“Se necesita menos mano firme”

El padre Darío Echeverry explica su nueva empresa por la paz. Se trata de un acuerdo para lograr mínimos de convivencia.

Asegura que sigue buscando contactos cara a cara con los actores armados ilegales para invitarlos al diálogo. Dice que no necesita permisos ni del Gobierno ni de las Farc o los paramilitares para luchar por la paz.

El padre, quien dice todo con dulzura pero sin ambages, le expresó con firmeza al entonces candidato presidencial único del Polo Democrático, Carlos Gaviria, la sentencia inmisericorde: “Doctor Gaviria, no creo que usted vaya a ser Presidente”. Sin ofensas, aclaró. Acto seguido le lanzó una propuesta: “Lo que sí creo es que en sus manos está liderar una oposición que sea capaz de convocar a un gran acuerdo nacional para establecer, entre todos los colombianos, unas mínimas condiciones de paz”.

Corría el año 2006 y el país estaba ad portas de un nuevo mandato de Álvaro Uribe. El religioso de la orden claretiana, con 30 años de servicio en la Iglesia católica, explicó su nueva empresa en el encuentro, en el que también estaban el ex secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Fabián Marulanda; el ex presidente de esa institución, monseñor Luis Augusto Castro, y el padre Jaime Restrepo: “Muy simple, es un acuerdo, un consenso en busca de la reconciliación”.

Parecía una iniciativa más, de esas que buscan brindar razones para la esperanza con la palabra paz como lugar común, pero esta vez la hacía un hombre que verdaderamente es considerado un estandarte de la lucha por la convivencia pacífica. Darío Echeverry, el Padre de los contactos, como lo bautizó una vez un periodista, en alusión a las conexiones que el sacerdote logró establecer con algunos jefes guerrilleros en su anhelo por lograr acuerdos que silencien los fusiles. Gaviria no titubeó cuando preguntó: “¿dónde le firmo?”.

Tampoco titubearon Salvatore Mancuso y los voceros del Eln que a los pocos días, y atendiendo a la invitación del cura, anunciaron su intención pública, y evidentemente inexistente, de sumarse a este gran acuerdo nacional que, pensándolo bien, no pretende mucho. Que no habla en tono demagógico de “la paz de Colombia” o “la felicidad del pueblo”, sino que pide de manera clara y honesta a todos los actores —armados y desarmados, legales e ilegales— de esta antigua guerra, ser capaces de llegar a acuerdos mínimos de convivencia.

La nueva puerta hacia la salida del drama se abrió apenas por unas horas en aquel año. Ninguno de los convocados por Echeverry lo ayudó con la bandera y fue hasta hace seis meses que el secretario de la Comisión de Conciliación Nacional de la Iglesia echó su proyecto a andar en firme.

En este tiempo la voz ha corrido hasta llegar a oídos de grandes empresarios, líderes de la academia, ciudadanos de a pie y, cómo no, los hombres de las armas, que, espera el padre, deberán responder más temprano que tarde la invitación a sentarse a la mesa para humanizar las condiciones del conflicto.

En realidad, no se trata de una tarea muy distinta a la que el religioso, de 56 años y cuyo trabajo espiritual se ha centrado en comunidades vulnerables como las de Chocó y Putumayo, ha venido realizando desde hace más de tres décadas. El Padre de los contactos, el Obrerito de la Iglesia, como se autodefine, lleva toda su vida de sacerdote trabajando por la convivencia pacífica de los pueblos. Convencido de que la solución política negociada es la única escapatoria a la guerra, dejando de lado su bajo perfil, habló con El Espectador de su nueva empresa y de la situación de los secuestrados.

Hace casi siete años, cuando fue nombrado secretario general de la Comisión de Conciliación Nacional, usted aseguró que iría hasta donde fuera necesario para construir condiciones favorables de negociación, ¿sigue creyendo que la negociación es la única salida posible al conflicto armado?

Estoy convencido de que la única salida al conflicto que vivimos los colombianos es y será la solución política negociada.

¿En qué anda la Comisión de Conciliación Nacional?

El Consejo Episcopal de Paz y la Comisión le están apostando al compromiso humanitario de hablar cara a cara con los actores del conflicto armado para, entre todos, encontrar salidas que permitan humanizar la guerra. 

¿Esa búsqueda de contactos cara a cara la conoce el Gobierno?

Ciertamente. La Iglesia le ha hecho sentir al Gobierno que somos la voz de los que no tienen voz, que en las regiones hay unas monjitas y unos curitas valientes que defienden a muchos.  La idea es que con esto entiendan que tenemos ese compromiso humanitario. Puntualmente, queremos hacer una convocatoria.

¿Algo así como un acuerdo?

Exactamente sería un acuerdo nacional para unos mínimos de paz. No nos resignamos a cruzarnos de brazos sólo porque muchos dicen que no estamos para una paz negociada.

En concreto, ¿cómo se lograrían esos mínimos de paz?

La metodología incluye tres esquemas de trabajo básicamente. Primero, desde la Conferencia Episcopal hemos convocado a los representantes de muchos sectores de la sociedad. Segundo, programamos unos foros regionales para escuchar a la gente común y corriente. Por último, escribiremos en un documento los mínimos de paz consensuados en esos encuentros. La idea es entregarlos en marzo a los candidatos presidenciales.


¿Con quién se han reunido hasta ahora?

Con los gremios, las centrales sindicales, los directores de los grandes medios de comunicación, los rectores de las universidades, los representantes de todas las confesiones religiosas, incluyendo a aquellas que no creen en Jesucristo; las ONG… Nos faltan las negritudes, los indígenas y los ex militares.

¿Y qué le han respondido?

Los empresarios, por ejemplo, son conscientes de que hay cansancio en el país frente a estas propuestas, son relativamente escépticos; sin embargo, se han mostrado dispuestos a ponerse la mano en el corazón y en el bolsillo.

¿Y los actores armados ilegales qué han dicho?

Sé que tienen el material con la propuesta de sentarnos a la mesa, pero aún no he tenido respuesta.

¿Qué ha manifestado al respecto el presidente Uribe?

El ex comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo recibió la propuesta completa, aunque no estábamos pidiéndole permiso al Gobierno. De la misma manera como no les estamos pidiendo permiso a los actores armados ilegales. Con ellos o sin ellos vamos a avanzar.

¿Cómo serán esos foros regionales?

Ya hicimos el primero en Pasto, el pasado 9 de septiembre. Queremos que los campesinos nos digan, por ejemplo, si quieren que el tema de la tierra esté en esos mínimos.

Usted reconoce que en el país hay cansancio de estas propuestas, ¿por qué esta sí va a tener acogida?

Porque la nuestra es una agenda política que no está comprometida con nadie diferente a la población civil. Cuando las cosas se proponen así son acogidas por la llamada derecha y por la izquierda. Queremos incidir en la convivencia nacional, que estos mínimos se vuelvan cultura, una manera normal de sentir.

¿Y Carlos Gaviria sigue enarbolando esta bandera?

No sé. No nos hemos vuelto a encontrar con él ni con el Polo.

Usted dice que la Iglesia aún es escuchada y respetada, pero, ¿sigue siendo escuchada por los actores armados ilegales?

Para contestarle, a través de El Espectador, les preguntaría a Pablo Catatumbo, a Iván Márquez, a Pablo Beltrán, a todos los comandantes de las Farc o el Eln que he conocido personalmente, si no es cierto que reconocen que los mejores soportes humanitarios en los lugares en los que se encuentran los ofrecen los curitas de esos sitios alejados. Sé que la respuesta de ellos es que gracias a estos religiosos, a la Iglesia, hay razones para la esperanza.

Hablando de enviar mensajes, ¿cuál le enviaría a ‘Alfonso Cano’ a apropósito de las imágenes recientes de los secuestrados encadenados?

Le diría que me dio tristeza e impotencia ver a estas personas demacradas y encadenadas. Le diría que esto no es digno de ningún movimiento político, que unas imágenes así ni los dignifican ni los legitiman. Y que ya es hora de sentarse a hacer la paz.

¿Estaría dispuesto a volver a reunirse con los comandantes de la guerrilla?

Siempre. Es una de mis maneras de vivir mi sacerdocio.

¿Sigue en contacto con las Farc?

Hay un bloqueo muy grande, muchas dificultades.

¿Qué hacer para que se concrete la liberación unilateral de Pablo Emilio Moncayo y Josué Daniel Calvo que anunciaron las Farc?

No sé dónde estará el nudo gordiano. Me atreví a plantear que se le dijera al Presidente que estamos luchando por la liberación de los 24 secuestrados políticos, pero que mientras esto se concreta permita la gradualidad de la liberación. Esto no resiste un análisis hecho por alguien que tiene corazón.

¿Quiere decir que se necesita menos mano firme y más corazón?

Se necesita menos mano firme y más humanidad y capacidad de entender que lo primordial es la vida.

“Vi llorar a Joaquín Gómez”

En sus correrías en busca de acuerdos con los grupos armados ilegales para acallar las armas, el padre Darío Echeverry participó en varias de las reuniones con las Farc y el Eln durante el gobierno de Andrés Pastrana. Ha tenido encuentros en La Habana, en cárceles y campamentos con los comandantes de la guerrilla e, incluso, con algunos jefes paramilitares. “A Sonia, de las Farc, le regalé una vez una medallita de María Auxiliadora…  He podido ver a muchos de estos seres de la guerra en situaciones que los vuelven frágiles… Vi llorar a Joaquín Gómez el día en que, después de mucho tiempo, volvió a ver a su familia. No se me olvida que en esa ocasión me preguntó: ‘Padre, ¿cuándo será que va a acabar esta maldita guerra?’”.

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