‘Esto es un milagro de la Virgen’

La ex candidata presidencial se reunió con sus hijos, visitó a su padre y atendió a la prensa.

El deseo de libertad le dio la fuerza suficiente a Íngrid Betancourt para pasar su primera noche en vela. A las 3 de la mañana llegó a la casa de su madre, Yolanda Pulecio, en el barrio Rosales al norte de Bogotá. Estaba ansiosa porque llegaran las 7 de la mañana para ver a sus dos hijos Melanie y Lorenzo, después de seis años y cuatro meses.

Muy temprano salió de casa con ropa negra, casi a la medida, que su ex esposo Juan Carlos Lecompte le había llevado junto a otros encargos que la ex candidata le había hecho: un reloj de pulso que tenía en su apartamento y unas jugosas naranjas.

Tras un rato de espera a las 8:20 arribó el avión procedente de París. Íngrid subió unos minutos y luego bajó acompañada de sus hijos, su hermana Astrid, sus dos sobrinos y su ex esposo Fabrice Delloye. Ante las cámaras dijo que Melanie y Lorenzo estaban bellos, grandes “estoy feliz de sentirlos, de mirarlos, de tocarlos, tan diferentes. Me da pena pero me parece que son muy lindos... y a Dios gracias no se parecen a mí”, dijo mientras los besaba y abrazaba como si no lo creyera.

A Lorenzo lo vio “desgualetado”, pero supuso que esa es la moda y a su hija la describió como una mujer muy linda y llamó su atención que llevara puesto el cinturón que ella le había regalado.

“Estoy muy orgullosa de ellos porque crecieron solitos, dieron una batalla, sacaron recursos de su personalidad... La última vez que vi a mis hijos, Lorenzo era pequeñito y lo arrunchaba en la cama... son tantas cosas que quiero decirles…me siento como en el Nirvana, como en el paraíso”.

Ellos se convirtieron en su motor en la selva, la razón por la que decidió cuidarse sólo por tenerlos entre sus brazos. Su sueño se hizo realidad gracias a lo que define como el milagro.

Melanie agradeció a quienes le regresaron a su madre, “esto no fue un operativo militar, fue un operativo de inteligencia,


porque como dijo mi mamá, el rescate fue perfecto e impecable, no hubo ningún muerto y eso es absolutamente admirable”.

Esa salida maravillosa de la selva la llevará siempre en su corazón, “por la mañana estaba atada a un árbol y por la tarde ya estaba libre, eso jamás lo podré olvidar, cuando tenga 100 años con el pelo blanco lo seguiré recordando”.

Pero esa salida que ella describe como milagrosa había tenido un antecedente. Cuando su sobrino tenía sólo 4 años hizo un dibujo en el cual su tía quedaba en libertad, gracias a un helicóptero blanco que la sacaba del cautiverio. Hoy la familia recuerda el hecho como un acto premonitorio.

Momento de privacidad

Con su viaje a París, organizado para anoche, la agenda de la ex candidata estaba muy apretada. Por eso salió muy de prisa de Catam en la camioneta negra que la transportó acompañada de su familia. En otro carro viajaron sus ex maridos, Juan Carlos y Fabrice, donde conversaron por más de 30 minutos.

Hacia las 11 de la mañana la familia Betancourt llegó a la Funeraria Gaviria, al norte de Bogotá, donde reposan los restos mortales de su padre, el ex ministro Gabriel Betancourt, quien falleció mientras ella estaba en cautiverio.

Se reunieron en unos segundos íntimos de oración. Fue el momento cuando la recién liberada pudo sacar a flote el dolor de la muerte de su padre, de quien ya se encontraba enfermo cuando ella viajó al Caguán (Caquetá).

La tristeza que Íngrid sintió en esos momentos se conjugó con la sorpresa que se llevó a la salida del lugar. Una romería de gente se avanzó sobre ella para aplaudirla y felicitarla por haber sobrevivido. La gente quería abrazarla y besarla. “Tan linda que estás”, “gracias a Dios regresaste”, “niños, cuiden esa mamá tan maravillosa que tienen”, gritaban los curiosos en la calle.

La carrera contra el tiempo apenas comenzaba. La familia salió para el apartamento de doña Yolanda. Allí, Astrid Betancourt bajó del vehículo con una botella de champaña en la mano que mostró emocionada, porque era el comienzo de su celebración para la cual la familia sólo tenía escasas dos horas.

“Siento dos alivios: ver a mi hermana libre y saber que mi mamá no va a seguir sufriendo. Esto es un milagro, porque recuerdo que un día después del secuestro el comandante Fabián dijo que si en un año no se realizaba el acuerdo humanitario, iban a disponer de la vida de Íngrid”, dijo la hermana de la ex candidata.

“Mi papá nos enseñó que no se cae la hoja de un árbol sin la voluntad de Dios, por eso sucedió este bello milagro”. La reunión


del medio día fue un espacio para intercambiar regalos. Astrid le llevaba cremas y vitaminas para la belleza, además de unos huevos del Divino Niño de Praga para que la proteja.

Su mamá, doña Yolanda, contó que le entregaron “un anillo divino con el coliseo de Roma, que ya mi hija lleva puesto”.

Íngrid también traía recuerdos de la selva, de los cuales no comentaron detalles. Continuamente llegaban incontables ramos de todo tipo de flores. Eran políticos, amigos y gente del común que le daban la bienvenida.

La celebración terminó a la 1:30 de la tarde, porque Íngrid tenía una invitación a almorzar. De ahí salió para la Embajada de Francia donde ofreció una rueda de prensa a una multitud de periodistas.

Muchas preguntas fueron sobre su experiencia en cautiverio, otras de carácter político. Dijo que la reelección presidencial le parece un fenómeno interesante”, un tercer período, por qué no. Es un tema que me gusta y que tiene que poner a pensar a las Farc, sin que eso signifique que esté diciendo que voy a votar por el presidente Álvaro Uribe Vélez”.

La candidata está convencida de que el operativo es muestra de lo debilitadas que están las estructuras de esta guerrilla y espera que las Farc entiendan que este es el momento para liberar a los demás secuestrados.

“En cautiverio me convencí de que las Farc no querían hacer nada por el acuerdo humanitario... este tema ha perdido un poco de vigencia”. Pero no descartó la importancia de negociar.

Pero en su más reciente alocución en Colombia también se refirió a los rumores de su relación con el ex congresista Luis Eladio Pérez. Reconoció que es un buen amigo a quien le debe años de sufrimiento compartido.

El cautiverio la hizo más espiritual y llegó convencida de que los milagros existen así como la Virgen a quien se encomendó en todos estos años, sin importar si era la de Guadalupe o la de Fátima. “Quienes piensan que esas cosas son extrañas, lo respeto, pero pienso que lo que ocurrió no es una coincidencia. Hay que tener en cuenta que las relaciones con el presidente Hugo Chávez no estaban bien, por ejemplo, y aun así logramos salir de la selva”.

Por eso recibió con emoción la nota que le pasaron a la mesa donde le anunciaban que el Papa Benedicto XVI la recibiría en una audiencia la próxima semana.