Juan Carlos Echeverry, el catedrático

Hace un año declinó su aspiración a la Alcaldía de Bogotá para sumarse a la campaña de Juan Manuel Santos.

En la Universidad de los Andes es famosa la cátedra de Pobreza y Riqueza. Muchos de quienes pasan por esta materia salen convencidos de que su visión del país cambió a partir de las enseñanzas de Juan Carlos Echeverry, el docente encargado de dictarla y quien el pasado lunes fue nombrado nuevo Ministro de Hacienda por el presidente electo, Juan Manuel Santos.

“El profesor tiene la capacidad de brindar una perspectiva diferente de la economía, muy distinta a la que pueden dar otros docentes. Le da un enfoque político, que es único”, explica Andrés Hoyos, estudiante de Economía de los Andes, quien admite que si hay algo que no soporta Echeverry es que no les presten atención a sus clases.

Un  detalle que refleja la personalidad del bogotano que será el responsable de las finanzas del país, a partir del 7 de agosto: es disciplinado, meticuloso, pero por sobre todas las cosas “se caracteriza por ser apasionando por lo que hace, y por eso es exitoso”, como asegura Alejandro Gaviria, decano de Economía de la Universidad de los Andes, un lugar clave en la vida de Echeverry, pues fue allí donde se graduó como economista en 1983 y donde trabajó como decano y profesor.

También es Ph. D. en Economía, de New York University, tiene estudios en Economía Internacional en el Instituto de Economía Mundial, en Alemania, y de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

Su hoja de vida es un compendio de labores en diferentes posiciones y en múltiples regiones. Ha sido asesor del proceso de desarrollo de África, asesor del Gobierno de Kazakhstan en temas de inversión pública y presupuesto, representante en Colombia de la consultora Latin Source-Global Source, una firma con sede en Nueva York, y que cubre nueve países de América Latina, al igual que China, Rusia y Turquía, analista de CNN en Español, columnista de El Tiempo y director de Programación Macroeconómica e Inflación del Banco de la República, entre muchos otros cargos.

Pero más allá de estas posiciones, Echeverry Garzón se dio a conocer públicamente por su paso por el Departamento Nacional de Planeación, del que fue subdirector y director durante el gobierno de Andrés Pastrana. Estando en esa institución, compartió gabinete con Juan Manuel Santos, entonces ministro de Hacienda, con quien desarrolló diversas reformas que le permitieron al país salir de su peor crisis en 70 años.

En el mundo de los números conoció a su colega Verónica Navas, con quien está casado hace seis años. “Me enteré de su designación como ministro media hora antes de que se hiciera oficial. Andaba en una conferencia de JP Morgan y lo único que hice fue gritar”, relata esta economista, quien enfatiza en el amor de Echeverry por sus hijos: Gabriel y Gregorio, de cuatro y dos años, respectivamente. Para el segundo semestre esperan a su tercer hijo, se trata de una niña, a la que todavía no le han puesto nombre.

Además de su cónyuge, Navas es socia del nuevo minhacienda en EConcept, una consultora en la que también participa el subdirector de Planeación Nacional, Andrés Escobar.

Su amor filial es genético. Echeverry es el séptimo y último hijo de una familia donde la unión es el denominador común. Su abuelo era de Rionegro (Antioquia), pero sus padres se establecieron en los Llanos Orientales, a pesar de tener orígenes en Villahermosa (Tolima) y Ubaté (Cundinamarca).

Fiel a los orígenes antioqueños de su familia, Echeverry se sabe de memoria varios de los discursos del dirigente conservador caldense Gilberto Alzate Avendaño.

En el ambiente laboral es visto como un hombre “sencillo y muy humano, que le conoce el nombre a cada uno de los empleados, saludándolos con total desprevención”, como comenta Rebeca Montoya, secretaria de los Andes, que lo conoce hace cerca de 30 años. Es amante de la balada en español de los años 70, pero no le gusta que la denominen música de “plancha”.

 Quienes lo conocen coinciden en afirmar que es consciente de que tendrá en sus manos la resolución de dos de los grandes retos del Gobierno Santos: ajustar las finanzas públicas de manera estructural y mejorar el mercado laboral. Al fin y al cabo, desde muy joven se estaba preparando para ser Ministro de Hacienda.