"Recen por el Ejército de Siria Libre"

Miles de personas huyen y, según la ONU, los muertos en el convulsionado país superan los 7.500.

“La batalla es cuerpo a cuerpo”, confirmó un alto funcionario a El Espectador, refiriéndose a la feroz lucha que comenzó en la ciudad de Homs desde que se diera inicio a la última ofensiva militar por parte del Ejército sirio contra la ciudad considerada la capital de la rebelión. La Cuarta División Acorazada, liderada por el general Maher al Asad, hermano del presidente Bashar, fue desplegada en Homs como parte de una ofensiva terrestre contra los barrios insurgentes de la ciudad.

Esta unidad de élite despierta el pánico entre los opositores por su reputación, ya que desde el inicio de las protestas estuvo a cargo de la represión en ciudades rebeldes como Deraa o Yisr al Shugur. Los propios combatientes de esas tropas especiales pintan sus blindados con el lema “Monstruos de la Cuarta División”. El régimen sabe que esta es su unidad más leal, ante el temor a las deserciones en el Ejército —40 mil, según diplomáticos turcos—, negadas por las autoridades sirias.

El ejército sirio, qué está compuesto por alrededor de 400 mil hombres —según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres—, tiene a 300 mil soldados repartidos principalmente en dos cuerpos, cinco divisiones blindadas, tres divisiones de infantería mecanizada y una división de fuerzas especiales de paracaidistas y comandos. En cuanto a la división de blindados y artillería, posee 4.050 tanques pesados, 500 blindados de reconocimiento, alrededor de 3.800 vehículos de infantería y de transporte, 2 mil cañones, 150 cañones autopropulsados, alrededor de 250 lanzacohetes, 54 lanzamisiles tierra-tierra y 1.700 cañones antiaéreos.

Es con este poderoso armamento que desde hace siete días bombardean los barrios rebeldes de Homs. Coincidencialmente, hace treinta años las tropas de élite dirigidas por Rifaat al Asad, hermano del entonces presidente sirio, Hafez al Asad, lanzaron un brutal asalto a otra ciudad que se había levantado en armas contra el régimen. Entonces, como ahora, el hermano del líder tenía a cargo llevar a cabo la operación militar. La artillería y los blindados de Rifaat arrasaron la ciudad de Hama, donde los Hermanos Musulmanes habían organizado una rebelión armada.

Uno de los testigos del ataque, Bilal Homsi, explicó que ayudó a recoger restos humanos diseminados luego de la última ofensiva de las fuerzas armadas en varios distritos de Homs. También aseguró que el número de fallecidos aumenta debido a la ausencia de tratamiento médico adecuado por el “bloqueo de las fuerzas del régimen” sobre el bastión de la rebelión contra el régimen, diciendo que en los caminos se habían puestos de control y barricadas, mientras que los francotiradores eran visibles en las azoteas de los edificios en manos de las fuerzas progubernamentales.

“La región está controlada. El Ejército ya ha empezado la búsqueda de las armas y los terroristas rastreando cada sótano y cada túnel”, afirman fuentes del servicio de seguridad y agregan que todavía se conservan algunos focos de los grupos armados. Antes de la retirada táctica del Ejército de Siria Libre, los combates se recrudecieron en el perímetro de Baba Amr entre el ejército regular y grupos de desertores que querían impedir el asalto del barrio que fue “bombardeado de manera intermitente”, indicó Hadi Abdalá, miembro de la Comisión General de la Revolución.

Abdalá añadió que los bombardeos son indiscriminados y afectaron a edificios habitados y mezquitas. Según su testimonio, las fuerzas gubernamentales utilizaron armamento pesado, como disparos de mortero. El fuego procede de tres lugares específicos: la sede de los servicios de inteligencia en Homs, el barrio Karam Chemchem —habitado por una mayoría alauita, la minoría religiosa a la que pertenece la familia de Al Asad— y un puesto de control militar establecido en las afueras de la ciudad.

Las “fuerzas del régimen pudieron cortar una ruta clandestina a través de la cual llegaban provisiones” y el acceso a la ciudad está completamente suspendido, confirmaron varios jefes del Ejército de Siria Libre (ESL). El subcomandante en jefe del ELS, coronel Malik Kurdi, informó que sus combatientes se retiraron después de una fuerte resistencia para repeler la entrada en el barrio de las tropas leales a Al Asad.

Kurdi explicó que la campaña del ejército sirio estuvo respaldada por intensos bombardeos y la participación de unos 7 mil soldados y la información que llega al extrarradio de la ciudad indica que el bastión de la oposición es destruido centímetro a centímetro por las fuerzas del gobierno. Hay muros colapsados y edificios quemados. “Recen por el Ejército de Siria Libre”, pidieron los opositores armados.

El heterogéneo grupo de desertores del ejército e insurgentes que se hacen llamar la Brigada Farouq del Ejército Libre Sirio, prometió luchar hasta el final, aunque algunos líderes de la unidad ya habían huido del arrasado distrito. “Les pedimos a todos los sirios en otras ciudades que se movilicen y hagan algo para terminar con la presión sobre Baba Amr y Homs. Deben actuar rápido”, suplicó un residente del barrio asediado, que no tiene suministro de electricidad ni comunicaciones telefónicas.

Y mientras los grupos armados acusan a Damasco de bombardeos que han dejado a cientos de víctimas mortales, el régimen afirma que son los rebeldes los que abren fuego contra los barrios de Homs y “fabrican videos” que muestran como pruebas de una supuesta agresión gubernamental para “provocar la intervención extranjera”.

Ward, un residente de la ciudad, confirmó que el barrio de Al Jaldiya fue el más afectado tras ser bombardeado con bombas con metralla, proyectiles y obuses de tanques. “Es una catástrofe en todo el sentido de la palabra”, confirmó Ward, quien explicó que los heridos reciben tratamiento en sus barrios por parte de estudiantes de medicina voluntarios. “Hay todavía algunos cadáveres debajo de las casas derrumbadas y los estamos sacando con nuestras propias manos por falta del equipamiento adecuado”, relató.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) informó que la Media Luna Roja Siria estableció diez puntos de distribución y primeros auxilios en Homs. Ayer, luego de cinco días de intentos fallidos por entrar a Baba Amr, miembros de la Media Luna Roja lograron acceder a este distrito, donde permanecieron aproximadamente 45 minutos y donde comprobaron que la gran mayoría de sus habitantes huyeron.

Y mientras se intenta controlar la “Stalingrado de la revolución siria”, las tropas regulares también bombardearon las ciudades de Rastan —20 kilómetros al norte de Homs—, Helfaya —un bastión opositor cerca de Hama— y Harasta —al este de Damasco—, donde las fuerzas militares lanzaron un operativo de seguridad.

Una lucha sectaria

Homs se ha convertido en un escenario escalofriante que muestra lo que podría suceder si una guerra civil se desatara en Siria. Un portavoz de la oposición llamó a los asesinatos y secuestros y el gobierno reprime con fuerza desproporcionada a los opositores armados sin contemplar a la población civil.

Homs representa una reminiscencia de la antigua Yugoslavia en la década de los 90, donde se originó el término “limpieza étnica”. Desde el comienzo de la sublevación el 15 de marzo de 2011, el último mes, las fuerzas de seguridad trataron de retomar la ciudad en varias oportunidades y desde hace tres semanas sus esfuerzos se redoblaron. La “Stalingrado de la revolución siria” fue cediendo ante la represión implacable cuando el régimen trató de volver a imponer el control sobre la ciudad, aunque el gobierno anteriormente había retirado algunas tropas de acuerdo con un plan de la Liga Árabe para poner fin a la violencia. “El régimen quería demostrar a los observadores árabes que era la policía la que se enfrentaba a los manifestantes y no el ejército o los hombres de seguridad”, dijo Abu Hassan, un activista de 40 años de edad, desde el corazón de la ciudad.

La cifra de muertos aumentó en los últimos días y la violencia sectaria parece haber cobrado un impulso incesante que ha desafiado los intentos de los sunitas, chiítas y cristianos para restablecer la paz. Un prominente activista sunita, que habló bajo condición de anonimato, utilizó el término “shabeeha” —una palabra árabe que se refiere a los paramilitares del gobierno— para describir la evolución de la situación dentro de Homs.

“Hay shabeehas en ambos lados”, aseguró refiriéndose a la infiltración de servicios secretos dentro de las filas de los rebeldes. También culpó al gobierno de fomentar las tensiones sectarias y agregó: “Me disgusta lo que está sucediendo en Siria y tengo miedo de lo que pueda suceder”.

Por su parte, Mohammed Saleh, un militante comunista de 54 años, de extracción alauita y oriundo de esta ciudad, que estuvo detenido como preso político durante 12 años y fue liberado en el año 2000, atestigua que los insurgentes detuvieron una camioneta que transportaba a obreros de una fábrica, les pidieron a los cristianos y sunitas que se retiraran y luego secuestraron a 17 alauitas.

Enfurecidas, las familias de los alauitas salieron a la calle y al azar secuestraron sunitas después de exigir su identificación. “Ellos reconocen a qué religión pertenecen a través de su apellido”, dijo. Las familias de ambos lados le pidieron que mediara, Saleh aceptó y tras varios días de negociaciones —y a veces a través de llamadas a los expatriados sirios— logró la liberación de las 36 personas secuestradas. Sin embargo, muchos siguen desaparecidos.

“Estoy en contra del régimen y quiero que se caiga, pero los revolucionarios tienen que presentar una alternativa mejor. Si la oposición va a ser similar al régimen, esto será muy peligroso”.

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Karen Marón / Especial para El Espectador, Siria

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