Rajados en matemáticas

Algunos perdieron por inexpertos en  maquinaria política, unos por  pelear con el Gobierno y otros más por sus propias pugnas internas.

Comenzando por el enredo tan impresionante de la Registraduría en el procesamiento de datos de las elecciones y su tardanza para comunicarle al país los resultados de las votaciones para Congreso y las consultas internas de los partidos Verde y Conservador, la jornada del domingo dejó un largo listado de perdedores en el que aparecen como punteros varios candidatos y precandidatos presidenciales, así como aspirantes al Congreso que fracasaron en su intento de acceder a una curul.

Pierde Sergio Fajardo —tal vez más que cualquier otro candidato presidencial— porque al permitir que lo midieran a través de sus listas al Congreso terminó probando el trago amargo de la falta de maquinaria y el resultado fue desalentador: el candidato presidencial que puntea en las encuestas se quedó sin representación en el Congreso. La falta de maquinaria explica la ausencia de votos, pero no su falta de tino, máxime cuando fueron varias las oportunidades que tuvo para presentarse en conjunto con otros aspirantes,  en vez de hacerlo en solitario.

Pierden también Noemí Sanín y Andrés Felipe Arias, porque la falta de claridad en el resultado de la consulta interna conservadora los polariza más y ello no sólo tiende a elevar la percepción negativa que de ellos tiene parte del electorado, sino que permite que los partidos que ya tienen candidatos se les adelanten en la campaña. Además, el duelo entre ellos por momentos sobrepasó las ideas y se metió al terreno de la agresión personal. Les favorece, claro, que se disipó el temor sobre en cuanto a la posibilidad de que la votación para la consulta resultara inflada en comparación con la de Congreso. El conservatismo logró incrementar su bancada —y con ello puede hablarle más fuerte al Gobierno, sea el que sea— de modo tal que en ese partido hay muchas razones para celebrar a partir de la cantidad de votos obtenidos, pero también muchas preocupaciones por los amagos de división que comienzan a escucharse en voz baja, pese a que ambos han declarado que respetarán en resultado gane quien gane.

Distinta resulta la lectura por los lados del Partido Verde, pues con el triunfo de Antanas Mockus terminaron ganando también los precandidatos Lucho Garzón y Enrique Peñalosa. La altura y la unidad con la que desarrollaron su campaña no permiten duda ahora que ambos aceptan el triunfo de Mockus y aseguran que se ponen a sus órdenes para lo que viene.

Tampoco son buenos los resultados para partidos como Cambio Radical y el Polo Democrático, dado que cedieron en el número de curules y en ambos casos el fenómeno comienza a explicarse a partir de las controversias en que incurrieron con sus aliados. A Cambio Radical le hicieron mucha falta los votos de los congresistas tránsfugas que el Gobierno logró cooptar cuando Germán Vargas Lleras partió cobijas con el presidente Álvaro Uribe y su salida de la bancada uribista. Al Polo lo mató la división interna incubada durante la escogencia del candidato presidencial.  Y lo remató el “efecto Samuel”, por los controvertidos resultados que hasta el momento deja la Alcaldía de Bogotá.

A ambos partidos les hizo falta también una punta de lanza fuerte en las elecciones de Congreso. Tanto Vargas Lleras como Gustavo Petro, el candidato presidencial del Polo, fueron durante las dos últimas elecciones las votaciones más altas de sus partidos y en esta ocasión, cuando ellos están en la brega por la Primera Magistratura, hizo falta un gran elector que los sucediera. Es larga también la lista de congresistas que perdieron su curul en el intento por reelegirse o por dar el salto de una Cámara a otra, así como la de personajes de la farándula que ofrecieron hasta desnudarse a cambio de un puesto en el Congreso que no tendrán.

Y, finalmente, no faltará quién diga que, dado que la democracia también se equivoca, pierde una vez más el país con el enorme caudal de votos obtenido por un partido tan cuestionado como el PIN que, con varios de sus líderes en la cárcel, se las arregló para conformar con éxito listas al Congreso en las que salieron elegidos los familiares de aquellos que por parapolítica, masacres o corrupción no pudieron aspirar a título personal.

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