El Canciller nunca estuvo de acuerdo con la reelección

En entrevista con <b>El Espectador</b>, Jaime Bermúdez reconoce que tuvo equivocaciones y que se va preocupado por la ambigüedad de Suramérica frente a las Farc.

Ha pasado un día desde que presentó su renuncia, como el resto de ministros del gabinete del presidente Álvaro Uribe. Está más tranquilo, sonríe y se le han esfumado unas ojeras marcadas, con las que se le vio incontables veces en estos dos años.

En términos relativos, ha sido una buena semana. El jueves de la semana pasada, en el avión que lo devolvía de Quito, luego de una acalorada cumbre de cancilleres de Unasur, lucía sereno, relajado, luego de lograr que los ministros de Exteriores de la región accedieran a definir un mecanismo de cooperación eficaz para combatir a la guerrilla en toda la región (Venezuela lo rechazó).

Ha sido una buena semana. Recibe a El Espectador sonriente y con gripa:

— El abrazo de Maduro —bromea, y se sienta a revisar lo acontecido en estos dos años de angustias; dos de los años más difíciles para la política exterior colombiana.

¿Se imaginó, cuando dejó la embajada de Argentina en junio de 2008, que le iba a tocar tan duro?

¡No! Nunca me imaginé ser canciller ni las circunstancias en las que me tocó.

¿En qué momento se vio usted en el mayor aprieto?, ¿hubo alguna situación en la que tuviera que agarrarse al rosario?

Sin duda esta reunión que acaba de pasar de Unasur, en Quito, no era fácil. Incluso pensé, y lo habíamos hablado con el Presidente, que Colombia se levantaría de la mesa si no lográbamos un mecanismo de cooperación eficaz. Obviamente, los distintos momentos de la Cumbre de Bariloche (agosto, 2009, discusión del acuerdo con EE.UU.) también fueron momentos duros, álgidos.

Con respecto a Venezuela, ¿qué le faltó a la diplomacia colombiana para lograr la cooperación de Caracas?

Por parte del gobierno de Venezuela hay una visión equivocada de los fundamentos de la democracia. Y hay una ambigüedad frente a la necesidad de no permitirle a ningún grupo criminal actividad alguna: física o política. En otras regiones, como en Europa, hay diferencias ideológicas de fondo, de idioma, de tradiciones, de cultura, pero no se discute sobre los fundamentos de la democracia. Eso es un ejemplo para Latinoamérica y para la región.

No me respondió. ¿Por qué no fuimos capaces de que el gobierno Chávez ayudara en la lucha contra la guerrilla?

El pueblo venezolano y el mundo entero deben saber que aquí no se está jugando simplemente con personas que tienen buenas intenciones y buenas propuestas. Cuando hablamos de grupos como las Farc o el Eln, sabemos que lo que les interesa es la plata del narcotráfico, el control del territorio, el control político y para conseguirlo pasan por encima de cualquier persona, asesinando niños y mujeres, secuestrando, matando, haciendo masacres. Y la ambigüedad frente a estos grupos es lo que lleva a que acaben con sociedades enteras. Colombia lo ha sufrido y sabe en carne propia lo que eso significa. Por eso nos angustia que se vean afectadas las sociedades de aquellos lugares donde no hay una actitud decidida para combatirlos o capturarlos o la voluntad política para no dejarse engañar por ellos.

Es decir que Venezuela no cooperará hasta que no sienta los costos reales de no actuar ante la ilegalidad...

Aspiro a que no sea así. Espero que los países del mundo y de la región se den cuenta de lo que implica esto. De que el precio de la ambigüedad, que lo pagó Colombia por muchos años, es el precio de vidas humanas, y de que estos grupos solamente se sientan a negociar cuando sienten el peso y el rigor de la justicia, de la autoridad legítima acompañada por el respaldo popular. Sólo ahí se decide negociar en serio, porque es que el objetivo de este gobierno no ha sido el exterminio, ha sido combatirlos mientras subsistan sus actos de terror.

En las cumbres con dignatarios de la región, ¿se sintió solo?, ¿fueron ambientes hostiles?

Hay gente que le dice a uno que Colombia está aislada. Yo no creo eso. En el tema del acuerdo de cooperación con Estados Unidos y de la relación con Venezuela encontramos ambigüedad en la región, encontramos unas posiciones que nosotros no compartimos en muchos casos. Pero creo que Colombia incluso en las relaciones con la región dio pasos importantes.

Frente al acuerdo con Estados Unidos, ¿haría las cosas distintas si tuviera la posibilidad de volver al pasado?

Sí. Aunque hay dos consideraciones: primero, el que no quiere oír, no va a oír. Y así lo hubiéramos explicado desde el principio, lo iban a utilizar para sus propósitos políticos. Porque aquí hay un sesgo ideológico claro. Segundo, a nosotros nos faltó como Gobierno tener una estrategia más consistente, y creo que en ocasiones distintas instancias del Gobierno utilizaron un mensaje ambiguo que generó esa sensación. Y cuando dimos papaya, ya fue demasiado tarde.

Usted es un duro en estrategias de comunicación, cuando repasa aquellos días de crisis, ¿qué se le ocurre?

Nos faltó —incluso antes de empezar la negociación— haber hecho un trabajo mucho más consistente de preparación, de ambientación y de explicación, y haber sido capaces de definir los términos del debate. Nos equivocamos en no haber anticipado los escenarios, haber usado el lenguaje adecuado y permitir que algunas entidades usaran un lenguaje que desorientara.

¿Cómo dio papaya Colombia?

En ocasiones se habló de esa cooperación como si se tratara de algo particularmente extraordinario, nuevo, que le daría un vuelco a la capacidad tecnológica del país. Cuando se habló del acceso a siete bases se transmitió la sensación de que aquí iba a haber una omnipresencia militar de los Estados Unidos, cuando no era así.

En todo caso, la crisis de estos dos años ha sido pesada, para todos, ¿nunca pensó en botar la toalla?

La verdad, no. Sí sentí muchas angustias, mucha preocupación. Uno se levantaba preguntándose si estaba haciendo lo correcto. Tener la responsabilidad de tomar decisiones por un país, de representar a un país y equivocarse a nombre del país es un peso muy grande.

Aunque dicen que usted consideró renunciar si había una segunda reelección...

Cuando el Presidente me ofreció la Cancillería, le dije que le tenía gratitud y aprecio y que contara conmigo porque me la iba a jugar a fondo, pero que yo no estaba de acuerdo con la segunda reelección.

¿Alguna vez chocó con el Presidente?

En él siempre he tenido un interlocutor de mucho fondo. Es un combatiente intelectual. Uno no puede llegar a su oficina a soltarle una idea sin argumentación: se la destruye en un segundo. En muchas ocasiones nos sentábamos a analizar, y por supuesto él tenía consideraciones o yo tenía otras. Le doy un ejemplo: la semana pasada, después de mirar los acontecimientos, me levanté con la idea de que Colombia no debería ir a Unasur. Lo consulté con el Presidente, y estuvo de acuerdo. Pero después de muchas consultas, pensé que lo mejor era ir. Y regresé adonde el Presidente y él estuvo de acuerdo en que fuéramos.

¿Nunca se sintió solo en las Cumbres?

Jamás. Entre otras cosas porque el Presidente nunca lo deja a usted colgado de la brocha, nunca elude una responsabilidad o salva el pellejo y lo deja a usted en el aire. En eso, el Presidente es alguien en quien uno puede confiar hasta el último momento.

Cambiando de tema, usted se le midió a montar una súper misión de expertos que examinaran su gestión, la de sus antecesores y la política exterior colombiana, ¿fue difícil tomar esa decisión?

Bueno, el país había experimentado discusiones de fondo con misiones de diversos contenidos. Me pareció que era importante generar escenarios donde la política exterior tuviera mayor peso, independientemente del costo político que implicara para el canciller de turno.

¿Siente orgullo por los resultados?

Yo tengo frente a la misión varias consideraciones. Primero, el ejercicio fue muy importante, muy útil y muy serio. Segundo, haber contado con expertos internaciones, incluyendo a Tony Blair. Tercero, hay insumos muy valiosos. Cuarto, hay consideraciones y recomendaciones y análisis de la misión que no comparto y que el gobierno tampoco. Y por eso es que la misión no es vinculante.

¿En qué discrepa con la misión?

No comparto que la política exterior de Colombia está en crisis o que el país se ha aislado internacionalmente o que hay que distanciarse de los Estados Unidos. Ellos son un aliado estratégico y lo han sido y tienen que seguirlo siendo. Ningún país como  Estados Unidos ha cooperado tanto en la guerra contra las drogas y el terrorismo, además, es nuestro primer socio comercial. Uno no puede hacer una agenda política atacando a los amigos, sino buscando nuevas oportunidades preservando los amigos.

La misión también recomendó profesionalizar el servicio diplomático...

Mire. Cuando usted hace un barrido en los nombramientos (en embajadas), éstos son de lujo. Además, pasamos de tener en 2002 el 42% de personas de carrera en planta externa a tener el 60%.

¿Qué va a hacer la próxima semana?

 Tengo dos cosas claras y el resto muy confusas. Me quedo en Bogotá, no me voy a ningún cargo público ni privado en el exterior. También necesito buscar puesto en el sector privado. Estoy viendo opciones para temas de inversión, de negocios en la región. Vamos a ver si logro concretar cosas…

Si tuviera que darle un consejo a la canciller María Ángela Holguín...

Ninguno. Ella tiene toda la preparación, fue embajadora en Caracas, en Nueva York, fue viceministra, es preparada, inteligente. Ya hicimos el empalme. Lo que le deseo es suerte.

 

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