Uribistas y antirreeleccionistas

Son ex asesores, dirigentes gremiales, jerarcas de la Iglesia y artistas reconocidos. Coinciden en reconocer la buena tarea de Uribe, pero temen que se afecte la democracia.

En el universo uribista de hoy, no todos los mundos giran alrededor de una segunda reelección. Algunos de los que en su momento fueron considerados uribistas ‘purasangre’, que acompañaron al Presidente en su primer mandato y en parte del actual segundo —bien sea como asesores, desde una curul en el Congreso o haciendo realidad desde sus influyentes cargos empresariales la llamada confianza inversionista—, creen que el límite es 2010 y que llegó el momento de darle paso a la renovación democrática y aunque reconocen en el Primer Mandatario al líder que logró empujar a Colombia por los caminos de la seguridad y el crecimiento económico, no comparten el objetivo de buscar un tercer gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Incluso en la lista de esos amigos del jefe de Estado pero enemigos de su segunda reelección se podrían incluir, si se quiere, diarios como el New York Times, que en un editorial de agosto del año pasado dijo que el presidente Uribe “debería decir a sus amigos que no quiere un tercer mandato”, porque así “será recordado como el líder que sacó a Colombia del abismo y la encaminó hacia la paz”. Advirtiendo de paso que si cambia la Constitución para quedarse en el poder, “empañará su legado y debilitará la democracia colombiana”.

O The Economist, la revista inglesa, cuyo editor para América Latina, Michael Reid, aseguró la semana pasada durante la presentación de su libro El continente olvidado, la lucha por el alma de América Latina, en Medellín, que una segunda reelección “sería un error” para el Presidente y “para el país básicamente”. Reid alabó los logros de la presidencia de Uribe y enfatizó en que si bien es importante que se “institucionalicen las políticas de seguridad”, no es bueno que ellas “dependan de un solo hombre”.

Los dos influyentes medios de comunicación respaldaron en su momento al Primer Mandatario y compartieron simpatías por su primera reelección. Reconocen el éxito de sus políticas en diferentes campos, sobre la seguridad democrática, pero dicen “no más”. Una posición que comparten hoy algunos empresarios, religiosos, artistas y políticos —todos influyentes— quienes, eso sí, se apresuran a aclarar que no es que se hayan vuelto antiuribistas y hasta piden que no los hagan hablar más del asunto, porque no quieren “pelearse” con Uribe.

Es el caso, por ejemplo, de Fabio Echeverri Correa, el hombre que durante 18 años presidió el gremio empresarial más poderoso del país —la Asociación Nacional de Industriales (Andi)— y que hace nueve años le apostó a un tecnócrata y finquero antioqueño llamado Álvaro Uribe, a pesar de su poco auspicioso puntaje en las encuestas. Una vez en el poder, se convertiría en su asesor principal y bastión para su reelección en 2006. Echeverri Correa es de los que piensan que el país “debe darse unas vacaciones de Uribe” y aunque en más de una entrevista ha reconocido que si el Presidente se lanza “votaría por él”, dice que no trabajará para eso, porque no considera que “sea saludable para el doctor Uribe y para las instituciones y porque se podría radicalizar mucho la gente en el país”.

Una línea que comparte quien precisamente hoy ocupa el puesto de presidente en la Andi: Luis Carlos Villegas. Uribista de cuerpo y espíritu, el dirigente gremial piensa que no se puede confundir la gran admiración que el sector privado nacional le tiene al jefe de Estado con “el peligro” de alargar su período más allá de lo aconsejable. Villegas cree que lo mejor que puede hacer el presidente Uribe es que, una vez terminado su gobierno en 2010, se convierta en “el gran punto de referencia” para todo y para todos. Y recalca en cuanto a la aventura de buscar una segunda reelección: “No sé si convenga tomar ese riesgo”.


Otro de los considerados ‘pesos pesados’ en materia económica, uribista pero antirreeleccionista, es Rudolf Hommes. Ex ministro de Hacienda, desde agosto de 2002 hasta abril de 2004 tuvo un puesto al lado del Primer Mandatario como asesor privado y formó parte del equipo negociador para el TLC. Sin embargo, en entrevista para El Espectador, al preguntársele sobre la posibilidad de un tercer mandato, respondió sin titubear: “Siempre había pensado que sería útil tener la posibilidad de un período presidencial adicional, porque cuatro años parecen muy poco. Sin embargo, doce son demasiados. Por esa vía llegaríamos al cesarismo y, además, andar cambiando la Constitución para ajustarla al gusto de quien está al mando, no es una práctica democrática (…) Quisiera que el propio Presidente dijera ‘hombre, hasta aquí voy’”.

A la lista se suma el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno. Embajador de Colombia en Washington desde 1998, fue ratificado por Uribe en 2002 y permaneció en el cargo hasta julio 2005, cuando pasó al BID. Ficha clave para el Presidente en el buen flujo de las relaciones con el gobierno Bush y autodeclarado “admirador” del Primer Mandatario, Moreno es de los que creen en la búsqueda de nuevos liderazgos. “Pienso que (Uribe) es un gran líder y creo que la historia le dará un gran reconocimiento (…) pero es bueno que se refresque el liderazgo en Colombia. El país tiene buenos líderes y estoy seguro de que en el momento en que el Presidente tome la decisión, van a aparecer muchos candidatos”, le dijo a Yamid Amat en una entrevista en diciembre pasado.

En las altas jerarquías de la Iglesia Católica hay quienes tampoco bendicen un tercer mandato. El mismo arzobispo de Bogotá, cardenal Pedro Rubiano Sáenz, dice que es “importante” para el país que haya renovación y que aunque el presidente Uribe le ha servido a Colombia con una dedicación total y ha realizado cosas muy buenas, “en una democracia otras personas pueden regir y orientar al país tan bien como lo ha hecho él. La democracia necesita que haya otro presidente”. O el arzobispo de Barranquilla Rubén Salazar, quien recientemente declaró que lo mejor es que Álvaro Uribe “no aspire a una nueva reelección, porque a un país le conviene el relevo. No es bueno afectar la democracia. Tenemos un régimen presidencial muy fuerte y por lo tanto no es conveniente una reelección indefinida del Presidente”.

Uribistas que no quieren continuidad en 2010 son también el publicista Carlos Duque y el cantante Juanes. El primero fue nada más y nada menos que quien se inventó el famoso afiche con el entonces candidato Álvaro Uribe de 2002, mirando el horizonte con la mano en el corazón, y el eslogan de “Mano firme, corazón grande”. El viernes pasado, en entrevista para el programa El Radar de Caracol Televisión, dijo que no está de acuerdo con una segunda reelección y que bajo ninguna circunstancia podría “vender” esa idea. En cuanto a Juanes, quien ha llevado por el mundo el mensaje de una nueva Colombia gracias a Uribe, ha dicho también que aunque su labor ha sido “muy buena”, otro gobierno suyo “no sería sano para él mismo ni para el país”.

Ya en el escenario político, hay dos casos de uribistas antirreeleccionistas que llaman más la atención. El primero, el de Marta Lucía Ramírez, la ex ministra de Defensa de Uribe y hoy precandidata presidencial, quien dice que no es partidaria de una nueva reelección, no porque no le guste el Presidente, sino que no le parece sano cambiar la Constitución por una persona. Y el de la ex senadora Gina Parody, entusiasta uribista durante el primer mandato, quien se fue del Congreso y del Partido de la U por no compartir una reelección que, en su criterio, genera una “peligrosa” concentración del poder.

No es que se estén organizando en un movimiento para alzar banderas contra el referendo reeleccionista que cursa en el Legislativo. Sólo son personajes reconocidos por la opinión pública nacional de los ámbitos económico, religioso, artístico o político, que se declaran uribistas en cuerpo y alma, pero que no comparten tener 12 años en el poder al Presidente. Tampoco es que se hayan convertido de la noche a la mañana en contradictores y mucho menos en aliados de la oposición. Simplemente tienen otro punto de vista.

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