El pupitrazo ya es historia

Cerca de $12.000 millones fueron invertidos en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, donde sesiona la plenaria de la Cámara de Representantes, respetando las cualidades arquitectónicas republicanas del recinto.

Con el propósito de poner orden a las sesiones plenarias de la Cámara de Representantes, el Salón Elíptico del Capitolio Nacional recibió una inversión cercana a los $12.000 millones. Para muchos, una cifra que resulta exagerada, debido a la pobre imagen con que cuenta la corporación, de que las inversiones que se realizan en el Congreso resultan dirigidas a otros fines. Contrario a esto, el secretario general de la Cámara, Jesús Rodríguez, sostiene que “la adecuación funcional del recinto tiene como fin principal brindar transparencia y visibilidad a la labor legislativa”.

La meta es clara: dejar atrás las polémicas sesiones plenarias en las que los proyectos de ley y actos legislativos eran aprobados a pupitrazo, la asistencia se llevaba en ocasiones a punta de bolígrafo y los resultados de las votaciones no eran claros o el registro permanecía abierto durante varios minutos hasta que de alguna forma se lograba el apoyo suficiente para aprobar las iniciativas. Celebre es el episodio en el cual —aunque en esa ocasión fue en el Senado— el congresista Habib Merheg depositó un voto para la elección del procurador Alejandro Ordóñez, aun cuando estaba inhabilitado para hacerlo. Episodios como estos son los que se espera no vuelvan a ocurrir con la remodelación del Salón Elíptico.

Con la implementación del sistema DCN de la Casa Bosch, los representantes, al momento de la votación, lo harán a través de una pantalla touch que cuenta con identificador biométrico, con lo cual se garantiza que quien está sufragando es el parlamentario al que le está asignada la curul. Además, los ciudadanos tendrán acceso en línea a los resultados y podrán identificar si sus intereses están representados en los parlamentarios.

De igual forma sucederá con la asistencia, uno de los principales dolores de cabeza de las mesas directivas y motivo de críticas constantes contra el Congreso, pues para los ciudadanos resultan un referente las constantes ausencias de los parlamentarios a las sesiones, que en ocasiones se levantan por falta de quórum.

Otro de los factores que sobresalen en la implementación tecnológica es el orden que tendrán las sesiones plenarias, algo que resultaba un dolor de cabeza para las mesas directivas, en especial para el presidente de la Cámara. Cuando se presentaban debates, críticas e interpelaciones, resultaba casi imposible controlar el tiempo que tardaban los congresistas exponiendo sus argumentos. Ahora el tiempo será programado con anticipación y al cumplirse se cerrará el micrófono. De igual forma las cámaras, que están conectadas a la página web y al Canal Congreso, se activarán automáticamente con dirección a la curul en la cual se esté realizando una intervención.

Y como la tecnología tiende a desplazar, no sólo serán los camarógrafos los que pasarán a segundo plano, el trabajo de los relatores será más fácil y en un futuro se contará con un software para la transcripción de las sesiones. El papel nuevamente será reemplazado, la Gaceta del Congreso entrarán en la era digital y ahora los representantes podrán consultarla en las pantallas de su curul y la inversión en impresión de estos documentos, que ascendía a $800 millones anuales, se reducirá sustancialmente, pues sólo serán físicas las que son enviadas a bibliotecas, hemerotecas y centros de documentación, de acuerdo con la ley.

En el marco de esta obra de adecuación funcional se respetó el patrimonio arquitectónico del Elíptico, considerado como obra insignia del período republicano en Colombia y uno de los edificios de mayor valor arquitectónico de Bogotá. Por eso el Ministerio de Cultura hizo acompañamiento constante a esta obra, que inició su construcción a mediados del Siglo XIX y que ahora debe adecuarse a los avances que han llegado con la tecnología del Siglo XXI.

La remodelación también implica que el Elíptico dejará de ser el templo de despedida de los personajes ilustres del país. La velación en cámara ardiente que se realizaba en este recinto ahora será trasladada al Salón Boyacá, también en el Capitolio Nacional.

La inversión está hecha y en términos económicos implica que se gastaron más de $70 millones por cada parlamentario que tiene asiento en la Cámara de Representantes. Ahora se espera que se convierta en una herramienta para erradicar algunas malas prácticas políticas y garantizar la transparencia y visibilidad de la corporación.

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