“Íngrid, bienvenida a casa”

A la espera de la llegada del nuevo símbolo de la libertad en Francia, un grupo de 100 personas estaba esperando a Íngrid Betancourt a la entrada del Elíseo. Vestidos con camisetas blancas y amarillas que resaltaban la frase “Íngrid libre” y “Bienvenida a Francia”, la ex secuestrada llegó al encuentro con periodistas, amigos cercanos y personajes de la política francesa.

“Están aquí presentes hombres y mujeres que todos estos años creyeron en la libertad de esta mujer. Francia te amaba mientras sufrías en la selva. Si hace algunas horas dijiste que amabas a nuestro país, Francia te quiere aún más, Íngrid Betancourt”, aseguró emocionado el presidente Nicolás Sarkozy.

Durante más de dos horas, Íngrid recordó los duros momentos de su secuestro, las largas e improvisadas caminatas que tuvo que soportar durante tantos años, y describió con mucho dolor la incertidumbre, pero también la emoción que sentía con el apoyo de tantas personas que la motivaban, a través de sus mensajes, a seguir adelante. “Gracias a las personas que transformaron su amor en organización, en movilizaciones concretas. Gracias a ustedes, el mundo supo que existíamos”, afirmó. Con timidez y picardía le pidió al presidente Sarkozy el favor de recibir a todos aquellos secuestrados en libertad o aquellos guerrilleros que abandonen del todo las armas para que continúen sus estudios en Francia, para que se preparen y terminen sus carreras. “Necesitamos a Sarkozy para lo que viene. Presidente, tendrá que volver otra vez a Colombia y hablar con Uribe, hágame ese otro favor”, exclamó con risas.

Sin afanes, Betancourt permanecerá con toda su familia varios días en Francia y aseguró estar presente para el famoso desfile del 14 de julio en la Plaza de la Concordia. El fin de semana visitará el hospital Val de Grâce, en donde se hará un chequeo médico.

En medio de este apoteósico recibimiento en París, se conoció que el papa Benedicto XVI recibirá a la ex rehén apenas su agenda se lo permita. El Papa envió un telegrama a Betancourt para expresar su felicidad de que la rescataran.

Miles de personas la esperaron en la Alcaldía Mayor de París para saludarla. Sin lugar a dudas, Íngrid se convirtió durante las últimas horas en una mujer que ha paralizado la cotidianidad francesa y que ha recibido los aplausos de todo un país que le da la bienvenida a la libertad.