Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

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Eln, entre el diálogo y los hechos de guerra

Este martes se cumplen 10 años del pacto de Maguncia. Durante cuatro días un grupo de 40 colombianos se había reunido para pensar caminos de paz con esa guerrilla.

El 15 de julio de 1998, todo era alegría y emoción en el Convento de Puerta del Cielo, en la ciudad de Mainz en Alemania. Durante cuatro días, un grupo de 40 colombianos se habían reunido para pensar caminos de paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, Eln. De hecho, tres dirigentes de esta guerrilla, que este mes cumplió 44 años de existencia, se encontraban en el grupo. En ese momento -hace diez años- se pensó que era posible y cercano un acuerdo de paz. Estaba próximo a iniciarse el gobierno de Andrés Pastrana, en el país se respiraba un aire de optimismo y las palabras "negociación política, acuerdos y concertaciones" estaban muy valorizadas.

La reunión de "Puerta del Cielo" estuvo antecedida por la reunión del Palacio de Viana, realizada en la segunda semana de febrero del mismo año 98 y que fue la conclusión de un proceso de intercambios entre Daniel García Peña y José Noé Ríos como representantes de la Alta Consejeria de Paz del Gobierno del presidente Samper y los delegados del Eln, Milton Hernández y Juan Vásquez, quienes fungían como miembros del Frente Internacional, con el acompañamiento de Augusto Ramírez Ocampo y Ana Mercedes Gómez, de la Comisión de Conciliación Nacional.

De esta reunión sale la "Declaración de Viana", en la cual se convoca la "Convención Nacional" y se define todo un conjunto de mecanismos para su preparación y realización. Por ejemplo, se acuerda una reunión entre el Eln y el Gobierno para el mes de junio, con la idea de avanzar en detalles de la convocatoria de dicha Convención, pero todas estas pretensiones se vienen abajo cuando se hace público el texto sin las previas consultas acordadas con la dirección del Eln en Colombia, lo cual se interpreta por parte de esa guerrilla como un intento de manipulación en pleno debate presidencial y da por cancelado lo allí acordado.

Para abril, la dirigencia del Eln asume que su propósito de impulsar la realización de la Convención Nacional no puede decaer y en diálogos con la Comisión de Conciliación Nacional de la Conferencia Episcopal Colombiana, deciden trabajar por una reunión fuera de país y allí es donde se vislumbra la posibilidad de una reunión en el mes de julio en Alemania. El Eln había construido una fluida relación con Werner y Micaela Mauss, una pareja de esposos con quienes desarrolló desde transacciones de secuestrados hasta una relación de confidencias -que los llevó a pasar una época en las cárceles de colombianas cuando el entonces gobernador de Antioquia Álvaro Uribe, en el año 1996, los denunció por el tema de vínculos en la negociaciones de secuestros-, además de las amistades en el Gobierno del canciller Helmunt Khol, ayudó a viabilizar la realización de la reunión de Maguncia, a la cual no se opuso el ya casi finalizado gobierno de Samper.


La lista de participantes en la reunión de Maguncia es larga: El hoy vicepresidente Francisco Santos, Luis Eduardo Garzón, Luis Carlos Villegas, Carlos Gaviria, Jorge Visbal Martelo, monseñor Luis Augusto Castro, Jaime Bernal Cuellar, José Fernando Castro (QEPD), León Valencia, Mario Gómez, Sabas Pretelt, María Isabel Rueda y Ana Teresa Bernal, entre otros. Por parte del Eln se hicieron presentes Pablo Beltrán, del comando central, y Milton Hernández y Juan Vásquez, por el frente internacional.

La reunión de Maguncia fue de gran optimismo, se reafirmó la idea de preparar y realizar la Convención Nacional, de distensionar el conflicto, de buscar acuerdos humanitarios, y de allí sale el polémico punto de no secuestrar personas mayores de 65 años y mujeres embarazadas, lo cual causo estupor y debate en no pocos círculos del país, que interpretaron que había un respaldo por los firmantes a la práctica del secuestro. Entre tanto, los defensores de estas formulaciones se defendían en el sentido de trabajar por acuerdos progresivos. Después de tener un amplio cubrimiento mediático, el país se enteró de que el Eln proseguía con su tesis de una Convención Nacional, la cual quedó definida en la declaración de la reunión y conocida como la declaración de "Puerta del Cielo" y cuyo objetivo sería elaborar las bases de un acuerdo político, de reformas y transformaciones sociales, con miras a la democratización del Estado y la sociedad. Su desarrollo se haría a través de los mecanismos que sean indispensables de orden administrativo o legislativo, e inclusive a través de la organización de una Asamblea Nacional Constituyente.

Finaliza el gobierno Samper y llega Pastrana con un mandato ciudadano claro y contundente: alcanzar la paz con las Farc y el Eln. Sin embargo, ya como presidente electo, Pastrana manda un mensaje equívoco, se reúne con Manuel Marulanda en los llanos del Yari y desde el primer momento marca su estrategia: la prioridad es negociar con las Farc. El tema del Eln vendrá por añadidura. Gran equivocación que tendrá sus costos en el futuro.

El Eln, con una comisión surgida de la reunión de Maguncia y la activa participación de la Comisión de Conciliación, convocan a una nueva reunión, esta vez en Colombia, en la que juegan un papel muy destacado Augusto Ramírez Ocampo, Jaime Bernal Cuellar y Sabas Pretelt, quienes logran el apoyo del presidente Pastrana para que este encuentro se dé. Sin la presencia del Gobierno, la reunión se asume como el desarrollo de lo convenido en Maguncia, es decir, se busca avanzar en la construcción de acuerdos parciales en lo humanitario y definir la realización de la Convención Nacional. La reunión se desarrolla entre el 7 y el 9 de octubre en el Oriente Antioqueño, en un campamento del activo frente ‘Carlos Alirio Buitrago', que había desarrollado una dura confrontación militar entre los años de 1993 y ha hecho colapsar la autopista Bogotá-Medellín, al punto de convertirse en la estructura más dinámica del Eln.

"La reunión de Rió Verde", como se le conoce, cuenta con la participación de Francisco Galán y Felipe Torres, dirigentes guerrilleros, capturados en 1992 y 1994, respectivamente. Igualmente hace presencia Óscar Santos, miembro del comando central y quien asume el puesto dejado por Manuel Pérez, fallecido en febrero de ese mismo año. Es la primera vez que Santos da la cara; junto a ellos hay unos cien combatientes que asumen toda la logística del evento y el Gobierno asume su compromiso de suspender operaciones militares en la zona. Las conclusiones de la reunión alimentan el optimismo sobre una ruta de paz, que pasa por la realización de la Convención Nacional, la cual se detalla en su agenda con fechas. La idea es instalarla el 13 de febrero del 99 y que sesione hasta septiembre trabajando en cinco subcomisiones: Derecho Internacional Humanitario, derechos humanos, impunidad, justicia, insurgencia y conflicto; recursos naturales y política energética; democracia, Estado, Fuerzas Armadas y corrupción; economía y problemas sociales; cultura e identidad, nación, región, ordenamiento territorial, problema agrario y narcotráfico.

El Eln, la Comisión de Conciliación Nacional y la Comisión preparatoria de la Convención Nacional, surgida de la reunión de Maguncia, todos se muestran optimistas de los resultados de la reunión de Río Verde, pero en la noche del 19 de octubre una bola de fuego, producida por la voladura de un oleoducto en el nordeste antioqueño, arrasa con la vida de ochenta pobladores de la vereda Machuca, del corregimiento de Fraguas, municipio de Segovia. 70 personas más heridas, desolación y llanto y la posibilidad de un proceso con el Eln queda en entredicho. El país horrorizado cuestiona la real voluntad de esa guerrilla mientras este se defiende argumentando que es responsable de la voladura del oleoducto, pero no de haberle prendido fuego. El manto de duda queda, pero la responsabilidad del Eln no se minimiza.

No es posible avanzar en la convocatoria de la Convención Nacional, acordada en Maguncia y detallada en la reunión de Río Verde, si el Gobierno del presidente Pastrana no le da la viabilidad y garantiza las condiciones para su realización. Victor G Ricardo, Alto Comisionado de Paz, se reúne en Caracas, en febrero del 99, en dos oportunidades con Antonio García, del comando central del Eln. El tema es la zona para la realización de la Convención y la necesaria distensión del conflicto. Pero a juicio del Gobierno, no es posible pensar en una zona para el Eln -la cual ya le fue concedida a las Farc en el Caguán-, sin garantías de lo que se pretende con la Convención Nacional y la perspectiva de sus deliberaciones. El Gobierno le exige al Eln mayor detalle y precisión de sus pretensiones y la necesidad de contar con él para cualquier determinación.


Hay en el ambiente la idea de que el Eln es una fuerza debilitada. Este así lo interpreta y decide mostrar fuerza e iniciativa militar. En el mes de abril, secuestra un avión fokker de Avianca, que tiene la ruta Bucaramanga-Bogotá y lo desvía hacia el sur de Bolívar, secuestrando a 40 pasajeros y la tripulación. En mayo secuestra 70 feligreses de la Iglesia La María en Cali y las conduce a una zona rural limítrofe entre Valle y Cauca, y en junio secuestra a una lancha en la Ciénaga de El Torno, cerca de Barranquilla. Son tres acciones múltiples que son presentadas como "secuestros de carácter político", pero en los tres tramita pagos económicos por las liberaciones, lo cual, por supuesto, concita rechazo nacional e internacional y las posibilidades de desarrollar la agenda de la Convención Nacional quedan en nada.

Ante la imposibilidad de diálogos directos, se constituye en julio la Comisión Facilitadota Civil, animada por Jaime Bernal Cuellar, María Emma Mejía, Antonio Navarro, Alejo Vargas y Mario Gómez, entre otros, la cual funciona hasta el presente. Por gestiones de esta comisión y al lograr la libertad la mayoría de las personas secuestradas, Eln y Gobierno se reúnen en La Habana en Octubre. El encuentro es entre Ramiro Vargas, del comando central y Víctor G. Ricardo, pero la desconfianza es mucha y no pasa de un encuentro protocolario.

Las reuniones entre Eln y Gobierno vuelven a ser fluidas. Se reúnen en varias ocasiones en los meses de noviembre, diciembre y enero de 2000. Son reuniones entre Ramiro Vargas y Milton Hernández, en La Habana y con Antonio García en Caracas. El comisionado Víctor G. Ricardo atiende esta interlocución y se vuelve nuevamente al punto de una zona de encuentro para la realización de la Convención Nacional, con el compromiso por parte del Eln de adelantar un cese al fuego, respetar las autoridades civiles y judiciales donde se instale dicha zona y conformar una misión nacional e internacional de verificación. En abril esta trascendental determinación es anunciada de manera directa por el presidente Andrés Pastrana.

Pero hay un ambiente tenso en el país con el tema de zonas bajo autoridad de las guerrillas y así la zona para el Eln difiera de manera sustancial con la otorgada a las Farc -sin ningún mecanismo de verificación y con el conflicto arreciado por la actitud de ese grupo de tensionar el conflicto y con una expansión del paramilitarismo por buena parte de la geografía nacional-, nada hace presagiar que el camino este despejado. Serán miles de pobladores del sur de los departamentos del Cesar y Bolívar quienes darán la señal de alarma. Se agrupan bajo la consigna "No al despeje", liderados por personas como Carlos Arturo Clavijo, reconocido ganadero de la región y líderes de municipios como Santa Rosa, San Pablo y Cantagallo, todos del sur de Bolívar, con presencia del Eln desde mediados de los años 70 y ahora en disputa con las fuerzas paramilitares de Carlos Castaño, quien promete guindar su hamaca en la navidad de ese año 2000, en la serranía de San Lucas.

Castaño, nunca pudo guindar la hamaca en las zonas profundas del Eln, pero sí logró desplazarlo de las partes planas, aprovechando un conjunto de errores como su oposición a las elecciones del 97, las cuales saboteó. Una actitud que lo alejó de muchas redes políticas que lo veían con cierto respeto y en no pocas ocasiones admiración. Así mismo, la política de servir de prestamista para financiar pequeños cultivadores de coca, muchos de ellos con importantes deudas económicas, que luego fueron condonadas por los paramilitares y el tener algunos mandos medios con tensiones con la población civil. Estos tres factores hicieron que con el apoyo paramilitar a la zona de encuentro no fuera posible en el sur de Bolívar, así hubiera sido un compromiso del Pastrana.


Sin zona de encuentro y sin un Estado que la garantizara en medio de la disputa con el paramilitarismo, el Eln volvió a ser escéptico. Desarrolló un par de reuniones en Europa, la primera en la Academia Evangélica de Bad Boll en la ciudad de Stuttgart (Alemania), en mayo, y la segunda en Ginebra (Suiza), en julio de ese 2000, pero el ambiente de optimismo de dos años atrás en Maguncia ya no existía, las dificultades eran muchas y el propósito de desarrollar la Convención Nacional en territorio colombiano, una y otra vez se desvanecía. El Gobierno trataba al Eln al vaivén de las tensiones con las Farc; si la negociación con ese grupo era fluida, el Eln quedaba de lado; si había escollos en la mesa del Caguán, eran presurosos y diligentes en los contactos con el Eln, pero de fondo ninguno de los dos procesos andaban.

El Eln, en un intento importante de ganar legitimidad y una opinión favorable ante la ciudadanía, decide de manera unilateral la liberación de 29 policías, 10 militares y tres agentes del DAS, todos ellos capturados en acciones militares, en diciembre de 2000. A pesar del gesto, las cosas siguen en el vacío, el Eln no logra remontar un escenario político cerrado, empecinado en que la Convención Nacional debe ser en el sur de Bolívar, una región donde la guerra arrecia, al punto de perder la confrontación con los paramilitares en Barrancabermeja, uno de sus bastiones, en una derrota que se vuelve más humillante cuando una parte importante de sus combatientes se pasan a la fuerza paramilitar, es una navidad bañada en sangre en el puerto petrolero.

2001 inicia con las tensiones entre el Gobierno y las comunidades del sur de Bolívar, quienes mantienen la movilización en la troncal de la paz, bloqueada por la eventual zona de encuentro. Esto se da en un contexto en el que el paramilitarismo es amo y señor de las cabeceras municipales de toda la región. En medio de este escenario, el Eln suspende las conversaciones con el Gobierno en el mes de abril y pese a los esfuerzos de la comunidad internacional y de la Comisión Facilitadora Civil, el clima de los diálogos se deteriora llegando al punto de duras recriminaciones de parte y parte. Agosto es el punto culminante de este ‘rifi-rafe' y sendos comunicados de mutuas acusaciones son cursados.

El Gobierno Pastrana está llegando a su final y él desea dejar dos mesas de diálogo, por lo menos, en funcionamiento. La diplomacia internacional y ciudadana dan sus resultados y en diciembre de ese 2001, en La Habana, ambas partes deciden retomar las conversaciones y trabajar por un proceso ya no en Colombia sino en el exterior. La idea es desarrollar todo un proceso previo de debates y consultas que alimenten la futura convención nacional y para ello deciden convocar la "cumbre por la paz de Colombia", a desarrollarse en Cuba entre el 30 y 31 de enero de 2002.

La Habana vuelve a ser la cita de una pluralidad social y política. Asisten casi 100 personas, delegados del Gobierno colombiano y el Eln, y con una activa participación de Fidel Castro -quien organiza una recepción especial para todos los presentes y los anima a lograr un camino de entendimiento-, retorna el optimismo. Pero vendrá el baldado de agua fría de la ruptura del proceso con las Farc, el 20 de febrero, y ya el ánimo de paz y de lograr acuerdos políticos es ninguno. Nuevamente la dinámica de las Farc determina el proceso con el Eln, el cual se cerrará de manera formal en mayo, cuando ya es presidente electo Álvaro Uribe, quien había ganado en primera vuelta y tenía un mandato formidable para derrotar a las guerrillas, como lo había ofertado como candidato.

Ya instalado el gobierno del Presidente Uribe y nombrado Luis Carlos Restrepo como Alto Comisionado de Paz, se surten tres reuniones con el Eln a finales de 2002. Se dan en La Habana y Caracas, y la exigencia es contundente de parte del Gobierno: diálogos y negociaciones si se acuerdan ceses del fuego y de las hostilidades de manera previa. El Eln considera inadmisible esta exigencia y da por concluidos los acercamientos. En agosto de 2003, el Eln y las Farc firman una declaración en que caracterizan al gobierno de Uribe de ser para la guerra y "aliado del imperialismo norteamericano", y se comprometen a no adelantar ningún proceso durante su mandato y, por el contrario, aunar esfuerzos para combatirlo de manera conjunta.

En septiembre, el Eln secuestra a siete turistas extranjeros en la Sierra Nevada de Santa Marta, los cuales son liberados en noviembre con el compromiso del Gobierno de verificar las condiciones de derechos humanos en la región. Llegado 2004, exactamente el 3 de abril, el Consejo de Ministros de la Unión Europea incluye al Eln en la lista de "organizaciones terroristas" y esta guerrilla responde cuestionando la legitimidad de España y Alemania para continuar actuando como facilitadores. En mayo, en visita a México, el presidente Uribe acepta una facilitación por parte del Gobierno de este país y el presidente Fox designa al diplomático Andrés Valencia para que cumpla este papel. La facilitación se desarrolla hasta el mes de julio, sin lograr resultados positivos. El comando central del Eln lo descalifica, al no considerarlo imparcial, pero se vislumbra una actitud de querer abrir un proceso político con el gobierno de Uribe, apartándose de la declaración conjunta con las Farc, de agosto de 2003.

Luego, en un pronunciamiento que sorprende, en agosto, ante una ceremonia con militares, el presidente Uribe afirma: "si por el bien de la patria debo reconocer que existe un conflicto armado, estoy dispuesto a hacerlo", afirmación que contradecía su planteamiento de inexistencia de conflicto armado, el cual siempre ha calificado de amenaza "narcoterrorista". En la última semana de agosto se presenta la propuesta de Casa de Paz, fórmula sencilla e ingeniosa: permitir la salida de Francisco Galán de la cárcel, con el compromiso de un grupo de garantes, de acompañarlo en un diálogo exploratorio. El Gobierno accede, Galán sale de prisión el 7 de septiembre y el presidente Uribe acepta establecer una mesa de conversaciones con el Eln sin exigirles de entrada el cese del fuego, la cual fue instalada nuevamente en La Habana en diciembre del 2005, con la presencia del Nóbel Gabriel García Márquez.

Diez rondas de conversaciones entre Eln y Gobierno Colombiano; una activa presencia de España, Suiza, Noruega, Venezuela y Cuba; un presidente nuevamente ratificado para un segundo mandato presidencial y una expectativa de paz cada vez más reducida en medio de un ambiente y unas realidades de guerra en muchas regiones de Colombia. Este proceso no fructificó por que el Eln asumió una acción rígida, no dio ninguna muestra que le acercara y le permitiera una opinión ciudadana favorable, por ejemplo en el tema del secuestro, y por que el Gobierno en cabeza del Alto Comisionado de Paz, le planteó unas exigencias muy duras para una guerrilla que no se siente derrotada: concentrarse, identificarse y manifestar de manera pública que va a dejar las armas. La mesa languideció y luego el Eln se sintió cómodo en los brazos de Chávez y su propuesta de beligerancia para las guerrillas colombianas, lo cual lo llevó a desestimar el dialogo con el presidente Uribe.

Ahora que se cumplen este 15 de julio, diez años de intentos de negociaciones entre el Eln y tres presidentes, es buen momento para arriesgar unas breves consideraciones de por qué no ha sido posible construir un acuerdo de paz: porque no ha habido una oferta concreta y atractiva por parte de los gobiernos colombianos; porque el Eln aspira a muchos cambios y transformaciones y su estrategia de acción política fluctúa entre el dialogo y el acercamiento a la sociedad civil y los hechos de guerra y el desprestigio de mantener la práctica del secuestro -3.293 personas han sido secuestradas por ellos entre los años 2000 y 2007-, la cual tiene un amplio rechazo nacional; y por que la sociedad civil no tiene la fuerza social y política para proponer un acuerdo de paz.

Ahora que el presidente Uribe ha hecho un llamado a la fuerza pública para combatir con mayor decisión al Eln y que ha fumado la pipa de la paz con el presidente Chávez, bien cabe preguntarse si pasarán otros diez años para esta guerrilla o si vienen tiempos decisivos en los que debe pensar su estrategia de no estar ni en la guerra ni en la paz y si el presidente Uribe puede invertir su formidable capital político en ahorrarnos más baños de sangre a una sociedad que sigue anhelando la paz, así ahora apoye los clarines de guerra.

* Luis Eduardo Celis, coordinador del Programa de Política Pública de Paz de la Corporación Nuevo Arco Iris

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