‘Sin Uribe, cualquier cosa puede pasar’

Ex senador liberal Rodrigo Rivera está convencido de que si no hay reelección, el país puede regresar a la época del Caguán.

¿Por qué aprobar el referendo?

Cinco millones de ciudadanos firmando una iniciativa es la demostración de participación popular más intensa de la historia de Colombia y no se puede tratar con desprecio. No es culto a la personalidad de Álvaro Uribe, ni que hayamos perdido el apego a las convicciones democráticas o que despreciemos la Constitución. Es instinto de conservación. La gente valora lo que ha ocurrido en los últimos siete años en materia de seguridad y temen que quede en riesgo el próximo año con la polarización política. Y teme mucho más cuando en el escenario internacional ven lo que pasa con Chávez y Correa o cuando ven a líderes de Colombia moviéndole el piso al Gobierno en materia de orden público y política exterior.

¿De verdad cree que un candidato puede ir en contra de la seguridad democrática y tener opciones de ganar?

De dientes para fuera todos defienden la seguridad democrática, pero hay que desenmascarar la mentalidad que nos condujo al desastre del Caguán. Esa visión ‘robinhoodesca’ todavía la tienen buena parte de nuestra clase política que aspira a presidir este país.

O sea que ni Santos, ni Arias, ni Vargas Lleras, ni Noemí  representan una continuidad de la seguridad democrática…

No quiero decir eso. Hay nombres que podríamos gobernar este país y mantener el rumbo que ha tenido el presidente Uribe. Pero hay riesgos porque estamos polarizados. Es mejor tener un seguro de vida con la posibilidad de reelegir al presidente Uribe. La gente sabe que sin reelección podemos ir a la elección más abierta en la historia reciente y cualquier cosa puede pasar.

Por lo que veo, se incluye usted en la lista de sucesores...

Ya fui candidato y hoy tenemos un reto descomunal: terminar la tarea que hemos iniciado en materia de seguridad. Deberíamos tener la generosidad de entender que hay que ver al presidente Uribe como el jefe del Estado y no como un adversario político.

¿Hay gobiernos extranjeros intentando influir en el escenario electoral colombiano?

Con los presidentes Chávez y Correa tenemos una crisis de confianza por su ambigüedad en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Los líderes políticos tenemos la obligación de prever siempre el peor escenario y no pensar con el deseo.

¿Está politizada la Corte Suprema de Justicia?

Mis críticas han sido al Congreso. A uno no lo obliga nadie a ser congresista y cuando uno, como servidor público, confiesa el miedo y ese miedo le puede a sus convicciones, está en la obligación de renunciar. Lo otro es una vergüenza. Ahora, no puede ser que un magistrado le niegue a los colombianos el derecho a decidir.

¿A qué magistrado se refiere?

Yesid Ramírez, a quien respeto personalmente pero que toda la opinión pública conoce que ha tenido controversias de fondo con el Presidente. Creo que tenía que haberse declarado impedido en el proceso contra los 86 representantes que votaron el referendo. La Corte perdió una oportunidad histórica de no quedar como una institución movida por intereses políticos. Yo sé que hay magistrados correctos, moderados, que obran con justicia y rectitud y no por pasiones políticas. Creo que estamos en una hora oscura de la justicia colombiana.

En agosto de 2004, a raíz de la primera reelección, usted dijo que el gobierno Uribe estaba intentando desmontar la Constitución de 1991…

En noviembre de 1999, cuando el país estaba embelesado con el Caguán y mi partido lo apoyaba, e incluso el senador Vargas Lleras no le encontraba reparos, yo hice el primer debate contra la zona de despeje. En la primera reelección dije que era partidario pero que debía enmarcarse dentro de acuerdos políticos. Estos no se dieron y yo voté en contra. En diciembre pasado, cuando se plantea por cinco millones de colombianos un nuevo mandato del Presidente, expresé que el tema no era la reelección sino la continuidad de la seguridad democrática, que está en riesgo ya no militar, porque los violentos están muy diezmados, sino político porque estamos muy divididos. MI llamado es a hacer de la seguridad democrática una política de Estado. Si no somos capaces porque prevalecen los intereses partidistas y las ambiciones personales de algunos que creen que si no son presidentes en 2010 se acabará el país, entonces allí está la popularidad del presidente Uribe como un poderoso instrumento en manos del pueblo para garantizar su continuidad.


Pero si son los reeleccionistas los que creen que si no es Uribe se acaba el país...

Lo que estamos diciendo es que si no está abierta la posibilidad de que el presidente Uribe pueda ser candidato en 2010, vamos a ir a una elección con alto riesgo de elegir a alguien que como caballo de Troya termine desmontando la política de seguridad democrática  y metiéndonos en un proceso de zona de despeje para negociar intercambios humanitarios.

Insisto ¿reelección a pesar del desmonte de la Constitución?

La única forma en que este proceso se abra camino es con absoluto respeto a las formas que están previstas en la Constitución. Respeto a lo que decida el Congreso, la Corte Constitucional y el pueblo en las urnas.

¿Y dónde queda el equilibrio de poderes con tres mandatos?

El equilibrio de poderes no puede ser que 10 o 20 columnistas muy importantes hablen en Bogotá y el pueblo calle. El equilibrio de poderes es que esto se haga a través de los cauces constitucionales y que participen todas las ramas del poder público, como está sucediendo.

Decía usted en 2004 que la reelección agudizaba la polarización y distraía al país de temas estructurales...

Sigo pensando que la polarización es el peor signo político de los últimos años en Colombia. Creo que uno tiene la obligación de seguir pregonando la idea de la necesidad de unirnos. Pero mientras eso no ocurra, las Farc seguirán jugando con razón a la esperanza probable de que el próximo 7 de agosto van a tener en la casa de Nariño un inquilino que sea mano blandita y más dispuesto a creer el cuento de que ese sí se va a ganar el Nobel de la paz.

¿La polarización no gira es en torno al tema de la reelección?

Eso es lo que nos quieren hacer ver los antiuribistas, pero la verdadera polarización se da entre las dos mentalidades: la mentalidad caguanera que nos condujo al desastre de finales de los 90 y principios del nuevo siglo y la mentalidad de la seguridad democrática.

Usted ya no está en el Partido Liberal ¿dónde está entonces?

He sido un liberal de cuna y lo seré hasta la muerte. A uno no lo echa nadie de sus convicciones.

¿Qué pasó en su relación con el ex presidente Gaviria, de quien dijo que siempre sería una antorcha que ilumina?

Le tengo gran respeto, admiración y afecto personal. Lamentablemente creo que tenemos lecturas distintas de las prioridades que tiene el país en estos momentos y por eso hemos tomado caminos diferentes.

¿Hace cuánto no habla con él?

Desde septiembre del año pasado.

Hay quienes dicen que detrás de su uribismo lo que hay es un interés burocrático futuro…

Pues aquí estoy en la calle. No estoy colocado de ministro, ni de procurador, ni de fiscal. Hay quienes quieren convertir el debate político en una pasarela sobre personalidades.

¿No es preocupante que ya se esté hablando de nuevos Yidis y Teodolindos para pasar el referendo?

Han armado tantas caricaturas y  ha dicho tantas cosas que no tiene nada de raro que digan una más. Todo mundo se da cuenta en Colombia que si el Congreso no ha aprobado el referendo desde hace meses, es justamente porque eso no se está presentando.

Y si el referendo no pasa ¿usted se lanza?

Soy un optimista profesional y un hombre de fe. El referendo va a pasar, va a ganar el sí y vamos a tener la carta abierta de la reelección del presidente Uribe.

O sea que si el referendo pasa, el Presidente sí buscará un tercer mandato…

Si Colombia lo necesita, él no se va a negar.

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