Análisis: violento inicio de 2020 para los líderes sociales de Colombia

hace 5 mins

La recompensa a una lucha

Los consejos comunitarios de San Basilio de Palenque y La Boquilla terminan una historia en su lucha por ser propietarios del territorio que ocupan hace siglos. Un evento simbólico que da un mensaje de inclusión en Cartagena.

Benkos Biohó, el esclavo africano que lideró hace más de cuatro centurias el levantamiento que culminó con la fundación del primer pueblo libre de América, finalmente tendrá paz. Hoy, de la mano del presidente norteamericano Barack Obama, las comunidades negras de San Basilio de Palenque y La Boquilla recibirán la titulación colectiva que han peleado por años, dicen algunos; por décadas, aseguran otros, o por siglos, como cree la mayoría.

La ceremonia se celebrará en las Plaza de San Pedro, en Cartagena, donde reposan los restos mortales de Pedro Claver, el jesuita que luchó por la libertad de los indígenas americanos. Un acto cargado de simbolismos en plena Cumbre de las Américas, pues además, será el afrodescendiente más poderoso del mundo quien les entregue los títulos a estas comunidades. A pesar de que la historia de cada consejo comunitario es particular, el mensaje es el mismo: inclusión en una de las sociedades más escindidas de Colombia, como es la cartagenera.

El consejo comunitario de Makankamaná de San Basilio de Palenque está situado en las estribaciones de los Montes de María. Pertenece al municipio de Mahates, departamento de Bolívar, y limita con los corregimientos de Malagana, San Cayetano, San Pablo y Palenquito, a 60 kilómetros de Cartagena. El consejo comunitario de La Boquilla se encuentra ubicado entre la Ciénaga de la Virgen y el casco urbano de la capital de Bolívar. Al primero le será entregado un título colectivo por casi 3.500 hectáreas y al segundo por cerca de 40.

“Son dos títulos, cada uno en su condición, que están cargados de un profundo significado. Fue enormemente satisfactorio que los dos últimos actos administrativos que firmé como gerente del Incoder hayan sido estos títulos colectivos. Es simbólico para mí. Palenque es el gran emblema de la lucha por la libertad y La Boquilla tiene un hondo sentido, y es reconocer que en una ciudad tan escindida como lo es Cartagena, estas comunidades son parte de la ciudad y se les está dando un reconocimiento muy importante. Para Cartagena esto tiene que ser visto como una señal para que reconozcan las diferencias de su tejido social”, explicó Juan Manuel Ospina, el saliente gerente del Incoder y quien adelantó el proceso para que hoy esto sea posible.

Ambas titulaciones están fundamentadas en la Ley 70 de 1993, que consagra el reconocimiento de los derechos de las comunidades negras. Pero a pesar de que esta norma se creó pensando en las comunidades del Pacífico, esta es la primera vez que se aplica para titulaciones colectivas en el Caribe.

Los boquilleros, como es el gentilicio del Consejo Comunitario del Gobierno Rural de La Boquilla, han ocupado sus tierras de manera ininterrumpida desde hace más un siglo. A comienzos de 1800, esclavos de las casas señoriales cartageneras se acercaban a esta ciénaga a pescar. Venían de barrios como Getsemaní, San Diego o los pueblos cercanos como Pekín, Pueblo Nuevo y Punta de Icacos. En 1883, un grupo de pescadores se asentaron en estas tierras.

Con el tiempo la comunidad quedó encerrada por los pomposos complejos turísticos y no fueron pocos los embates que han sufrido por quienes pretendían sacarlos para construir allí un lujoso hotel o un vistoso club de pesca. En septiembre de 2010, Benjamín Luna Lozano, representante del consejo, solicitó al Incoder adelantar un proceso de titulación colectiva de los terrenos baldíos que componen esta zona cenagosa. Según el censo realizado el año pasado, allí habitan 9.372 personas, 2.179 familias que hoy verán la materialización del sueño de sus ancestros: formalización de sus tierras y reconocimiento de su cultura.

Pero sin duda, el caso de San Basilio de Palenque es particular, pues sus raíces se funden en los tiempos coloniales. A finales del siglo XVI, Benkos Biohó llegó como esclavo a Cartagena. Venía de África Occidental y sobrevivió al inhumano viaje trasatlántico. Al poco tiempo de su llegada al Caribe, Biohó huyó junto a 30 esclavos más. Caminaron con rumbo a las orillas del mar, en dirección al Golfo de Morrosquillo, y se internaron en los Montes de María, donde fundaron una colonia de cimarrones.

A partir de ese momento empezó la lucha por la libertad del pueblo palenquero. Diseñaron su forma de gobierno, esquemas de seguridad para protegerse del poder colonial. En 1713, por mediación del obispo de Cartagena, Antonio María Cassiani, la Corona le otorgó título colonial al pueblo palenquero y le concedió su libertad. Es desde entonces que este pueblo es conocido como San Basilio de Palenque, una comunidad con identidad, una cultura única y lengua propia. Tan significativo ha sido el proceso de los palenqueros, que en 2005 fue declarado por la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Cuatro siglos después un grupo de palenqueros iniciaron el proceso de solicitud de los títulos colectivos de su comunidad. Así lo explica Adriana Molano, funcionaria de la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura: “Es la consolidación de un proceso que iniciaron unos jóvenes de la comunidad palenquera hace más de diez años por buscar un reconocimiento a su identidad, para contar que sus tradiciones son importantes”.

Para esta comunidad, la base de su identidad es el territorio. Según señala Molano, “lo que los ha hecho visibles es el territorio. Es un rasgo fundamental de su identidad. Para ellos es indivisible su cultura del territorio, porque eso los hizo libres, les dio unas danzas, una música, una forma de organización propia y una lengua único. Entonces, que haya esos títulos colectivos es haber llegado a un momento importante en su lucha de ser lo que son. Esto demuestra que sí son valiosos, porque sufrieron mucha discriminación”.

En este mismo sentido, Sebastián Salgado, representante del Consejo Comunitario Makankamaná y quien recibirá los títulos hoy, sostiene que este es un gran logro que garantiza la protección de su tierra y su cultura. “Es una forma de reconocer que fuimos raptados como esclavos y es una forma de pagar todos los prejuicios que nos causaron. Esto es sólo una parte de lo que Palenque se merece, porque merecemos mucho más. Esta es sólo la primera cuota, pues todavía hace falta que nos garanticen oportunidades de sostenimiento”.

Según Salgado, esta titulación colectiva no les ha devuelto todo su territorio ancestral, pues aún faltan cerca de cuatro mil hectáreas que fueron compradas en condiciones desfavorables por poderosos terratenientes, así como también fueron robadas por el paramilitarismo, que tanto los persiguió.

En este sentido, Juan Carlos Betancur, del Observatorio de Territorios Étnicos de la Universidad Javeriana y quien ha acompañado el proceso de solicitud de los títulos colectivos, advirtió que la entrega de títulos no es, como lo ha caracterizado el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, un proceso de reparación, pues es un acto administrativo ordinario que no se enmarca en la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.

Además, Betancur alertó acerca de los peligros que se ciernen sobre esta comunidad, pues sus territorios se ven amenazados por la ganadería y los monocultivos de caña, arroz, algodón, proyectos madereros y minería. Es decir, como también lo afirma Enrique Márquez, palenquero que siendo representante legal del consejo comunitario inició este proceso de titulación colectiva, esta ha sido una larga lucha que se inició en 2004 y por la que han tenido que sufrir muchos desplantes por parte del Estado colombiano. Y asegura que ésta es apenas la primera cuota de sus territorios.

Para Márquez, es preocupante que de los cerca de 15 mil palenqueros que existen, sólo cuatro mil vivan en el Palenque, pues los otros 11 mil han sido desplazados a Barranquilla, Cartagena y Venezuela. Es decir, “aún falta mucho por resolver en el reconocimiento de la lucha de este pueblo”, sentenció.

San Basilio de Palenque y La Boquilla

El Consejo Comunitario Makankamaná de San Basilio de Palenque está situado en el municipio de Mahates, en la región de los Montes de María, departamento de Bolívar. Tiene una población de aproximadamente 3.500 personas y limita con los corregimientos de Malagana, San Cayetano, San Pablo y Palenquito. Hoy les serán tituladas cerca de 4 mil hectáreas.

Por su parte, el consejo comunitario de la comunidad negra del gobierno rural de La Boquilla está ubicado entre la franja norte de la ciudad de Cartagena y la Ciénaga de la Virgen. El territorio colectivo a titular tiene una extensión de más de 39 hectáreas, que beneficiarán a una población de 9.372 habitantes. Estas dos comunidades son el símbolo de la lucha de las comunidades afros en una Cartagena señorial y escindida que se divide entre los lujosos sectores turísticos y barrios tradicionales de la élite blanca y los cordones de miseria de los barrios periféricos en que viven.

Los palenqueros, contra el conflicto armado

San Basilio del Palenque fue establecido en las estribaciones de los Montes de María, una zona que ha padecido los embates del paramilitarismo por años y hoy se ve amenazada por la presión de poderosos terratenientes que han invertido en proyectos agroindustriales, ganadería o minería en la región.

El Espectador tuvo acceso al informe técnico de Palenque realizado por el Incoder, en el que se advierte: “El conflicto armado obligó a los habitantes de algunos sectores del corregimiento de San Basilio de Palenque, como La Bonga y zonas aledañas, a abandonar el territorio, a tal punto que en el año 2006 fue declarado zona de desplazamiento forzado, lo que ha permitido el registro de derechos territoriales que tradicionalmente ha ejercido la comunidad. Además del desplazamiento forzado, los territorios ocupados por la población palenquera se han visto afectados en los últimos años por el uso, arrendamiento y compra de tierras destinadas a cultivos de palma de aceite y maderables como es el caso de la teca, muchos de los cuales se han venido realizando en tierras abandonadas por víctimas del desplazamiento forzado, situación que ha incidido en la pérdida de la tenencia de la tierra que tradicionalmente han venido ocupando”.

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Alfredo Molano Jimeno

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