Una reflexión sobre la vida y la muerte

Hasta el 13 de septiembre estará en temporada ‘Simplemente el fin del mundo’ en la Casa del Teatro Nacional esta obra del dramaturgo Jean-Luc Lagarce.

Luis pronto cumplirá 34 años y sabe que le queda poco tiempo de vida. Por ello decide regresar a casa de sus padres para arreglar algunos asuntos pendientes. Con esta determinación, Luis aparece decidido en el escenario mirando al público a los ojos para hacerlo cómplice de su historia. Luis es el protagonista de Simplemente el fin del mundo, obra del fallecido dramaturgo contemporáneo Jean-Luc Lagarce, e interpretado por John Alex Toro, quien regresa a las tablas luego de una larga temporada actuando en televisión.

Simplemente el fin del mundo es una puesta en escena con la palabra como protagonista que se refiere a la vida y a la muerte de una manera trascendental. Dirigida por Manuel Orjuela, la pieza es también una apuesta arriesgada en el sentido que debe mantener al espectador atento sobre las palabras.

Orjuela inició este proyecto teatral el año pasado para presentarlo en el XI Festival Iberoamericano de Teatro y ahora lo retoma en esta temporada, como preparación para representar a Colombia en el Ulster Dublín Festival de Irlanda y en el Festival de Teatro de Cádiz en octubre.

“La historia de Jean-Luc Lagarce nos toca a Manuel y a mi. Nosotros perdimos a un amigo en el año 2001 que estaba enfermo de sida y murió a los 34 años precisamente. Entonces aparece esta obra donde un hombre dice literalmente eso: ‘Ahora tengo casi 34 años y es a esa edad que moriré y vengo a contar que intento volver a la casa de mi familia para decirle que me voy a morir’ ”, relata Toro, quien considera este montaje como una gran oportunidad para retomar el trabajo teatral.

A pesar de la crudeza de la temática de la vida y de la muerte como eje central de la obra, el sentido del humor también se hace presente en los parlamentos del elenco integrado por Laura García, Mauricio Navas, Ella Fuksbrauner y Laura Londoño. Los actores crean lugares de encuentro a medida que se van desarrollando las situaciones, y revisten el espacio vacío, que simula el interior de una casa, acompañados, además, por miembros del público invitados a sentarse en el escenario.

“Es un intento por acercarse a ese difícil momento de saberse en el umbral de la muerte y tener que atravesarlo. De otra manera es un intento por acercarse a un tipo de ser humano como lo es Luis, que tiene una gran carga de ironía frente a esta situación, una persona con una gran sensibilidad, pero una visión muy práctica de la vida, a veces muy cruda y muy dura”, describe el protagonista de esta obra que invita a mirarse en el espejo de las relaciones como si se estuviera fisgoneando a través de la rendija de la puerta de esta familia.

 

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