'Esto ha sido una tortura': Burr

Aunque el caso del estadounidense Chandler Burr les da luces a los solteros homosexuales para adoptar en Colombia, se abre de nuevo el debate sobre los vacíos jurídicos que existen frente a este tema.

Mientras el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la Procuraduría insisten en que en Colombia existen enormes vacíos jurídicos en los casos de adopción de niños por parte de personas homosexuales, el estadounidense Chandler Burr ya alistó el viaje que este fin de semana lo llevará junto a sus hijos adoptivos a Nueva Jersey.

La felicidad de tener a sus pequeños de vuelta es incontenible. Después de ocho meses de luchar por recuperarlos, el lunes en la noche Chandler Burr pudo dormir tranquilo junto a ellos. Ese día el ICBF le devolvió al periodista estadounidense —columnista de The New York Times y curador del Museo Metropolitano de Nueva York— la custodia de sus pequeños de 9 y 13 años, luego de que el pasado 2 de abril, por decisión de una defensora de familia, el Instituto le impidiera la salida de los niños del país al conocer que Burr es homosexual.

La defensora de familia que asumió la revisión del caso decidió regresarle los niños a Burr tras tener en cuenta la opinión de los dos hermanos (quienes conocen y respetan la orientación sexual de su padre), la recién firma de la Ley Antidiscriminación (1482 de 2011) y la legislación vigente frente al tema.

El director del ICBF, Diego Molano, aseguró que este es uno de los casos más complicados que ha asumido la institución y afirmó que existe un vacío jurídico, porque la ley colombiana “no determina las circunstancias relacionadas con la adopción de niños por personas solteras, dependiendo de su orientación sexual”. Sin embargo, desde 1995, la Corte Constitucional aclaró en la Sentencia T-290 que: “Negarle a una persona la posibilidad de adoptar o cuidar a un niño, por la sola razón de ser homosexual, constituiría un acto discriminatorio contrario a los principios que inspiran nuestra Constitución”. Además, el fallo defiende que el comportamiento ético, que es el que debe evaluarse para decidir si un adulto es o no competente para educar a un niño, nada tiene que ver con sus preferencias sexuales.

Confiado en que el caso se resolvería a su favor, Chandler Burr dice que “lo que tenía que hacer el ICBF era ceñirse a lo que dictan las leyes colombianas”. Ahora, prepara junto a sus hijos el viaje que el próximo fin de semana los llevará a Nueva Jersey (EE.UU.). Los pasaportes azules de los niños ya están en la Embajada, donde se están tramitando sus visas. Tienen planeado comprar un árbol de Navidad y decorarlo juntos y espera que la Corte Constitucional seleccione su caso para que lo revise y tome una decisión definitiva.

Pero fueron ocho meses difíciles para él y sus hijos. Al principio se comunicaban a través de internet, “no sabes lo que es amar, cuidar, consentir y regañar a tus hijos a mil kilómetros de distancia a través de una pantalla”. Luego el ICBF ordenó aislarlos completamente. Burr recibió el apoyo de diferentes organizaciones defensoras de derechos y finalmente el abogado Rodrigo Uprimny, miembro del Centro de Estudios de Derecho Dejusticia, asumió su defensa. Incluso El Espectador conoció una carta que llegó a la Embajada de EE.UU. firmada por dos senadores de ese país (Robert Menéndez y Frank R. Lautenberg), en defensa de Burr.

Este caso reabre el debate en Colombia sobre la adopción de niños por parte de homosexuales. Aunque en 2009 un juez ordenó al ICBF tramitar la adopción de una niña por parte de una pareja de lesbianas, el vacío jurídico persiste y debe ser resuelto. Las luces a una posible solución podrán llegar con la regulación del matrimonio entre homosexuales que, por orden de la Corte Constitucional, deberá presentar el Congreso antes del 20 de julio de 2013.

Para el abogado Uprimny la decisión del ICFB en el caso de la familia Burr no es un precedente jurídico frente a la adopción por parte de parejas gay, pero sí cultural. “Por ser una decisión de una defensora de familia no implica un precedente judicial, como sí ocurriría si se tratara de la Corte Constitucional, pero culturalmente el debate que se genera les demuestra a algunos sectores de la opinión pública, que tienen temores infundados sobre la adopción por parte de homosexuales, que permitir esta posibilidad hace que niños que nunca tendrían hogar puedan ser parte de una familia”.

Ayer, la Procuraduría anunció que impugnará la decisión del ICBF y rindió “concepto negativo” frente al proceso argumentando que se presentaron irregularidades en los conceptos psicológicos tenidos en cuenta por parte de la defensora de familia para la entrega de la custodia a Burr.

El organismo de control consideró que el Informe de Evaluación Clínica-Psicológica de Chandler Burr muestra “contradicciones respecto de la vigencia de sus relaciones de pareja con personas del mismo sexo”.

La Iglesia católica, a través de monseñor Rubén Salazar, pidió la revisión del caso. “¿Cómo se vienen a dar cuenta de que (Burr) es homosexual, después de que le entregan los niños ?”, se preguntó.

Al respecto el abogado Mauricio Noguera, también parte de la defensa, asegura que son pocas las posibilidades de que se anule la adopción, “las sentencias de adopciones son muy especiales y un reversazo (de la decisión del ICBF), como el que busca la Procuraduría, no ocurre”.

Así fue la adopción

En los viajes que emprendió a Asia, Chandler Burr se conmovió con las historias de niños huérfanos que buscaban una familia. Allí nació su motivación por adoptar y siempre se inclinó por tener dos hijos. En 2009 ingresó al programa estadounidense Kids Safe, que trabaja junto con el ICBF en Colombia y a través de ellos recibió los perfiles de algunos de los más de 8.000 niños colombianos que por ser mayores de 8 años son de difícil adopción. Allí estaban las carpetas de los dos hermanos santandereanos y Burr se interesó en sus historias. Ese mismo año los niños viajaron a Nueva York a un campamento de verano programado por Kids Safe, en el que conocieron la ciudad y pasaron unos días junto a Chandler Burr. “Sabía muy poco español, pero logramos encariñarnos y la pasamos muy bien, a los niños les encantó la ciudad y viajar en tren”. “¿Por qué no nos adoptas?”, le preguntó el mayor a Burr días antes de regresar a Colombia. Burr no supo qué responder en ese momento, “fue difícil tomar la decisión... saber si tendría las condiciones económicas y si sería capaz de ser papá”, dice. Compró libros para aprender español, lo practicó y en enero de 2010 decidió viajar por primera vez a Colombia para conocer el contexto de los niños que vivían en San Gil (Santander). Luego tomó la decisión de seguir adelante con la adopción.

Los trámites fueron lentos. Finalmente en marzo de este año el ICBF le entregó a Burr la patria potestad de los dos menores y él se mudó a Nueva Jersey a un apartamento adaptado para los tres. Pero un día antes de embarcarse en el avión que de Colombia lo llevaría junto a sus hijos a una nueva vida, una conversación informal que tuvo con una funcionaria del ICBF detuvo sus intenciones. “Ella había estado presente en todo el trámite de la adopción, nunca hablé de mi orientación sexual porque no lo consideré importante y se lo conté de la manera más informal. Al otro día ella hizo que me quitaran a los niños”. Allí comenzó su lucha por recuperarlos, “en algún momento dijeron que mentí, pero eso no es cierto porque en ningún momento me preguntaron si era o no homosexual. Los niños ya lo sabían y nunca hubo problema con eso, ellos a veces ni entienden por qué mi orientación fue un motivo para separarnos”.

Estos ocho meses Burr los define como ‘una tortura’, por eso la noche del lunes fue de celebraciones. Después de conocer la decisión del ICBF, Burr se reunió con sus hijos y con otros amigos colombianos, hablaron de la Navidad en Estados Unidos, de la Nueva York que los espera plagada de luces, del gusto por la cocina que ha desarrollado su hijo mayor y del sueño de ser bombero del más chico.