La historia de Sandalio Ardila

Cuando la familia ya lo había dado por muerto y había elaborado el duelo por su ausencia, en agosto y diciembre del año pasado volvieron a saber de él. Hoy claman por el regreso de su ‘viejo’, quien el 5 de mayo pasado cumplió 72 años.

A Sandalio Ardila se lo llevaron las Farc el 10 de diciembre de 1981. Los guerrilleros llegaron a las 6:00 de la mañana hasta su finca, en las estribaciones de la Sierra de La Macarena, por los lados del sector conocido como Guayabero. No le dieron tiempo a vestirse. Se lo llevaron en pantaloneta y chancletas. Dijeron que tenía una deuda pendiente con la causa revolucionaria, que no había colaborado con unos mercados y una gasolina que le habían pedido, y que tendría que trabajar por un tiempo para ellos, hasta que la deuda quedara saldada.

Han pasado 26 años, siete meses y 18 días. Nunca hubo una carta ni una prueba de vida. Sólo testimonios orales de gente que lo había visto abriendo carreteras y cortando monte, selva adentro. La angustia y la esperanza que tuvo la familia en un principio se transformó con el paso del tiempo en tristeza y resignación. Llegó el momento en el que tuvieron que cargar con el dolor de darlo por muerto y doña María Nelly Quintana, la esposa, tuvo que continuar en la lucha para sacar adelante a los siete hijos.

Pero como si se tratara de un juego del destino, después de muchas misas por el descanso de su alma, en agosto del año pasado volvieron a saber de él. En la pasada campaña electoral, Efraín, el segundo de los hermanos y traumatólogo de profesión, estaba ayudándole a algunos amigos candidatos en la elaboración de las propuestas para el sector salud de los programas de gobierno. “Entonces vino una señora y le dijo a mi esposa que un conocido de ella había visto a mi papá, que por qué no averiguaba. Abrir esas heridas después de tanto tiempo es muy duro. Pero pensé: vamos a hacer otro intento por el viejo”.

La versión era que a don Sandalio lo habían sacado hacia el sur del país. Junto a su hermano Carlos Alberto comenzaron a averiguar y terminaron yendo a un sector rural de un municipio intermedio, en un departamento del suroccidente del país, que prefieren mantener en reserva. Allí los atendió una psicóloga que les contó que, efectivamente, a su padre lo habían llevado


hasta donde ella creyendo que era médica. Les dijo que estaba enfermo de la pierna izquierda, que tenía manchas en la piel y lo describió como un hombre blanco, de pelo mono y ojos verdes.

“Nos relató que lo llevaban una mujer de aspecto campesino y dos hombres de 35 a 40 años. Que para donde se movía, allí estaban ellos y que cuando pudieron hablar a solas, le contó que se llamaba Sandalio Ardila y que era de Acacías, Meta”, dice Efraín con lágrimas en los ojos. Y prosigue su relato: “Nos dijo que le había hablado de nosotros, sus hijos. Que fueron varios encuentros y que cuando mi papá presintió que no lo iban a volver a llevar donde ella, se despidió diciéndole que si se comunicaba con la gente de Acacías les diera saludos, si es que se acordaban de él. La abrazó y se puso a llorar. Nunca más lo volvió a ver”.

Sin embargo, ésa no fue la última noticia. En diciembre pasado, un paciente del doctor Efraín le preguntó si él era hijo de Sandalio Ardila, le contó que había convivido con una señora que tenía un muchacho que era comandante en uno de los frentes de las Farc que operan de Vistahermosa para adentro y le pidió permiso para averiguar por su padre. “A los ochos días me llamó y nos fuimos a hablar con el muchacho en una cafetería de Villavicencio.

Me dijo que había estado con mi papá como seis años, por la Macarena y Puerto Colombia, andando por todo lado con él y otros secuestrados. Pero que hacía como dos años y medio les dieron la orden de entregarlos a otro frente, porque la cosa se estaba calentando mucho donde estaban. Me dijo que él estaba bien de salud, que no sabía por qué seguía secuestrado, que los secuestrados eran entregados a otros frentes pero que no sabían porqué estaba allí. Yo le reclamé que por qué tantos años, que no era justo. Pero no supo que responder y sólo murmuró que eso era cosa de los comandantes”.

El dolor a vuelto pero también la ilusión. “Nosotros esperamos que lo dejen regresar. En eso del acuerdo humanitario, lo ideal sería que incluyan a todo el mundo porque aquí estamos estratificando a los secuestrados. Si es ex congresista o ex gobernador o ex candidato a la Presidencia tiene un trato, pero si es un colombiano verraco, echado para adelante y trabajador, no pasa nada”, expresa con cierto dolor Efraín Ardila. Los Ardila Quintana sólo quieren que su ‘viejo’ pueda vivir los últimos días de su vida junto a la familia.

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