su mente los recuerdos e imaginarlo en cautiverio. “Me cambió todo en segundos porque el proyecto de vida que tenía con Sigifredo quedó mutilado”, dice con la mirada perdida en el cielo, como clamando por su regreso.

Para ella sólo hay angustia e incertidumbre al sentir que está en manos de dos partes: Gobierno y guerrilla, que hasta el momento no han encontrado un punto de acuerdo para hacer realidad el milagro del intercambio humanitario. Hay momentos de debilidad que a veces aparecen y quieren arroparla, pero ella saca fuerzas de su corazón para seguir adelante en la lucha por el regreso de su esposo.

Esas mismas emociones son las que han hecho que les inculque a sus hijos tener un proyecto de vida, alejado de las limitaciones que están pasando por el secuestro de su padre y sin hacer nido en sus almas de odio y rencor hacia la guerrilla. Los dos jóvenes, Lucas Guillermo, de 20 años, y Sergio Alejandro, de 18, han vivido los años de adolescencia sin la guía del “viejo”, como cariñosamente solían llamarlo.

“Él es muy cálido y solidario con todo el mundo, pero principalmente con su familia”, dice Patricia Nieto, recordando que todas esas muestras de cariño a las que los tenía acostumbrados le quedaron de una dolorosa lección que le dio la vida: su padre, Guillermo López, fue asesinado cuando él apenas tenía 18 meses, en un intento de robo a la compra-venta de la que era propietario. “Debe estar muy frustrado por estar lejos de sus hijos, sin poderles dar todo ese amor que no pudo tener de su papá”.

La voz se le quiebra a Patricia Nieto, respira profundo y prosigue en su relato: “Él debe tener ese vacío y a la vez sentirse


impotente de no haber compartido la adolescencia con sus hijos... le robaron y le negaron la oportunidad de compartir ese tiempo con sus hijos”, agrega.

Ella ha tenido que cargar con la responsabilidad de sacar adelante su hogar, sobreponiéndose a las adversidades. Como cuando, a los seis meses del secuestro de su esposo, murió su padre. “Era un hombre diabético que cuando se inició el cautiverio de Sigifredo empezó a somatizar la enfermedad. Yo siento que si el secuestro no hubiera sucedido, mi papá estaría acá entre nosotros. Pero no es así y aún no puedo aceptarlo”, dice.

El 28 de junio del año pasado, cuando se conoció la noticia de la muerte de los 11 diputados, diez días después de los hechos, fue un golpe a la ilusión y la esperanza. “Fue sentir la muerte más de cerca y para mí, volver a revivir el triste momento que pasó con mi padre.

 Desde que sucedió el plagio, nosotros, los familiares de todos los diputados, hicimos una sola familia y ahora es demasiado triste pensar en eso”. Hoy recuerda también que las primeras horas, después de la noticia, fueron de incertidumbre y confusión de sentimientos cuando supo que su esposo seguía con vida pero sus amigos ya no.

Desde ese entonces sintió que la soledad se hizo su compañera y, con más rabia que otra cosa, tuvo que reconocer que las posiciones políticas del acuerdo humanitario tienen tan dividido al país que ella y los familiares de todos los secuestrados son vistos en muchos lugares como enemigos del Gobierno y el país, “sólo porque pedimos por la libertad de nuestros seres queridos y el cambio de posición del Presidente frente al acuerdo humanitario”.

Ha sido tal la situación, que después del asesinato, la Policía estuvo haciendo seguimiento a su familia, como parte de las labores de inteligencia para establecer si Sigifredo López podía pertenecer a las Farc, todo porque no murió junto a sus compañeros.

 “Hay algunos que no piensan en la víctima y lo que representa la vida de una persona”, dice con dolor y rabia a la vez. Entonces se llena de fuerzas y dignidad y con voz firme exclama: “Mientras Sigifredo siga secuestrado, no tendré límites para continuar luchando por su libertad”.

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