¿Tragedia anunciada en Italia?

Un geólogo había alertado de la tragedia que venía.

A Giampaolo Giuliani, técnico e investigador del Laboratorio Nacional de Física de Gran Sasso, no le creyeron. Hace varios días avisó que en la zona de L’Aquila, capital de L’Abruzzo, en el centro del país, se estaban presentando fuertes movimientos de tierra y que eso era un aviso de que un terremoto estaba en camino. Lo tildaron de alarmista, de generar una preocupación innecesaria, de imbécil y hasta de loco.

Giuliani se defendió explicando que con el 'Gamma Tracer', una herramienta que tiene en su laboratorio, podía predecir la llegada de fuertes temblores. Expuso en varios programas de televisión su tesis, basada en el análisis del radón, un gas radiactivo que se escapa del centro de la tierra cuando las fallas tectónicas se mueven fuertemente. Así, el geólogo predijo el lugar exacto en que el movimiento, que en la madrugada del lunes arrasó con el centro de Italia, se iba a producir.

¿Se podría haber evitado la tragedia si lo hubieran escuchado? Ésa es la pregunta que muchas personas se hacen en Italia tras el sismo de 5,8 grados en la escala de Richter que dejó más de 150  muertos, 1.500 heridos y 100.000 personas damnificadas. El director del Centro Nacional de Terremotos explicó, luego del temblor, que la actividad sísmica se había intensificado en la región montañosa de L’Abruzzo desde el pasado 16 de enero, con cientos de réplicas. La más fuerte con una magnitud de 4 grados en la escala Richter el pasado 30 de marzo. Demasiado tarde, aseguró Giuliani, quien está convencido de que la tragedia habría podido ser menor si se hubieran tomado las medidas necesarias.

La peor tragedia

Todo comenzó a las 3:32 de la madrugada del lunes cuando todos dormían. A esa hora, la tierra se movió con tal intensidad que muchos de los techos de casas, viviendas enteras y hasta edificios se vinieron abajo. En L’Aquila, capital de L’Abruzzo y epicentro del terremoto, los habitantes que se lograron salvar relatan la tragedia. Saul Chiuchiarelli, residente en esa ciudad, contó a Efe cómo logró salir ileso del terremoto mientras el techo de su vivienda se le venía encima.

A Chiuchiarelli lo despertó el sismo y vio que pedazos del techo y de las paredes caían en su dormitorio. “No sólo el yeso, sino partes del hormigón caían sobre mi, aunque por fortuna no me alcanzaron”, declaró. Agregó que todos sus vecinos salieron corriendo mientras sus viviendas se desmoronaban como un castillo de naipes. L’Aquila fue la ciudad más afectada por el movimiento telúrico. Numerosos edificios del casco histórico sufrieron daños, incluida la catedral. Las primeras estimaciones que recogen los medios de comunicación locales hablan de entre 10 a 15 mil edificios averiados por el temblor, entre ellos algunos de construcción reciente, que terminaron con fachadas destrozadas.

Parte de un instituto llamado la Casa del Estudiante y la torre de la iglesia de Alma Santa también quedaron hechos escombros. “Algunos alcanzamos a salir corriendo, pero cuando bajábamos cayeron las escaleras de un piso y tuvimos que escapar por un hueco”, relató a Luigi Alfonsini, un estudiante de 22 años.


L’Abruzzo es una región montañosa rodeada de pequeños pueblos con casas viejas y ambiente rural. Los medios de comunicación hablan de que hasta 26 de estas localidades quedaron muy dañadas y pintan una situación aún más preocupante. Gianfranco Fini, portavoz de la cámara baja italiana, así describió la tragedia: “El terremoto destruyó virtualmente pueblos enteros”. Mientras tanto, las cifras no hacen más que aumentar con el paso de las horas. Fuentes de los servicios de emergencias señalaron que puede haber muchas víctimas bajo los escombros, según informó el diario italiano La Repubblica.

El ministro del Interior Roberto Moroni, quien llegó a L’Aquila horas después del temblor, señaló que hasta el momento, el gobierno tiene reporte de 100 muertos. “Es la peor tragedia desde que comenzó el milenio”, dijo Guido Bertolaso, el jefe del Departamento de Protección Civil.

Pero además de las pérdidas humanas, el terremoto dañó varias obras de arte. Según fuentes de la Superintendencia de Bienes Arqueológicos, los restos de las Termas de Caracalla, en Roma, sufrieron daños considerables. Una grieta que ya existía en la arcada central de la “Natatio” o Psicina de las Termas se agravó a causa del temblor. Las autoridades están revisando el estado de  edificaciones antiguas en Roma, además del Coliseo, el Palatino y el Foro Romano para corroborar que no hayan sido afectadas por el movimiento.

Caos y confusión

Ante el temor de nuevas réplicas, la mayoría de los habitantes de L’Abruzzo abandonaron sus casas y se concentraron en plazas y calles. Las carreteras de llegada al lugar de la tragedia están trancadas por el caos. Miles de personas tratan de huir del lugar hacia otras zonas más seguras. En L’Aquila y otras poblaciones no hay electricidad y la caída incesante de lluvia está complicando las labores de rescate y el trabajo de los cuerpos de socorro. “Miles de personas se han quedado sin hogar y la lluvia no permite que las dejemos sitios seguros”, se quejó uno de los miembros del cuerpo de socorro que trabaja en la búsqueda de personas y en la remoción de escombros.

Los hospitales de la zona tampoco dan a basto. Protección civil tuvo que habilitar clínicas en tiendas de campaña, mientras el ministro de Salud, Maurizio Sacconi, hizo un llamado a la población para que done sangre. Por su parte, el presidente de la región, Ganni Chiodi, reconoció que la situación es de extrema gravedad y pidió a los ciudadanos que se reunan en estadios de fútbol o al aire libre para evitar más daños.

Se trata del terremoto con mayor cantidad de víctimas fatales desde el 23 de noviembre de 1980, cuando un sismo de magnitud 6,9 sacudió las regiones del sur del país, en el que perecieron cerca de 3.000 personas. El primer ministro Silvio Berlusconi en una rueda de prensa declaró el estado de emergencia. Cuando un periodista le preguntó, por qué no habían escuchado al geólogo Giuliani, su equipo señaló: “Es imposible predecir un terremoto. Así lo confirma la comunidad científica internacional”.

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