La oportunidad de Juan Manuel Santos

El lío por la orden de captura de un juez ecuatoriano puede convertirse en un trampolín para el ex ministro, de cara a una candidatura presidencial.

Desde Londres, blindado por el silencio que le aconsejan sus abogados, fortalecido por la defensa emprendida por el presidente Álvaro Uribe y respaldado incluso por sus detractores políticos, el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos es hoy el eje de la discusión pública. Un juez ecuatoriano dictó orden de captura en su contra por la muerte de Franklin Aisalla en el operativo militar en que fue dado de baja el jefe guerrillero Raúl Reyes, en marzo de 2008, y cuando esperaba un tiempo de gracia para tomar la decisión de aspirar o no a la Presidencia de Colombia, hoy se ve obligado a recaudar argumentos para salvaguardarse y de paso defender al Gobierno.

Como curtido hombre de Estado, sabe perfectamente que son los gajes del oficio, y en sus vaivenes frente al poder, entiende que en parte le están cobrando su antichavismo declarado. Juan Manuel Santos era el Ministro de Defensa, pero el comandante de las Fuerzas Militares sigue siendo el presidente Uribe Vélez. En otras palabras, al sindicar a Santos, están señalando en Ecuador al Primer Mandatario. Razón de más para que se anuncie la constitución de una gerencia, según Uribe, “para defender a Colombia contra la guerra que desde el interior del país y desde sectores internacionales adelanta el terrorismo en lo político y en lo jurídico”.

Exagerado o no, ese es el camino que admiten los especialistas. Por ejemplo, el ex magistrado de la Corte Constitucional Alfredo Beltrán Sierra la tiene clara: “El tema es estrictamente judicial. No cabe lo político. Se trata de un juez que ejerce jurisdicción en su Estado sobre un hecho ocurrido en su territorio. Si se pretende la revocatoria de su medida, debe hacerse ante él o ante su superior jerárquico”. Una opinión semejante a la esbozada por el abogado Germán Calderón, quien asiente que el juez obra bajo su competencia y que, en consecuencia, el ex ministro Juan Manuel Santos debe salir a defenderse judicialmente para demostrar que obró en una lucha legítima contra el terrorismo.

El otro terreno es político y en tiempos preelectorales, sin querer queriendo, Santos puede obtener una ventaja inesperada. Aunque su decisión de lanzarse o no a la Presidencia está sujeta a que el Primer Mandatario no termine buscando su tercer gobierno, por efecto nacionalista, solidaridad uribista, rechazo a las Farc o prevención ante la expansión chavista o la animadversión del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, el ex ministro Santos quedó en una posición de combate. Nada mejor en un momento en que la sociedad colombiana busca al sucesor de Uribe Vélez, sobre la base de que la seguridad democrática, léase lucha contra las Farc, sea una prioridad sostenible a futuro.

Un escenario interno perfectamente proyectable a los círculos internacionales. Así lo admite el politólogo Juan Carlos Flórez: “Es indudable que contra el ex ministro Santos lo que hay es una retaliación política ecuatoriana por lo que considera una transgresión del Estado colombiano a su territorio. Pero es muy difícil que en los estrados internacionales prospere el señalamiento. Sin embargo, el asunto va a cobrar mucha fuerza en Ecuador, e incluso puede convertirse en una bandera política de su gobierno. de todos modos, va a enturbiar aún más el restablecimiento de las relaciones internacionales con Colombia”. En otras palabras, para bien o para mal, Santos seguirá en el ojo del huracán.

Y desde la necesidad que tiene Colombia de demostrarle al mundo quiénes son las Farc, el ex ministro Juan Manuel Santos quedó en el mejor estrado. Más allá de la defensa que hagan sus abogados y el eco político o jurídico que estas acciones tengan en Colombia, es su momento para demostrar por qué obró legítimamente y cuál es el sentir de la sociedad frente a esta organización que ya pasa de 40 años diseminando violencia. El hecho de que hasta sus opositores hayan salido a apoyarlo, le da suficiente oxígeno para asumir su propia defensa. De alguna manera, como él mismo lo dijo y deberá argumentarlo, la medida no es contra Juan Manuel Santos, la medida es contra Colombia.

Si alguna acción ha sido determinante en los últimos tiempos en Colombia para cerrar el capítulo Farc, es que el mundo entienda que su faceta “revolucionaria” está manchada por acciones de terrorismo y narcotráfico, y que su lucha por el poder ha dejado una secuela de crímenes de guerra y de lesa humanidad que tarde o temprano terminarán en la Corte Penal Internacional. Esa puede ser la bandera y al mismo tiempo la defensa del ex ministro Santos. Pero si no lo capitaliza adecuadamente, también puede ser su talón de Aquiles. La solidaridad no es eterna y mucho menos en política. Pero Santos tiene la mejor oportunidad de demostrar que su causa es la del país que aspira a gobernar.

El ambiente está alborotado. El presidente del Congreso, senador Hernán Andrade, ya propuso que el Poder Legislativo se reúna de inmediato para abordar la crisis institucional que, en su criterio, crea la acusación a Santos. El presidente Uribe sabe que detrás de la orden de captura del juez de Sucumbíos hay más y por eso dispuso que los ministerios del Interior, Defensa y Relaciones Exteriores, sumados a la Fiscalía, aunen esfuerzos para defender a Colombia. ¿Es realmente un problema de Estado? Como quiera que sea, este es el momento de Santos, y sin que lo quieran tanto, los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa pueden terminar obrando como sus jefes de debate.