Augusto Ramírez Ocampo, un batallador de la paz

A los 77 años, por una afección cardiaca, falleció en Bogotá el líder conservador, exconstituyente y excanciller de la República.

Con él se va también un decidido buscados de la paz en Colombia, como quiera que desde los años 80 fue un activo animador de las instancias de diálogo con los grupos insurgentes, cumpliendo una abnegada labor como representante de la sociedad civil en diversos procesos de acercamiento entre el Estado y la guerrilla.

Pero la vinculación de Ramírez Ocampo a la vida pública corresponde a una herencia política. Su padre, Augusto Ramírez Moreno, fue uno de los más destacados congresistas de los años 40 y 50, al punto que formó parte del denominado grupo ‘Los Leopardos’, que hizo época por su capacidad oratoria en el Poder Legislativo. Junto a Silvio Villegas o Eliseo Arango, entre otros, Ramírez Moreno protagonizó un momento candente de la política partidista, y uno de los principales aprendices fue precisamente su hijo, Augusto Ramírez Ocampo.

Sin embargo, desde su proyección en la vida pública, Ramírez Ocampo tomó partido por el tema de la negociación política para ponerle fin al conflicto armado en Colombia, y producto de esta convicción personal, se convirtió en uno de los baluartes de las políticas de paz del dirigente conservador Belisario Betancur. Por eso, cuando Betancur accedió a la Presidencia de la República en 1982, rápidamente Ramírez Ocampo se convirtió en uno de los artífices del nuevo gobierno.

La prueba es que ese mismo 1982, el presidente Betancur lo designó como alcalde mayor de Bogotá, cargo que desempeñó hasta 1984 y que le permitió poner en marcha una de las expresiones más representativas de la ciudad: las ciclovías. De igual modo, bajo su gestión cobró forma la Avenida Circunvalar que descongestionó el tráfico vehicular en el oriente de la ciudad y que proyectó a Ramírez Ocampo como un urbanista con sentido social, como fue siempre el tono de su discurso y de su quehacer como hombre público.

Posteriormente, Ramírez Ocampo pasó a ser canciller de la República, cargo desde el cual apoyó las iniciativas del presidente Betancur para impulsar una paz duradera en Centroamérica, al mismo tiempo que diseñó una estrategia para posicionar ante el mundo la idea de que en Colombia podía llevarse a cabo una negociación de paz con la insurgencia, que precisamente fue el denominador común de la era Betancur, así sus esfuerzos de paz, particularmente con el M-19 hubiesen terminado de manera trágica durante el infortunado episodio del holocausto del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Al concluir el gobierno Betancur, su canciller Ramírez Ocampo continuó vinculado al escenario internacional, al punto de que llegó a ser el representante especial de las Naciones Unidas para el proceso de paz que tuvo lugar en la República de Salvador, y en virtud de tal misión, supervisó la aplicación de 178 acuerdos realizados en este país centroamericano. Pero no fue su única intervención en el campo internacional. Así mismo, cumplió labores como representante de la OEA en Haití o como consejero para la cultura de paz en la Unesco.

A pesar de su exitosa gestión diplomática, Ramírez Ocampo no se desprendió de Colombia. La prueba es que durante los años de gobierno del presidente Virgilio Barco, fue un permanente animador de los espacios que se fueron abriendo para conservar la idea de llegar al fin del conflicto armado por la vía política. Y una de esas instancias fue la que labró el camino hacia la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, que reformó la centenaria carta política de 1886. Ramírez Ocampo ocupó una de las curules de esa constituyente.

Pero no se limitó a ser un delegatario más. Tras la sanción de la Constitución en julio de 1991, Ramírez Ocampo, junto a otros delegatarios, constituyó el centro de Estudios Constitucionales Plural, para mantener vivo el espíritu de la nueva Carta Política y garantizar que en el Congreso de la república y otras instancias legales cobrara vida como expresión de una democracia renovada. Plural fue además la base de otras instancias de discusión pública para que la sociedad colombiana contemplara la posibilidad de avanzar hacia el Estado Social de Derecho.

Esta vocación por la paz permitió a Ramírez Ocampo integrar la Comisión de Conciliación Nacional y la Comisión Facilitadora Civil, entre otras expresiones democráticas que se crearon a mediados de los años 90, para mantener viva la ilusión del diálogo político por encima de las diferencias ideológicas. Por eso Ramírez Ocampo estuvo presente en cuanto intento de paz hubo con las Farc y el ELN en tiempo de Ernesto Samper y también apoyó decididamente los esfuerzos de paz del expresidente Andrés Pastrana en la zona de distención en el Caquetá.

Durante los últimos tiempos, sin renunciar a sus dotes de catedrático, así como permanente impulsor de movimientos de sociedad civil, se mantuvo algo alejado y crítico del gobierno Uribe y su manera de encarar la solución del conflicto colombiano y las relaciones diplomáticas, pero recientemente había vuelto a manifestar su interés por el rumbo de los acontecimientos políticos, al punto que se le vio animado por la reciente expedición de la ley víctimas. La muerte lo sorprendió, a sus 77 años, pero deja una vasta obra personal que siempre será recordada. Paz en su tumba.

Temas relacionados

 

últimas noticias