La horade cambiarlas reglas electorales

Diagnóstico y propuestas para acabar con el caos en los comicios. Se requiere reforma estructural y madurez política. 

El caos tras la jornada electoral del pasado domingo —en la que se eligió un nuevo Congreso, el candidato presidencial del conservatismo y los cinco representantes de Colombia al Parlamento Andino— puso sobre la mesa una discusión de vieja data: ¿cómo es posible que todas las elecciones en el país sigan rigiéndose por un Código Electoral adoptado hace ya 24 años, antes de la Constitución de 1991? ¿Por qué nunca ha habido voluntad por parte de los diferentes actores políticos en establecer unas nuevas reglas?

Lo cierto es que cada que se realizan unos comicios, las escenas son repetidas: jurados de votación que no saben qué es lo que tienen que hacer, ciudadanos enredados porque no entienden los tarjetones, desconocimiento sobre lo que es una lista cerrada y una abierta, miles de votos anulados, denuncias de fraudes y demoras en la entrega de la información, entre otras.

Esta vez la situación parece haber tocado fondo. El presidente Álvaro Uribe calificó como “una vergüenza” las fallas de la Registraduría; el ministro del Interior, Fabio Valencia, habló de una “hecatombe” electoral, la Procuraduría abrió investigación disciplinaria contra el registrador Carlos Ariel Sánchez y la Contraloría inició una auditoría al contrato para el manejo de la información de los comicios.

Con todo este panorama, el consenso entre los expertos en la materia es casi unánime: definitivamente se requiere una reforma estructural al sistema electoral, la cual debe ir más allá de lo que se ha hecho hasta ahora con una que otra resolución ajustada sólo a pasajeros intereses políticos. Para el analista Fernando Giraldo, los problemas que se están viendo ahora estaban advertidos desde 2004, cuando trabajó en la Oficina de Asistencia Electoral Adjunta a la Secretaría General de las Naciones Unidas de Nueva York para el Proyecto de Modernización del Sistema Electoral Colombiano.

“Cuando usted hace una nueva Constitución es obvio que tiene que hacer un nuevo Código Electoral. Pero las fuerzas políticas mayoritarias, y eso incluye a los uribistas que hoy tienen el control del Congreso, no han querido hacerlo porque no les conviene. Algún día se les tenía que desbaratar esto y quieren coger de chivo expiatorio —estoy siendo abogado del diablo—, al Registrador. Pueden tumbarlo, pero eso no arregla el problema. Hay que hacer una reforma integral”, dice Giraldo.

No era la primera advertencia. La Misión Internacional de Observación Preelectoral —que estuvo en Colombia entre el 3 y el 15 de febrero pasado visitando diferentes regiones en los departamentos de Córdoba, Valle, Antioquia y Santander—, entregó 11 recomendaciones para mejorar el panorama de los comicios y la primera tiene que ver con lo arcaico del Código Electoral: “Es necesario modernizar las ‘reglas de juego’. No es lógico que el Código Electoral vigente sea anterior a la Constitución Política de 1991 y que se haya constituido en una colcha de retazos donde navega la corrupción, las inequidades y la ineficiencia de todo el sistema electoral”, advirtió.

Las críticas al sistema son contundentes. Por ejemplo, Antonio Madariaga, director ejecutivo de la Corporación Viva la Ciudadanía, cree que no hay más fraude en los escrutinios nacionales porque no hay más ciudadanos interesados en hacerlo, pues si se trata de debilidades, el Código Electoral las tiene todas: “Es de una mentalidad de Frente Nacional y confunde. Pudimos lograr que la Reforma Política creara condiciones nuevas, pero no, por eso no son creíbles las declaraciones del Ministro del Interior de que la reforma va a cambiar las costumbres políticas del país”.

Madariaga cree que la muestra de que hacen falta reglas más estrictas fue el hecho de que los topes de financiación de las recientes campañas se vieron claramente influenciados por el dinero del narcotráfico: “Los resultados de las elecciones del domingo avergüenzan. Allí está el comportamiento electoral en el Valle del Cauca alrededor del Partido de Integración Nacional (PIN), que sabíamos que era el movimiento que agrupaba los votos de la parapolítica”, señaló.

Conocido el diagnóstico, ¿qué hacer entonces? ¿En qué sentido debe hacerse la tan mentada reforma estructural al Código Electoral? Humberto de la Calle, ex registrador y ex constituyente, argumenta que el Código debe cambiarse porque ya no es compatible con el tarjetón electoral, ni con las figuras de voto preferente o no preferente. Y propone que se incorpore un mecanismo más sencillo de votación que le permita a la gente identificar al candidato de su preferencia.

Lo ideal, según indicó, sería incorporar al proceso más tecnología, más acceso a los computadores y dar el paso hacia el voto electrónico, una propuesta que ya ha sido ventilada en el actual escenario por los lados del Gobierno y del presidente del Consejo Nacional Electoral, Marco Emilio Hincapié, de cara a las presidenciales del próximo 30 de mayo. Sin embargo, para De la Calle, en esta materia no se puede improvisar, ya no hay tiempo y no se pueden correr riesgos, así ahora sólo se trate de un solo tarjetón con 11 candidatos y no más de 2.500, los de los recientes comicios.

Otro ex constituyente, Jaime Castro, va más allá y propone cuatro reformas urgentes a aplicar para la mejora del sistema electoral del país: “Hay que cambiar el origen del Consejo Nacional Electoral. Los magistrados de este organismo no los debería seguir nombrando el Congreso de la República ya que terminan siendo dependientes de los partidos políticos. Debe establecerse otra forma de elección en la que no premien los intereses políticos”.

Otra idea es que el registrador nacional sea designado por ese Consejo Nacional Electoral apolítico y que, a su vez, el mismo registrador tome parte activa en sus decisiones, es decir, una figura similar a lo que sucede con el gerente del Banco de la República, que toma parte de la Junta Directiva. Castro habla también de “depurar” el censo electoral.

“Actualmente se hacen cuentas de 30 millones de electores, cuando se sabe que en el mejor de los casos hay 15. Ahorrémonos ese enredo. Que sólo lo integren los que votaron en la última elección, los que no votaron pero se inscriben para votar y los que se han cedulado”, explica. Por último, plantea la verdadera capacitación de los jurados de votación y establecerles una remuneración, eso sí, verificando las calidades.

Ahora, es claro que más allá de las reformas que se necesitan, existe en Colombia lo que los analistas llaman “falta de madurez política”, cuyo síntoma inmediato se palpa con la arremetida del Gobierno en contra del registrador Carlos Ariel Sánchez —con denuncias de consumo de licor de por medio el día de los comicios—, sin tocar siquiera los asuntos de fondo como la presunta injerencia de dineros ilegales en algunas campañas. “Sánchez dio papaya y el Gobierno la aprovechó”, manifestó Jaime Castro, señalando precisamente que esa falta de madurez tiene que ver con la retaliación que parece quiere buscar la Casa de Nariño ante la posición asumida por el funcionario en el trámite del referendo reeleccionista.

La profesora e investigadora de la Universidad del Rosario Beatriz Franco pidió tener cabeza fría de lo que es un proceso electoral y respetar las instituciones: “Es muy difícil cuando el Presidente esté metiendo sus narices y el ministro Valencia Cossio también. No hay respeto de nadie contra nadie y todos quieren pescar en río revuelto”, enfatizó. Y Antonio Galán, ex constituyente, advierte que si en un futuro se ha de llegar al voto electrónico, hay que hacerlo bien hecho: “Que se pueda ver la foto y el nombre de la persona por la que uno vota”.

El debate vuelve a empezar. Analistas y dirigentes políticos aseguran que llegó la hora de aprender la lección. Una pregunta queda en el ambiente: ¿y quién le pone el cascabel al gato? Porque las experiencias en el reciente pasado demuestran que en el asunto electoral, Ejecutivo y Legislativo están llenos de buenas intenciones y a la hora de concretar una reforma nadie la empuja porque el sistema, tal y como está en la actualidad, facilita jugar por debajo de la mesa. Ese es el problema de fondo.

Los intentos por cambiar

Definitivamente, en las elecciones del pasado domingo quedó demostrado que un gran número de colombianos no saben marcar los tarjetones. Más del 10% de los votos al Congreso fueron declarados nulos, según el último boletín de la Registraduría, un total de 1’403.913.

Aunque varias veces se ha intentado reformar o expedir un nuevo Código Electoral, ello nunca ha sido posible y, en cambio, se han aplicado paños de agua tibia en las reformas al sistema político. Por ejemplo, en la de 2003 se aumentó el umbral como requisito para que los partidos pudieran constituirse jurídicamente. Y en la de 2009 se le dieron más facultades al Consejo Nacional Electoral, pero no las de sancionar a los partidos que no cumplieran con aspectos como transparencia y democratización.

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