“El elefante no es como lo pintan”

<p>Ernesto Samper dice que el político admirable no posa de sapo. Se negó a hablar sobre personajes públicos y enfiló su humor negro en contra de sí mismo: “Un ex presidente es como un jarrón chino: no saben dónde ponerlo ni se atreven a regalarlo”.</p><p>&nbsp;</p>

¿Su animal preferido?

El elefante, porque no es como lo pintan.

Un acto libertino.

Ya no estoy para actos libertinos, sino libertarios.

Una anécdota en Palacio.

Cuando manifesté mi desagrado con un jarrón y luego me enteré de que fue fusilado, esa misma tarde, en la Plaza de Armas.

Defina reelección.

Una especie de reerección, pero en política.

Liberalismo.

Lo que sale de meter dos conservadores y un socialista y medio en una licuadora.

Ex presidente.

Un jarrón chino: que no saben dónde ponerlo, pero tampoco se atreven a regalarlo.

Primera Dama.

Lámpara hindú que generalmente acompaña a los jarrones chinos hasta cuando se rompen.

Su chiste predilecto.

El del ex presidente que quería volver a serlo, porque así se lo exigían la patria y el pueblo.

Un trago amargo.

El café descafeinado una mañana en medio de un guayabo y con el ruido de la aspiradora en la sala.

Un momento dulce.

Pregúntenle a Amparo Grisales. Los caballeros no tenemos memoria.

Un político admirable.

El que no es sapo, o sea el que no posa de admirador de políticos admirables.

Un libro perverso.

El kamasutra después de los cincuenta.

Un voto amañado.

Un voto que está contento, que es fiel, o sea, que se amaña.


La última vez que fue a Estados Unidos.

El año que me dijeron que sin visa no entraba y no me valieron la tarjeta Diners.

Un ‘hobbie’.

Tejer cubrelechos en croché en las madrugadas.

Una salida en falso.

Cuando alabé el color amarillo de la suegra de un amigo enferma de malaria.

El día de su vida.

Cuando pasé el último examen de matemáticas.

La mujer de sus sueños.

Tengo pesadillas con varias.

Un vallenato.

El maestro Escalona.

Un discurso.

Por descarte, el del método de Descartes.

Un mico.

La no retroactividad en la extradición: un mico orangutanado.

Un pupitrazo.

El del profesor Quiroga en su sala de profesores en el Gimnasio Moderno.

Una ley.

La seca.

Su pelea mejor cazada.

Contra los conspiradores durante mi gobierno.

¿Y la peor?

Contra los conspiradores durante mi gobierno.

Una telenovela.

También caerás.

Una película.

La novicia rebelde, con Noemí versión 2008.

Un revolucionario.

El que hace lo que piensa y piensa en lo que cree.


Una terapia para la espalda.

311 812 5640, el teléfono de la mejor terapista del mundo.

La última vez que se confesó.

El sábado con mi mujer.

La última vez que lloró.

El mismo sábado, después de confesarme.

El último brindis.

Todavía no.

Una rumba.

Una, dos o las que salgan.

Una vaciada.

La que me pega semanalmente una columnista que vive para odiarme y me odia para vivir.

Un elogio.

El de un negrito que me encontré caminando por Cartagena: D’a (mierda en costeño), ahí va el Sisbén. Dijo cuando me vio.

Su plato preferido.

Votos al gratín.

¿Para qué es brillante?

Para no contestarle esta pregunta.

¿Para qué es negado?

Para todo lo que implique moverse a más de 5 km por hora.

Un personaje inolvidable.

Mi nieto Julián, por los chistes que ya hace en contra mía: al abuelo le entregaron el país al borde del abismo y él logró dar un paso adelante.

El lugar más raro en el que ha estado.

El Palacio de Nariño.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar con el Acuerdo Humanitario?

Hasta la libertad del último secuestrado, incluidos Uribe y Cano.

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