Primer general secuestrado

Su ascenso y el de otros 25 uniformados “canjeables” alegra a sus familias. Sin embargo, la ansiedad por las liberaciones persiste.

En momentos en que la incertidumbre y la ansiedad son los lugares comunes entre los seres queridos de los miembros de la Fuerza Pública secuestrados, que esperan que pronto las Farc anuncien los nombres de los cuatro uniformados que podrían ser liberados, la noticia de que los policías y soldados que se encuentren o hayan permanecido alguna vez en cautiverio serán ascendidos de rango les llega a las familias de estos rehenes como un aliciente en la dura espera.

Se trata de un reconocimiento a todos aquellos integrantes de las Fuerzas Armadas a los que les ha tocado padecer el drama del secuestro, que fue propuesto por el Congreso en una ley que el jueves sancionó el presidente, Álvaro Uribe. Gracias a la norma, el coronel de la Policía, Luis Herlindo Mendieta —con más de 10 años de cautiverio— se convierte en general de la República, el oficial de más alto rango en poder de la guerrilla.

Jenny Mendieta, la hija del valiente hombre que dirigió la operación de resistencia durante la sangrienta toma de las Farc a Mitú, hace una década, ocasión que le valió su secuestro, asegura que su padre debe estar muy contento y orgulloso con la noticia. Después de todo, el hoy general Mendieta ha dedicado buena parte de sus 50 años de vida a la Policía Nacional. “Para él, lo más importante es su carrera. Adora a su institución”.

El oficial, quien en sus cartas dice que cree que por ser el de mayor rango será el último en salir de la selva, sufre de fuertes dolores en el pecho. Algunos de sus ex compañeros de tragedia en la manigua aseguran que su salud es delicada.

La apreciación de Mendieta no es gratuita. En el inhumano botín de guerra de las Farc, un general es toda una joya de la corona, como alguna vez lo fue la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt. A pesar de eso, Jenny, de 22 años, tiene fe en que las cosas sean de otra manera. “De todas maneras, siendo coronel ya era el de mayor rango”, dice, y agrega que en su familia todos están esperanzados en que su nombre esté entre los de los cuatro uniformados que la guerrilla prometió liberar.

En la misma situación se encuentran otras 25 familias colombianas, las del resto de cautivos que la subversión considera “canjeables”. La madre de uno de estos uniformados es la señora Robertina de Murillo. Su hijo, el capitán Enrique Murillo, ahora será mayor de la Policía. Para ella es una “alegría grande, pero por supuesto no lo es todo. Todo lo tendré cuando él regrese a la casa”. Su ansiedad, y la del resto de madres, continuará hasta que se dé a conocer la lista de los eventuales liberados, hecho que podría suceder en los próximos días.