¿Es viable propuesta de paz de Uribe?

La idea soltada por el Presidente a la medianoche del miércoles no significa un cambio de posición frente a la guerrilla.

En plena efervescencia por el éxito en el operativo de rescate de Íngrid Betancourt, los tres secuestrados estadounidenses y 11 policías y militares colombianos, el presidente Álvaro Uribe decidió tenderles la mano a las Farc al invitarlas a un proceso de paz. Aunque no dio mayores detalles sobre el tema, la idea parece más que un emotivo discurso de medianoche producto de la embriaguez del triunfo.

Uribe quiere pasar a la historia como el hombre que derrotó militarmente a las Farc —situación que no parece lejana, si se mantiene el ritmo de positivos del último año—, pero también sabe que con un Ejército a la ofensiva es más fácil presionarlas para que tomen la iniciativa de buscar la negociación. Y eso, en últimas, también sería un triunfo de la democracia sobre la violencia.

Por eso soltó la idea en un escenario lleno de alborozo ante la primera presentación pública de los 12 colombianos rescatados. En tono suave y conservando la pausa con la que relataba los detalles del operativo, aprovechó la alocución de la medianoche del miércoles para hacer su llamado a los subversivos: “La única factura que queremos pasar es la invitación a las Farc para que hagan la paz. Hemos mantenido siempre la disposición”.

Eso sí, aclaró a renglón seguido, que aún mantiene su inamovible: “Y que empiecen liberando a los secuestrados que aún permanecen en su poder”.

Resulta difícil pensar que Uribe retire dicha condición. La nueva correlación de fuerzas de la guerra parecería justificar su posición. Pero precisamente por no modificarla resulta normal que las Farc se mantengan en su rechazo a la misma. Uribe quiere la liberación de los soldados para dialogar y las Farc insisten en dialogar sobre la liberación de los secuestrados y luego sí sobre un eventual proceso de paz.

Así, mientras de un lado la propuesta presidencial puede ser vista como la última oportunidad que tienen los armados para salir de la guerra por la vía pacífica, por el otro puede partir de la premisa de que en su lógica guerrillera las Farc la rechazarán. No importa cuál sea el escenario adecuado, lo cierto es que Uribe no la lanzó sin pensarlo.

Lo que sí es claro es que la propuesta presidencial no es nueva ni distinta de las ya planteadas por Uribe, pero dada su condición actual de vencedor en el campo militar y político, le sirve para reforzarse como mandatario generoso con la débil contraparte.

¿Qué podría hacer que las Farc aceptaran la idea? En primer lugar, un proceso de reflexión real de la guerrilla sobre la inviabilidad de su lucha armada como estrategia para la consecución de las reformas que promueven. O, en segunda instancia, la desesperación ante el acoso militar del que son víctimas. Como las Farc no parecen inclinarse mucho por el cambio de estrategia de manera voluntaria, todo apunta a que terminarán haciéndolo cuando se estreche aún más el cerco.

La siguiente pregunta es qué van a negociar las Farc. Sin el poder militar de hace 10 años no pueden llegar con la misma prepotencia que tuvieron en los diálogos del Caguán, durante la administración del presidente Andres Pastrana. De hecho, algunos analistas creen que lo único que podrían discutir serían los términos de su dejación de armas, a usanza del desarme paramilitar.

Oficialmente las Farc no han contestado la propuesta de Uribe. La página web de la agencia de noticas Anncol, afín a ese grupo armado ilegal, divulgó un comunicado en el que acepta que el operativo militar de rescate fue impecable y hasta llama a los colombianos a levantar su voz en contra de la violencia. El mismo documento dice que quedan dudas sobre el papel de la comunidad internacional en la maniobra de rescate. Eso dice Anncol, que ya no parece tan bien informada como antes sobre lo que piensan las Farc.

Mientras tanto, Uribe continúa con la presión militar (o cerco humanitario, como lo llama él) a la zona en donde están los demás secuestrados. Por una vía o la otra, el Presidente parece más decidido que nunca a ponerle fin a la tarea que se impuso desde hace muchos años y que tantos problemas le ha granjeado: acabar con las Farc.