‘Operación Jaque’, al detalle

<p>La Casa Blanca reconoció que desde su planificación supo de la acción para liberar a los 15 secuestrados. La infiltración fue la clave del éxito.</p>

La regla de oro fue el sigilo. Hace dos meses, cuando se evaluó por primera vez el plan de inteligencia militar, además del Presidente y el Ministro de Defensa, no más de tres oficiales lo conocían. La semana anterior, cuando ya estaba todo dispuesto, el grupo seleccionado para la operación no superó 15 personas. La información fundamental llevaba un año de ser procesada y actualizada, pero sólo faltaba la hora cero. El miércoles 2 de julio se consumó la estrategia de manera impecable.

El primer paso fue la infiltración de las Farc en sus frentes primero y séptimo. Gracias a ese contacto se pudo conocer la información del teléfono satelital de su comandante Gerardo Aguilar Ramírez, alias César. Y de paso, los datos clave de localización de los principales jefes del secretariado de las Farc. Es decir, en poco tiempo las Fuerzas Militares ya tenían reportes esenciales de los movimientos de las Farc en el Guaviare, complementarios a los que ya manejaba el Ejército desde un año atrás.

Entre tanto, un oficial de inteligencia y operaciones especiales comenzó a entrenarse en una tarea específica: oír una y otra vez la voz grabada del nuevo jefe de las Farc, Alfonso Cano, guardada en archivos de audio desde los tiempos de las negociaciones de paz en Tlaxcala (México) en 1992, con el propósito de imitar su entonación. Cuando logró su objetivo, haciendo uso de tecnología para combinar sonidos naturales de lugares inhóspitos, asistido por otros expertos de inteligencia, hicieron el primer contacto con César.

La recortada conversación dejó a César ante la evidencia de que debía preparar a un grupo de secuestrados para trasladarlos a otro lugar. Los informantes de la Fuerza Pública dieron cuenta que César se reunió con sus segundos, alias Asprilla y alias Gafas, para comentarles de la orden del líder máximo de las Farc. Inteligencia militar sabía que debía actuar con premura por si aparecía el verdadero Cano. En su favor, contaban las dificultades en materia de comunicaciones que hoy tiene la guerrilla de las Farc.

Entonces hubo dos conversaciones más, en las cuales el supuesto Cano expresó que en pocos días iba a arribar una misión humanitaria internacional y que esa era la razón esencial para mover a los secuestrados. A César no le quedó duda de que debía cumplir la orden y unificó en un campamento a 15 secuestrados. En ese momento, el Gobierno puso a circular la versión de que dos delegados de Francia y Suiza habían sido autorizados para adelantar diálogos para el acuerdo humanitario con Cano.

Mientras llegaba la hora cero, varios de los hombres escogidos se entrenaban en otra tarea adicional: con la asesoría de expertos lingüistas, ensayaban hablar en español pero con entonación de suizos y franceses. Al mismo tiempo, otros de los escogidos para el operativo practicaba la forma como debía reducir a los guerrilleros en el momento crucial de la acción. Se calculaba que la acción no debía durar más de 10 minutos, utilizando helicópteros rusos M-1 pintados de blanco y rojo, parecidos a los usados en las liberaciones de secuestrados en enero y febrero.

Lo demás es historia conocida. La operación duró 22 minutos y 13 segundos, y la demora tuvo que ver con la resistencia que algunos de los secuestrados hicieron a acatar la orden de subir encadenados al helicóptero, y un ligero debate entre los supuestos integrantes de la misión humanitaria y los guerrilleros, para que no más de dos subversivos abordaran la aeronave por exceso de peso. Una vez en el aire, el resto de la operación, aunque de sumo cuidado, ya era menor frente al logro alcanzado. A 2.500 pies de altura, los guerrilleros fueron controlados y se produjo la liberación.

Hasta ayer, era un asunto hecho y desarrollado en Colombia. No obstante, la portavoz de la Casa Blanca admitió ayer públicamente que Estados Unidos estuvo al tanto de la operación desde su etapa de planificación. Dana Perino indicó sobre el particular: “Hemos estado trabajando con ellos por largo tiempo”. A su vez, Silvestre Reyes, presidente del comité selecto permanente de inteligencia de la Cámara, reconoció que en tres viajes a Colombia dio apoyo en las fuerzas de inteligencia para reunir a los rehenes con sus familias.

Sin embargo, la portavoz del presidente Bush, sin inmiscuirse mucho en el tema, puntualizó: “Si los colombianos desean dar más detalles en términos de la información que fue proporcionada, en términos de inteligencia o ayuda operacional, dejemos a ellos decidir”. En otras palabras, la operación fue tan exitosa que quienes participaron en ella prefieren no salir a reivindicarla, con el fin de que los éxitos queden únicamente para las Fuerzas Militares de Colombia, que hoy son objeto de reconocimiento nacional e internacional.

 

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