De comisiones de notables, congresitos y otras especies

El Gobierno anuncia que está próximo a definir los nombres de la comisión de estudio de reforma constitucional. Ya se habla de que todo apunta a un revolcón a la justicia.

De comisiones de notables está llena la historia de Colombia. Y en cada crisis se suele invocar como la fórmula perfecta para restablecer la normalidad institucional. Por eso, en estos tiempos de polarización, no podía faltar este recurso extraordinario. Sólo que esta vez, su intención tiene norte propio: salirle adelante a la reforma política que hace curso en el Senado y promover un revolcón constitucional que le otorgue legitimidad pública a una agenda política, hoy difícil de tramitar por las tensas relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Ya se veía venir. Al gobierno Uribe Vélez nunca le gustó la reforma de la ‘silla vacía’ y el aumento del umbral, no sólo porque la pérdida masiva de curules afectaba principalmente a los partidos de su alianza, sino porque representaba un velado triunfo de la oposición. Con la comisión de notables se libra de un desgastador debate con la clase política, deja en manos de un ‘Olimpo’ de expertos la responsabilidad de proponer temas de controversia y, por independiente que sea, queda con licencia para tirarle línea al grupo de sabios.

Por eso, de antemano, no se necesitan dotes de adivino para vaticinar que, entre las sugerencias  de la comisión de notables anunciada por el Gobierno, no van a faltar varios puntos del fracasado referendo de 2003, especialmente la recurrente intención de penalizar de nuevo el consumo de la dosis personal de droga y el espinoso asunto que llegó a intuirse en la semana previa a la actual legislatura del Congreso, pero que en los círculos políticos se sabe que tarde o temprano terminará abriéndose paso: una profunda reforma a la justicia.

De hecho, en 2002, cuando apenas iniciaba la era Uribe, el entonces ministro del Interior, Fernando Londoño Hoyos, alcanzó a ventilar un proyecto para reformar la Justicia que significaba modificar 23 artículos de la Constitución. Finalmente, en el afán de sacar adelante el referendo y otras leyes, pero también en el propósito de atajar los ‘goles’ que la oposición le acomodó en la Reforma Política de 2003, terminó por congelar la iniciativa. Lejos estaba el país de imaginar que tres años después, Gobierno y Corte Suprema se iban a trenzar en una disputa histórica.

En octubre de 2007, cuando la pugna Gobierno-Corte Suprema llegó a su punto más alto por el caso Tasmania –aún sin solución en la Fiscalía–, el presidente Uribe, en su arremetida contra el entonces presidente del Alto Tribunal, César Julio Valencia, volvió a hablar de la necesidad de una reforma a la justicia e incluso sostuvo que en Colombia también había clientelismo judicial. En los primeros días de marzo de 2008, se conoció que el ministro del Interior, Carlos Holguín, estaba trabajando un proyecto sobre inhabilidades para los magistrados. Tampoco se presentó.


Con estos antecedentes, sumados al debate sobre la conveniencia o legitimidad de separar las funciones de instrucción y juzgamiento en casos de única instancia en la Corte Suprema de Justicia, no cabe duda de que uno de los aportes de la comisión de notables será promover una reforma a la justicia. Tema por lo demás neurálgico en los últimos 30 años en Colombia. Cabe recordar que la fracasada miniconstituyente de Alfonso López Michelsen era especialmente una reforma al Poder Judicial, y que los grandes cambios de la Constitución del 91 fueron a la justicia.

¿Dejará de existir?

El segundo capítulo que se abre con la comisión de notables tiene que ver directamente con la Constitución de 1991 que, definitivamente desde su nacimiento ha tenido más detractores que defensores. No sólo el Congreso que la precedió fue apático a reglamentar muchos de sus puntos, sino que a lo largo de los últimos 17 años ha sido objeto de toda clase de retoques. En total, en cuatro gobiernos, el último reelegido, ha tenido 26 reformas y más de 50 artículos han sido modificados. En otras palabras, el texto de hoy es muy distinto al que sancionaron los delegatarios de 1991.

Por eso, tampoco es difícil predecir que, de prosperar las propuestas de los notables, la Carta Política del 91 será sometida a una fuerte reingeniería. De cierta manera, en la historia de Colombia, cambiar la Constitución ha sido una especie de deporte nacional y no extraña que esta vez quieran convertirla en la salida a la crisis política. ¿Hasta qué punto? Cuando empezó la redada de la parapolítica, no faltó quien propusiera una Asamblea Nacional Constituyente. Tampoco es raro que en estas vueltas de notables, el país termine envuelto en un escenario de esta naturaleza.

De cualquier modo, la sensación que hoy existe en el país político es que el Gobierno no quiere desgastar más su gobernabilidad en una irreconciliable puja con la oposición en el Congreso, y la fórmula perfecta para no inmiscuirse en asuntos de ‘sillas vacías’, aumentos de umbrales o listas múltiples, es avalar a un grupo de expertos que propongan proyectos de ley y de actos legislativos para que los discuta el Parlamento. De paso, alivia la tensión política y pone a los colombianos a botar corriente sobre constitucionalidad, obviamente sin descartar la segunda reelección.

De hecho, ya arrancó el cruce de opiniones. El ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus precisó que lo que más le gusta es que finalmente el Presidente está reconociendo la gravedad de la crisis que afecta al Congreso, aunque la comisión propuesta no genera un acuerdo nacional para que no se repitan alianzas entre políticos e ilegales. A su vez, el senador del Polo Democrático Jorge Enrique Robledo resumió en una frase su total oposición: “Apuesto mi credencial a que serán los amigos de Álvaro Uribe Vélez quienes la conformarán”.

Lo cierto es que el Primer Mandatario ya sacó el as que tenía guardado debajo de la manga y que ya suenan los primeros nombres para integrar la comisión de notables. Y en este punto se va a dar la primera pelea: ¿Sólo el Gobierno propondrá nombres? ¿La academia, la clase política o la sociedad civil podrán hacerlo? De cualquier manera, lo que salga de la comisión de notables, bueno, regular o malo –salvo que haya un esguince constituyente–, terminará en el Congreso y nuevamente el país quedará sometido a la pelea por las mayorías o la opción del consenso.