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¿Paz o política electoral?

A la Casa de Nariño le angustia que Piedad Córdoba y algunos de sus amigos vayan a aspirar al Congreso en 2010.

“No podemos permitir que se haga de la liberación de los secuestrados —a quienes nunca debieron secuestrar, a quienes han mantenido torturados durante una década— un festín para engañar al pueblo colombiano o para proteger con impunidad, vistiéndolos con un manto humanitario, a integrantes de la farcpolítica”. “Quieren hacer un festín politiquero con la liberación del compatriota Moncayo”. “En cada ocasión que Colombia se aproxima a un debate electoral, los jefes del terrorismo quieren engañar al país con propuestas de paz sin buena fe”.

Estos han sido los más recientes pronunciamientos del presidente Álvaro Uribe, refiriéndose a la liberación del cabo Pablo Emilio Moncayo, anunciada hace algunas semanas por las Farc, hecho que se ha convertido, como sucedió en anteriores procesos, en un fuerte pulso entre el Gobierno y el grupo de personalidades del mundo político, académico y de las artes agrupados en  Colombianos y Colombianas por la Paz y dedicados a la tarea de buscar acercamientos con la guerrilla que conduzcan inicialmente a la liberación de todos los plagiados y, en un futuro, a que se abandone la práctica del secuestro como arma de lucha.

Nadie lo reconoce, pero en la Casa de Nariño rumoran que lo que tiene “cargado de tigre” al Primer Mandatario son las intenciones electorales de algunos de los integrantes de dicho colectivo, de cara a las próximas elecciones para Congreso e incluso para la Presidencia de la República. Y dicen que hay asesores que creen que en el mandato de la seguridad democrática no se puede permitir que el tema de la paz sea la bandera de nuevas campañas políticas porque, como asegura Uribe, lo que buscan es “utilizar la reconciliación para hacerle trampas a la seguridad, y para que se fortalezcan los grupos terroristas, cuyo propósito es la destrucción del Estado”.

Si de ánimos electorales se trata, la senadora Piedad Córdoba —cabeza visible de Colombianos y Colombianas por la Paz— despejó esta semana las dudas que existían a su alrededor al no inscribir su nombre en la consulta interna del Partido Liberal que escogerá en septiembre candidato a la Presidencia de la República. La congresista ha dicho en más de una ocasión que se trata de un tema político, pero no electoral: “Esto no da votos. Hay mucha gente que vive de la paz, monta ONG y saca libros, pero se necesita voluntad de servir para asumir los riesgos necesarios para llegar a donde haya que llegar por la paz”.

Sin embargo, es claro que Córdoba buscará mantener su curul en el Congreso y los resultados mostrados en las recientes liberaciones, más el reconocimiento y sus buenos oficios ante los gobiernos de Venezuela y Brasil, siguen siendo asuntos que mortifican al Gobierno. Por otra parte, tampoco se puede desconocer que Colombianos y Colombianas por la Paz está conformado por dirigentes que a lo largo de su vida han expresado inquietudes políticas y que el solo hecho de inmiscuirse en la búsqueda de un acuerdo humanitario es una labor con un trasfondo político, lo cual, dicen ellos, no necesariamente implica motivos electorales.

Ahora, en Colombianos y Colombianas por la Paz están los ex rehenes de las Farc —secuestrados cuando ocupaban cargos de congresistas o diputados—, muchos de los cuales quieren regresar a sus curules. Es el caso de Consuelo González de Perdomo, Luis Eladio Pérez, Orlando Beltrán, Jorge Eduardo Géchem o  Gloria Polanco. Así como el ex gobernador del Meta, Alan Jara, quien si bien le reconoció a El Espectador que está pensando en aspirar a algo en el futuro, advierte que es “una equivocación” que el Presidente los acuse de tener fines político-electorales. “Que yo recuerde, todos los que se han metido con el tema humanitario siempre han salido quemados”, enfatizó.

Hay otros líderes de Colombianos y Colombianas por la Paz que también han revelado abiertamente sus deseos de jugar como candidatos al Legislativo en los próximos comicios: Iván Cepeda, Gloria Cuartas, Carlos Lozano, Bruno Díaz y Lilia Lozano, por ejemplo. Algunos creen que avivar un debate en este sentido en los actuales momentos puede ser un torpedo a la liberación de Moncayo, algo que está buscando el Gobierno, y por eso sostienen: “El único proyecto político que tenemos por ahora es lograr la liberación de todos los secuestrados”, según Iván Cepeda.

Otros le salen al paso a los ataques del Primer Mandatario, como la ex alcaldesa de Apartadó Gloria Cuartas, quien señala: “¿Acaso Uribe es el único que tiene derecho a hacer política? La paz es un derecho político y es totalmente legítimo aspirar.


Piedad va para el Congreso y yo también. Colombianos por la Paz somos un grupo de personas que busca la paz, pero que milita en partidos políticos distintos”. O Lilia Lozano, quien advierte: “Ojalá nos lanzáramos todos los Colombianos por la Paz para armar un Congreso que de verdad legisle para la paz”.

Lo cierto es que el tema de la paz y la guerra será inevitablemente eje de la agenda de la próxima campaña electoral. Incluso hay quienes afirman que esa es la intención del Gobierno, sobre todo cuando está en juego la posibilidad de una segunda reelección y la seguridad democrática —entendida como la lucha contra las Farc— ha sido el pilar sobre el que se ha sostenido la innegable popularidad del presidente Uribe. Lo que sí es seguro es que el jefe de Estado no está dispuesto a dejarse quitar esa bandera. Viéndolo así, es lógico pensar que en la Casa de Nariño ven a los Colombianos por la Paz como una ‘amenaza’.

El ex comisionado de Paz Camilo Gómez es de aquellos quienes creen que si uno está en la paz, “está en eso y no tiene que generar proyectos políticos”, aunque dicha premisa incluye también al presidente Álvaro Uribe. “Es cierto que la búsqueda de la paz requiere un trabajo más discreto y con mucho menos confrontación. Mejor dicho: algo más efectivo, más práctico y más realista. Pero no siempre el Presidente puede ver ánimo político en estas personas porque allí hay gente que está actuando desinteresadamente”, agregó.

El debate está candente. El presidente Uribe atiza el fuego cada que puede y desautoriza a Piedad Córdoba para que actúe como mediadora en la liberación de Pablo Emilio Moncayo. La senadora dice que no va a polemizar con el jefe de Estado: “Vamos a hacer caso omiso de cualquier confrontación”, y anuncia que seguirá adelante en su gestión. El país político se divide una vez más y a los secuestrados y sus familias sólo les queda rezar para que la confrontación política cese y se abra camino a la esperanza.

Así nació Colombianos por la Paz

El pasado 11 de septiembre un grupo de políticos y académicos le enviaron una misiva a las Farc pidiéndole avanzar en el acuerdo humanitario. Al recibir la carta la guerrilla los llamó “Colombianos y Colombianas por la Paz”.

La idea se le ocurrió a la senadora liberal Piedad Córdoba en agosto del año pasado durante un almuerzo con la activista Olga Amparo Sánchez, la ex alcaldesa de Apartadó Gloria Cuartas, el periodista Jorge Enrique Botero, el profesor universitario Alberto Cienfuegos y el escritor estadounidense Marc Chernick.

Así comenzó la redacción de la primera carta dirigida a la guerrilla. Eran más de 100 intelectuales y académicos los firmantes. Fue tan exitosa la idea, que un mes y medio después las Farc respondieron que aceptaban un diálogo público y el 27 de noviembre los Colombianos por la Paz volvieron a escribir preguntándoles si estaban dispuestas a abandonar el secuestro. La respuesta fue la liberación de seis personas.

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2009-05-02T22:00:00-05:00

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