‘Quiero regresar a la Cámara’

Es uno de los pocos que no se ha reunido con el presidente Álvaro Uribe, luego de la liberación.

Por primera vez, luego de un secuestro de seis años y seis meses, Orlando Beltrán Cuéllar volvió a las puertas del Congreso de la República. A paso lento, de gafas oscuras y traje entero, atravesó la Plaza de Bolívar detallándolo todo, como acostumbra hacer desde que regresó a la libertad, el pasado mes de febrero.

Sin embargo, se niega a entrar al Congreso. Dice que le da tristeza, que se le alborotan los recuerdos y el dolor. Quiere volver a la política, a la Cámara de Representantes, donde estuvo por dos períodos seguidos, con el único fin de hacer leyes que impulsen un acuerdo humanitario. No obstante, tiene sentimientos encontrados y dice que le duele ver cómo el Legislativo “se llenó de parapolíticos”. “Me sorprendió enterarme, durante el cautiverio, de que varios amigos de Antioquia estaban en esos líos. Jamás me lo imaginé”, agrega.

Esa es sólo una de las razones que le sugieren volver. Otra muy importante es enfrentar la corrupción que tiene a unos pagando impuestos y a otros disfrutando. Su departamento, el Huila, por ejemplo, es el tercero más pobre del país, por eso cree tener una “obligación moral” con los opitas. Las ofertas políticas no han faltado. Le han pedido que se lance al Senado, a la Gobernación o a la Alcaldía de Neiva, pero lo que realmente quiere es “volver a los polémicos debates de la Cámara”, como un acto de valentía.

Está optimista y ni siquiera desecha la idea de ser Presidente: “Es una aspiración muy alta que cualquier colombiano debe tener”. Para 2010, piensa que si Uribe no se lanza, el Partido Liberal, el Polo y Cambio Radical tienen que hacer sus consultas. No descarta alianzas.

Él es uno de los pocos que no se ha reunido con el Presidente luego de la liberación. El único contacto que tuvieron fue telefónico, desde Caracas, el día que dejó el cautiverio. Considera que no ha sido un mal mandatario, pero está convencido de que ha tenido grandes equivocaciones. Más bien, critica al Partido Liberal, al que cree le ha faltado contundencia al asumir la oposición.

Evita viajar a Bogotá. Todavía siente el pánico cuando escucha un helicóptero, tanto que su instinto le sugiere correr. Prefiere la soledad, ha visto a pocas personas en estos meses de libertad y ni siquiera con sus compañeros de secuestro ha tenido contacto. Con Luis Eladio Pérez se reencontró la semana pasada: “Esta gordo, optimista, echado para delante y creo que tiene aspiraciones políticas”. A Clara Rojas sólo la ha visto en las revistas con su hijo, “desde pequeño era vivo y se robaba la atención”.

Escasamente se ha reunido con Jorge Eduardo Géchem, por ser del Huila. Hoy son amigos. Beltrán lo tiene en el mejor de los conceptos, así como a las mujeres que estuvieron con ellos en cautiverio, por eso no se atreve a hacer comentarios sobre del fin de su matrimonio. Su explicación es que una separación pasa cuando tiene que pasar, porque regresar a la libertad implica volver a conocerse. “El 80% de mis amigos los encontré divorciados. Tenía el convencimiento de algo y es que era muy difícil salir”.

En la selva estaba resignado a sus días eternos y quizá no era el único. Se levantaba a escuchar radio a las 5:00 de la mañana. Le quitaban las cadenas un rato y se sentaba a pensar “en todo y en nada”. Esa rutina lo llevó a perder el movimiento en la pierna derecha, por eso es esclavo de las terapias. Es su compromiso desde que llegó de una intervención quirúrgica en Cuba, donde también fue operado por un tumor benigno cerebral. A recuperarse y a sus amigos dedica los días. “Y eso que era uno de los que supuestamente estaba mejor de salud, porque trotaba dos horas todos los días”. Hoy se siente “descubriendo el mundo, siete años después”.