Las andanzas de ‘El Tuso’

En septiembre de 2002, las autoridades empezaron a hablar con  insistencia de Juan Carlos Sierra, alias El Tuso. Se decía que este hombre estaba en la mira de Estados Unidos y que tenían pruebas contundentes de que era un gran capo del narcotráfico.

Así, poco a poco, se fue construyendo un voluminoso expediente sobre este personaje, que desde los años 90, meses después de la muerte de Pablo Escobar, se dio a conocer por ser mano derecha de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna.

Se dice que El Tuso empezó como la mayoría de los sicarios y capos de la mafia en Antioquia: robando carros y comprando y vendiendo armas en el mercado negro. Se crió en un barrio popular en Andes (Antioquia), y la miseria y la violencia le sirvieron como excusa para convertirse en un delincuente. Fue uno de los protegidos de Diego Murillo y, por tanto, su base de operaciones se concentró en la llamada oficina de Envigado, un sitio desde donde se manejaba, y se maneja aún, una reconocida banda de crimen organizado, cuya cabeza era el mismo y temido Don Berna.

Luego de la muerte de Escobar, Murillo afianzó las relaciones con las autodefensas y no pasó mucho tiempo para que Carlos Castaño y El Tuso se convirtieran en amigos. Pero éste último no era reconocido como jefe paramilitar. Por eso, cuando en 2004 apareció en la mesa de Ralito, muchos se sorprendieron de verlo como vocero ante el Gobierno. Uno de los que reaccionó fue el propio presidente Uribe, quien dijo que Sierra era un narcotraficante puro. Se dijo que esta declaración presidencial originó un fuerte enfrentamiento con Don Berna.

En medio de esta pelea, trascendió que El Tuso había ‘comprado’ el bloque Héroes de Granada por $3.000 millones. El dinero, se dijo, lo habría recibido Don Berna. Pero su protegido fue extraditado a Estados Unidos el 13 de mayo pasado para enfrentar cargos por narcotráfico ante una corte en Washington, donde sólo recibe una hora de sol a la semana.

La afición de ‘El Tuso’ por el fútbol

Muy pocas aficiones tenía Juan Carlos Sierra. Pero la que inclusive hacía que cancelara sus reuniones de negocios era el fútbol. Con cierta frecuencia organizaba partidos en una cancha que mandó a diseñar en una de sus fincas del nordeste antioqueño.

No era raro, tampoco, verlo en el estadio Atanasio Girardot ni que hiciera grandes reuniones para ver por televisión un partido internacional.

Tenía una colección de camisetas de sus equipos preferidos, especialmente de El Nacional de Medellín, así como guayos y balones de fútbol. “Siempre jugaban sus escoltas, que eran muchos y tenían la orden de que ni siquiera en la cancha podían dejar sus armas. O sea, los tipos jugaban con los pies, pero con los ojos puestos en los fierros”, dijo una fuente. El propio Tuso jugaba algunos minutos, “pero no duraba mucho en la cancha porque estaba muy gordo”, aseguró la fuente, quien dijo que Juan Carlos Sierra siempre amenazaba con que iba a hacer dieta, pero nunca logró bajar de peso.