"Nos matan menos, pero nos demandan más"

La periodista habló sobre el proceso penal que enfrenta con Samper, dijo que él quiere, a través de un fallo judicial, limpiar su nombre.

Este lunes se llevará a cabo otro capítulo del pulso jurídico entre el expresidente Ernesto Samper y la analista política Claudia López, quien fue denunciada por una columna de opinión en la que sugería la responsabilidad del exmandatario en el asesinato de Elizabeth Montoya de Sarria, alias La Monita Retrechera, testigo clave del Proceso 8.000.

La investigadora de la Misión de Observación Electoral (MOE) habló con este diario sobre el trasfondo del proceso, el ámbito del periodismo de opinión y las proyecciones de las próximas elecciones. Para López, el resultado de este pleito determinará el rumbo del periodismo de opinión y el suyo como periodista.

¿En qué consiste la denuncia en su contra?

La excusa del expresidente Samper para entablar este proceso es una columna que yo escribí cuando  a Uribe se le ocurrió nombrarlo embajador en Francia. Eso desató una crisis diplomática enorme y revivió el debate del Proceso 8.000. Lo que pretende es que un fallo judicial le limpie el nombre y lo saque de la historia de mafia y política en Colombia, de la que inevitablemente forma parte. A él le precluyeron una investigación por “falta de pruebas”, pero la comisión ciudadana que le hizo seguimiento concluyó que ese proceso fue una farsa. Reconozco que el Congreso emitió un juicio político con efecto judicial y Samper quedó absuelto, pero el debate político no se puede silenciar. Lo que el señor Samper pretende es que no podamos dudar de su versión. La pregunta es si en política y en periodismo de opinión el debate está cerrado y si el señor lo puede cerrar con un manotazo en la mesa judicial. En un debate político sobre hechos de conocimiento público y controversial, como el Proceso 8.000, no puede un personaje imponer su versión. Ese derecho lo voy a defender hasta la muerte.

¿Se ratifica en los señalamientos que hizo en su columna?

Me ratificó. No le creo al presidente Samper que todo ocurrió a sus espaldas. No estoy obligada a creerle. Llevo seis años analizando la relación entre mafia y política y nunca he encontrado que una donación de $6 mil millones se haga sin ningún interés a cambio. Ahora, eso es difícil de comprobar , pero una cosa es el debate judicial y otra el político. Como dije en la columna: ¿Sabrá Dios si Samper tuvo algo que ver en la muerte de La Monita Retrechera?

¿Qué buscan al denunciar a los periodistas por sus artículos?

Dicen que quieren restituir su buen nombre, pero Samper no va a hacerlo aunque salgan diez fallos en su favor. Él busca que los periodistas nos agotemos, nos sintamos intimidados y nos autocensuremos. Uno de los temas críticos en Colombia, del cual no podemos dejar de hablar porque se ahogaría la democracia, es la relación entre mafia, violencia y política. Acá se quiere silenciar el ejercicio del periodismo.

¿Hasta dónde llega el ejercicio de la libertad de opinión?

Eso está establecido en el derecho. Como columnista no le puedo imputar a alguien un delito, ese es el límite. En materia de la supuesta honra, es discutible que mi columna busque afectar la de Samper. No le estoy imputando la autoridad intelectual o material de un delito, estoy diciendo que dudo. Por otro lado, en la jurisprudencia nacional e internacional está establecido que los hombres públicos y poderosos no pueden escudarse en el argumento de la honra para silenciar el debate público.

Usted salió de ‘El Tiempo’ por un artículo, ¿cree que los medios también están coartando la libertad de opinión?

De allá me echaron.  Roberto Pombo, el director, cometió, en mi opinión, un abuso de posición dominante. Él reaccionó con la indignación y con el poder, no con el periodismo, nunca pudieron explicar  cuál era la fuente de información del artículo que critiqué. No dijeron cuál era el criterio periodístico con el cual le pedían la renuncia a Andrés Felipe Arias por Agro Ingreso Seguro y no a Juan Manuel Santos por los falsos positivos.

¿Y en lo del tercer canal?

Ahí quedó en evidencia una preferencia familiar y política. Pero lo que más generó mi crítica fue la posición cada vez más sesgada frente al Gobierno para tratar de granjearse el tercer canal. Actuaron de una manera grotesca en defensa de sus intereses comerciales y económicos y no periodísticos. Y creyeron que con un manotazo y una echada iban a cerrar el debate, pero por el contrario se abrió más, porque los poderosos como el señor director de El Tiempo y el expresidente Samper tienen que entender que cuanto más abusen de su poder menos cierran los debates.

¿Lo que buscan es que los periodistas hablen sobre temas probados jurídicamente?

Es una locura. Los periodistas somos periodistas y no agentes del CTI. Si un periodista tiene que tener primero un fallo judicial nunca va a poder hacer denuncia. Seríamos reporteros de hechos certificados por la justicia.

¿Hay libertad de prensa en Colombia?

Cada vez más amenazada. Celebro que maten menos periodistas. Ahora nos matan menos, pero nos demandan más. El objetivo es la intimidación, o quitándole la vida o a través de los estrados judiciales.

¿Cómo ve el periodismo en el país?

Los periodistas colombianos tenemos una reputación de avezados, valientes y buenos investigadores. Nos la hemos ganado con rigor y con sangre. Pero lo que me preocupa es la falta de autorregulación frente a los conflictos de intereses que tienen los dueños de los medios. Ahí sí hay mucho camino por recorrer.

¿Cuál es su lectura sobre el proceso electoral que se avecina?

 Las elecciones van a ser un gran campo de batalla político porque las presidenciales implicaron un reequilibrio de las diferentes fuerzas. Es decir, los que creyeron que habían perdido hoy creen que ganaron y viceversa. Vamos a ver si se profundiza el santismo o el uribismo. En materia de partidos hay que ver si el reacomodo del Partido Liberal se ve reflejado en el renacimiento del poder regional; si el Partido Verde desaparece o se consolida como alternativa política de centro, pero pareciera que su visión es hacer más difícil las cosas fáciles e imposibles las difíciles. Por último, si el Polo se mantiene en el espacio político nacional continuando su carrera de ascenso o si van a retroceder a la representación en pequeños municipios.

¿Podremos  evitar la influencia de  grupos armados en elecciones?

Los bandidos quieren influir en la política sin importar el nombre que tengan. En eso no hay que llamarse a engaños, hay que prender todas las alertas y tomar todas las previsiones, pero creo que la gran amenaza para la democracia está hoy en nuestras manos: aplicar la reforma política en cuanto a sanciones a los partidos que no tengan responsabilidad en la entrega de avales, mejorar la transparencia en el manejo de dinero en las campañas. Además, hay dos factores que parecieran mitos intocables: la Fuerza Pública y los registradores. Usted puede hacer fraude electoral sin bandidos, pero no sin registradores, y no hay un solo registrador investigado, el máximo castigo es que los rotan. También está el aparato corrupto de la Fuerza Pública que ampara a criminales aliados con políticos, ningún ciudadano se va a atrever a denunciar a un político corrupto que esté amangualado con un bandido que es protegido por la Fuerza Pública.

La entrega de ayudas humanitarias por el invierno, ¿es un factor de riesgo?

Es riesgoso porque genera incentivos perversos, es mucha plata para invertir en tan poco tiempo y todo en medio del caos. El Gobierno nombró dos gerentes inmejorables como Jorge Londoño y Everardo Murillo, pero ellos no pueden ser los jefes de la veeduría. Es mejor invertir un peso para cuidar cien.

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