De: Presidencia, para: los periodistas

Un manual de redacción será ‘donado’ por la Presidencia a las facultades de comunicación del país. Estudiantes y docentes ven este ‘regalo’ una iniciativa tonta pero no inocente. La Secretaría de Prensa de la Casa de Nariño lleva tres meses elaborándolo.

La Secretaría de Prensa de la Presidencia de la República está elaborando un manual de redacción para unificar los contenidos periodísticos de sus colaboradores. Hasta allí todo es absolutamente normal. Pero que dicho trabajo vaya a ser entregado como un regalo para periodistas de diferentes medios de comunicación y a facultades de comunicación social y periodismo en todo el país, esa es una idea que escandaliza a más de uno.

El texto de dicho manual, que quedará listo esta semana, ha sido descrito en los pasillos de la Casa de Nariño como “una guía de forma en cuanto al uso correcto de comas, números, mayúsculas y minúsculas, pero con cero carga editorial”. Tanto así que es catalogado como “no marca Álvaro Uribe, sino Gobierno Nacional”.

Pero curiosamente una de las reglas establecidas dice que la palabra ‘patria’, tan constante en los discursos del Primer Mandatario, deberá escribirse con mayúscula (‘Patria’). El argumento es que según los eruditos de la escritura en el país, las palabras ‘Nación’, ‘Gobierno’ y ‘Patria’ deben ser escritos de esta manera cuando se trata de ‘Colombia’.

Lo cierto es que el manual de estilo de la Oficina de Prensa de Palacio ya ha comenzado a generar polémica, no por el hecho de que ‘patria’ vaya o no con mayúscula, sino por la intención de regar dicha ‘directriz’ en las facultades de comunicación social del país y en los mismos medios. Según los especialistas en lingüística, cosas tan simples como que el presidente Uribe no diga ‘las Farc’ sino ‘la Farc’, tiene mucho de trasfondo. Al hablar en plural, se estaría refiriendo a ‘las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia’, pero en singular, lo que quiere dar a entender es que se trata de ‘un grupo terrorista’.

La elaboración del manual duró tres meses y estuvo a cargo de la periodista Nubia Camacho, quien tuvo en cuenta diferentes manuales de redacción de periódicos como El País de España y El Tiempo, además de La Gramática Simpática, de Gabriel Fonnegra, y algunos trabajos de expertos como Luis Fernando Ávila. El Espectador contactó a la periodista, quien dijo no estar autorizada para ahondar en detalles y sólo defendió su trabajo diciendo que “no se trata de algo sacado debajo de la manga. Lo que se busca es que los periodistas sean objetivos a la hora de informar”.

La última bendición al proyecto, al menos en el tema lingüístico, está a cargo del profesor Gildardo Lotero, de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la  Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, quien precisamente durante este fin de semana tiene la tarea de revisar el contenido. “El lunes doy mi opinión del análisis que haga. Sólo puedo decir que tiene lo mismo que todos los manuales. Incluye la parte periodística, lingüística, ética y la línea doctrinaria”, indicó, también sin dar mayores explicaciones.


Rechazo generalizado

Más allá de las buenas intenciones, la noticia de que el manual de estilo periodístico de la Presidencia vaya a ser repartido en las universidades ha hecho levantar las voces de protesta de estudiantes y algunos docentes. Lo ven como “un abuso”, una “falta de respeto”, al querer señalarles “un nuevo camino en la formación de los futuros profesionales del periodismo”. El director del Programa de Periodismo de la Universidad Javeriana de Bogotá, Mario Morales, cree que se trata de una intromisión en un tema que al Gobierno no le corresponde. “Es a todas luces una forma endulzada o disfrazada de censura y de intento de control del ejercicio profesional, con la carga del lenguaje de la seguridad democrática. Que lo guarden y lo usen en beneficio propio y que la platica de los regalos la dediquen a la educación de los analfabetas”, enfatizó.

Por cierto, El Espectador pudo establecer que la idea inicial era tener el manual como una herramienta de trabajo sólo para el cubrimiento de las actuaciones del Presidente, pero a alguien en la Casa de Nariño se le ocurrió “darlo como un obsequio” a las facultades universitarias. Y, por lo que se ve, va a ser la de Troya.

Para el periodista y profesor universitario Alberto Salcedo Ramos, no está bien recibir regalos de una fuente sobre la cual se informa y menos si el “detalle” es un manual de redacción. Y es allí donde ve el ‘veneno’. “Me parece que es una iniciativa tonta, pero no inocente, porque busca controlar el lenguaje que usamos con fines políticos que no nos incumben a nosotros”. En este sentido, sugirió que el dinero que van a invertir en la impresión se destine a otros problemas, como la erradicación de las minas antipersona. 

Por su parte, el coordinador del programa de Periodismo y Opinión Pública de la Universidad del Rosario, Germán Ortiz, cree que el producto es perjudicial solo si tiene “una carga ideológica uribista”, de lo contrario, la interpreta como “un llamado a mejorar el trabajo que se hace hoy por parte de los periodistas”.

Sin embargo, Alberto Martínez, decano de Comunicación de la Universidad del Norte, piensa que a pesar de las “aparentes buenas intenciones”, hubiese sido mejor contar con la asesoría de la Real Academia en la elaboración del manual. Por último, el escritor y periodista Óscar Collazos intenta descifrar el artífice de la estrategia: “Cuando alguien se cura en salud diciendo que sus actos no tienen malas intenciones, dude de esos actos. No me extraña que la idea sea de José Obdulio Gaviria”. Claro que El Espectador habló con el asesor presidencial, quien fue categórico en afirmar que no tenía “ni idea” que dicho manual de estilo se estuviera elaborando. La polémica está servida.