Gira muda destapó diplomacia de Farc

Uribe no quiso ir a Unasur, pero aprovechó su viaje por el vecindario para explicar su acuerdo con EE.UU. y advertir para dónde van las Farc.

La gira muda del presidente Uribe por siete países de Suramérica dejó claro a propios y extraños que en su guerra contra las Farc no está dispuesto a hacer transacciones con sus vecinos. Por eso, no sólo defendió su decisión de facilitar siete bases de Colombia para la presencia militar de Estados Unidos, sino que de paso les advirtió una vez más a los presidentes de las siete naciones, que la organización guerrillera representa una amenaza continental y que su diplomacia secreta está basada en una engañosa argumentación cuyo fin es desestabilizar el sistema democrático.

El escenario ideal para consolidar este planteamiento pudo ser la cumbre de Unasur, que se instala mañana en Ecuador, con la participación de los gobiernos de Suramérica. Pero precisamente el ausente será Colombia y la gira muda lo explica. El gobierno Uribe no creyó conveniente someter su decisión de las bases militares compartidas con Estados Unidos a la encerrona que pudieran plantearle en el Consejo Suramericano de Defensa, del cual Colombia es parte, y mucho menos hacerlo en un escenario donde Venezuela y Ecuador pudieran sumar en su común antagonismo.

La posición del gobierno Uribe no tiene reversa y así se lo hizo saber uno a uno a los mandatarios de Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. Pero más allá de sus convicciones sobre la necesidad del apoyo norteamericano para neutralizar las rutas del narcotráfico y de paso golpear a las Farc en sus bastiones tradicionales, tras haberlas expulsado de las zonas más densamente pobladas, Uribe recalcó a los siete mandatarios que la diplomacia de las Farc confunde y causa estragos, y que la indecisión termina revirtiendo en sus propias sociedades.

De alguna manera eso explica los altibajos en las relaciones internacionales con Venezuela en los últimos años y la crisis que desde hace 18 meses tiene liquidado el diálogo con Ecuador. Por cuenta de las Farc, dos países vecinos cuya integración con Colombia dejaría incalculables beneficios sociales y económicos, hoy sostienen agrias relaciones. Es cierto que se han cometido errores y que la controversia por el ataque al campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano ha sido sometido al ajedrez de calculadas filtraciones, pero la gran ganadora es la secreta diplomacia de las Farc.

Su deseo de establecer relaciones políticas más allá de las fronteras, forzando a que en el extranjero afloren dudas entre el rechazo a su violencia o la aceptación de una ambigua neutralidad. Las relaciones internacionales de las Farc, engañosa faceta de la guerra que hace varias décadas azota a Colombia, queda al descubierto una vez más durante la gira muda que el presidente Uribe adelantó en la semana que concluye. Un pulso aparte que el Jefe de Estado admitió hace algunas semanas: “Las Farc tuvieron gran diplomacia internacional que superó a la cancillería colombiana”.

La diferencia es que ahora las autoridades tienen claro cómo funciona esta red de contactos y esa información fue el as inesperado que esgrimió el presidente Uribe en su gira muda, como contrapeso al resquemor continental por las bases compartidas con Estados Unidos. Los enlaces del frente internacional de las Farc que hoy orienta el jefe guerrillero Iván Márquez, quien sucedió en esta tarea al abatido Raúl Reyes, y que ya cuenta con nuevos cuadros para persistir en su tarea de encontrar suficiente apoyo político en América Latina y Europa para su postura guerrillera.

Un objetivo político diseñado desde los años 80 como la necesidad de justificar ante el mundo las razones de su lucha armada, con sucesivas creaciones apuntando al mismo propósito. El Grupo de Apoyo Internacional de las Farc (Gaif), que de la mano de Reyes y el apoyo de Ovidio Salinas, Juan Antonio Rojas, Olga Lucía Marín y Marcos Calarcá, entre otros, logró posicionar a la organización en varios países, al punto de que en México llegó a tener oficina permanente y en Costa Rica, Nicaragua, Brasil, Venezuela, Ecuador, Suiza o España, asociaciones afines a su lucha.

Después vino la Comisión Internacional (Cominter), consolidada en los años 90, que operó con éxito antes y durante la vigencia de los diálogos de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las Farc, pero que empezó a agrietarse cuando a instancias de la misma administración que intentó hacer la paz, terminó en los listados de las organizaciones terroristas. En la zona de distensión fueron anfitriones de incontables delegaciones foráneas pero después del fracaso de las negociaciones de paz, quedaron en la mira de aquellos países que fueron entendiendo su doble juego.

En 2003, la organización fue artífice de la Coordinadora Continental Bolivariana, pero ya tenía encima la ofensiva sin par que desplegó en su contra el gobierno Uribe. Hoy se sabe que en Bélgica, Gran Bretaña, Francia, Alemania o España se mueven varias ONG que respaldan a las Farc; en Argentina, Chile, Brasil y Perú existen contactos políticos que ayudan a sostener su discurso; y definitivamente, así el asunto divida a los gobiernos, Venezuela y Ecuador son los territorios anexos donde las Farc quieren hacer alianzas con un solo objetivo: presionar a Colombia para ganar terreno en su guerra.

El gobierno Uribe tiene claro el diagnóstico y en su gira muda lo expuso como refuerzo a su decisión de aliarse con Estados Unidos para ponerle fin a la violencia que desde hace varias décadas azota a Colombia. Pudo llevarlo a Unasur, pero el momento y el escenario no eran viables. Este lunes se posesiona Rafael Correa después de ser reelegido y Ecuador asume la coordinación del Consejo Suramericano de Defensa. En el interior del país ya sabe cómo enfrentar a las Farc, pero en el extranjero entiende que tiene que proceder con sigilo. La otra pelea se libra contra la diplomacia de las Farc.