Valencia, político de oficio

Perfil político del nuevo Ministro del Interior y Justicia. Conservador hasta la médula y protagonista de intensos debates contra el liberalismo en los últimos 20 años, ahora vuelve al Congreso como vocero político de un Presidente de origen liberal que terminó más cercano al conservatismo.

Octavo de 12 hijos de una tradicional familia antioqueña criada en el popular barrio Aranjuez de Medellín, hijo del maestro de escuela Luis Eduardo Valencia y de la matrona paisa Elvira Cossio, el nuevo ministro del Interior y Justicia Fabio Valencia Cossio nació para ser político. Lo probó desde sus días de estudiante de Derecho en la Universidad de Antioquia cuando defendía a capa y espada las tesis del Partido Conservador, a cuyo directorio departamental ingresó en 1968.

Dos años después, se ofreció como voluntario en Antioquia en la campaña presidencial de Misael Pastrana Borrero y fue tanta su actividad, que después de las elecciones fue designado como Secretario General del Partido Conservador en su departamento, el mismo año en que alcanzó su grado de abogado. Estuvo dos años más en Medellín apoyando las proyecciones de su partido, hasta que decidió radicarse en Bogotá en 1974. Luego entró a trabajar en el entonces llamado Instituto de Crédito Territorial.

Sin dejar la política ni el empleo, formó un hogar. Se casó con la psicóloga María Isabel González y poco a poco llegaron sus cuatro hijos: Juan Camilo, hoy abogado; Catalina María, médica; Luis Eduardo y Santiago. Por esos mismos días asumió la Secretaría General del Partido Conservador, y en 1982, al tiempo que su colectividad alcanzó la Presidencia con Belisario Betancur, él accedió por primera vez al Congreso en calidad de Representante a la Cámara.

Desde entonces tiene un oficio que lo distingue: político. Y en calidad de tal, defendió con toda su oratoria las intenciones de paz del presidente Betancur. En medio de esos avatares, en 1984 fue designado como Vicepresidente del Partido Conservador y dos años después repitió como Representante a la Cámara. Pero las cosas habían cambiado. El Presidente era liberal, y como Virgilio Barco planteó un esquema de administración gobierno-oposición, Valencia Cossio sacó a relucir su Coraje para darle con todo al gobierno vigente.

En los momentos apremiantes del cuatrienio 1986-1990, la voz de Fabio Valencia Cossio en la Cámara de Representantes se levantó airada en contra del gobierno de partido, pero también se oyó solidaria cuando el narcoterrorismo de Pablo


Escobar Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha quiso amedrentar al país. Fue tal su protagonismo que en 1990 salió electo como Senador de la República, y después de la revocatoria del mandato del Congreso por parte de la Asamblea Nacional Constituyente en 1991, volvió a ser respaldado por los electores.

En 1992, como Senador de la República, hizo llave con el también senador antioqueño, pero de filiación liberal, Álvaro Uribe Vélez, y coincidieron en un proyecto común: la Ley 100 de 1993 o ley de Seguridad Social. Nadie imaginaba que pocos meses después iban a enfrentarse por el poder político en Antioquia. Entre tanto, Valencia Cossio salió reelecto al Senado en 1994 y en la nueva legislatura se convirtió en uno de los puntales de la oposición contra Ernesto Samper Pizano. Memorables fueron las jornadas en que se enfrentó con el ministro del interior Horacio Serpa.

De alguna manera, de sus debates salió beneficiado. En 1998 volvió a ser electo senador, pero logró dos metas adicionales: la votación más alta del conservatismo y la segunda a nivel nacional. Esa condición le permitió presidir el Congreso en la legislatura 1998-1999, al cabo de la cual se retiró súbitamente del Congreso porque aceptó ser negociador del gobierno en el proceso que el presidente Andrés Pastrana adelantaba con la guerrilla de las Farc. De alguna manera, como lo reconoció a El Espectador, en ese tiempo quería ser Presidente.

Pero la paz no llegó y el proceso de negociación con las Farc terminó en desastre. Entonces Valencia dio un paso al costado y tomó el camino de la diplomacia. El presidente Pastrana lo designó como Embajador en el Gobierno de Italia, y allí pasó el temporal de la crisis del proceso de paz, mientras su amigo, pero archirrival en Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, el mismo con quien se había trenzado a puños en los instantes del conteo de votos por la Gobernación de Antioquia en 1995, pasaba derecho y sin segunda vuelta, ganaba la Presidencia en 2002.

A su regreso de Italia, con bajo perfil pero intenciones intactas, sorpresivamente el presidente Uribe lo nombró Alto Consejero Presidencial para la Competitividad y Comisionado Presidencial de Colombia ante el Plan Puebla Panamá. Tras bambalinas, Valencia Cossio siempre fue un hombre clave en materia política, tanto para el presidente Uribe como para su ministro Carlos Holguín. Muchas veces se dijo que iba a regresar al ruedo. Sólo era esperar el tiempo preciso. Y la hora llegó el pasado viernes, al ser designado Ministro del Interior.

El reto es grande y la oposición enorme. Valencia Cossio sabe que aún sin posesión, ya se rumora que en los tiempos del presidente Pastrana firmó documentos contrarios a lo que hoy defiende a muerte el presidente Uribe, y que la sombra de los jefes paramilitares también toca a la puerta de sus copartidarios. Pero regresa a la arena política con una agenda retadora: seguridad democrática, reforma constitucional a la vista, y, nadie lo descarta, segunda reelección de Uribe. La hora de Valencia regresa, pronto estará en la mira de críticos, columnistas, opositores y amigos.


Un ministerio estratégico

El de Interior y de Justicia, el ministerio de más alto rango, ha sido gobernado por conservadores  durante el mandato del presidente Álvaro Uribe Vélez.

 Primero lo hizo Fernando Londoño Hoyos, quien tenía como su fortaleza una alta preparación intelectual. Estudió economía y derecho. Habla español, francés, domina el inglés y entiende italiano y portugués. Fue presidente de Analdex y su único cargo público, previo a esta cartera, fue como superintendente de Control de Cambios. Sin duda, en su labor fue el más beligerante con los congresistas.

En su reemplazo, el 22 de agosto de 2006, llegó Carlos Holguín Sardi,  quien dejó la presidencia del Partido Conservador para ocupar el Ministerio. Su nombramiento fue un golpe estratégico por llevar con él todo el apoyo de su equipo a la coalición de Gobierno. Logró hundir la reforma política que le quitaba mayorías al Gobierno en el Congreso.

Holguín ha tenido una trayectoria política más activa. Fue alcalde de Cali (1970 – 1973), ministro de Comunicaciones (1974 – 1976), gobernador del Valle del Cauca (1976 – 1978) y presidente del Congreso de la República (1983 – 1984), entre otros. Ahora hace parte del sonajero presidencial.

Dejó el voto de los conservadores en  el uribismo y la reforma política hundida. El terreno quedó abonado para la llegada de Fabio Valencia Cossio, el político tradicional con la fuerza suficiente para sacar adelante la segunda reelección del Presidente y la propuesta de reforma política que lleve la Comisión de Notables nombrada por Uribe.

El reto que le  espera a Valencia es trascendental, “voy a impulsar, desde la cartera, de una manera sustancial, la consolidación de la Política de Seguridad Democrática, que es la insignia, el emblema del Gobierno del presidente Uribe. A eso me comprometo”, dijo en su posesión.