Congreso de mayorías

Aunque el panorama por ahora está despejado y los congresistas de la coalición elogian la unidad nacional, el gran reto para el nuevo gobierno es tener contento a todo el mundo.

El presidente Juan Manuel Santos inicia su mandato con unas mayorías en el Congreso de la República que le garantizan, al menos en un comienzo, total gobernabilidad. 73 de los 102 senadores y 137 de los 166 representantes forman parte de la coalición que lo apoyó en su aspiración a la primera magistratura del Estado.

La propuesta de unidad nacional —que incluye a los partidos de la U, Liberal, Conservador y Cambio Radical— le permitirá navegar por buenas aguas frente a un Legislativo que hasta el momento ha mostrado disposición de colaborar para sacar las iniciativas definidas ya como prioritarias por el gobierno entrante.

Atrás quedó la sombra de la revocatoria con que Álvaro Uribe inició su administración, el 7 de agosto de 2002. En ese entonces, la idea del recién posesionado presidente era seguir adelante con una propuesta hecha en campaña de cerrar el Congreso como mecanismo para poner en marcha un reforma política integral. Cuatro meses después, su ministro del Interior y de Justicia, Fernando Londoño, hablaba de un “Congreso admirable”.

Hoy, Juan Manuel Santos pone sobre la mesa una relación diferente entre Ejecutivo y Legislativo. Tras una reciente reunión con los jefes de los partidos de la nueva coalición  —de la U, Liberal, Conservador y Cambio Radical—, se definió la conformación de una “mesa de acuerdo” a la que llegarán inicialmente los proyectos antes de ser presentados al Senado o la Cámara de Representantes. La idea, según explicó el nuevo ministro del Interior y de Justicia Germán Vargas Lleras, es llegar a consensos previos. Incluso, ya se han hecho contactos con movimientos de oposición  —el Polo Democrático y el Partido Verde—, para buscar acuerdos sobre lo fundamental.

“Teniendo el Gobierno unas mayorías tan amplias, que además se han mostrado comprometidas con el programa propuesto, uno podría esperar magníficos resultados. Los partidos de la coalición han incluido sus temas prioritarios en la agenda y los proyectos aprobados por la mesa de unidad nacional deberían tener una respuesta favorable en el Congreso”, dijo Vargas Lleras.

Sin embargo, pese al optimismo, ya se comienzan a vislumbrar pequeñas fisuras que el gobierno entrante deberá entrar a subsanar para evitar problemas en el inmediato futuro. Por ejemplo, en un encuentro el viernes entre la bancada de la U y Vargas Lleras, hubo quienes mostraron su incomodidad por el hecho de que las iniciativas vayan primero a la mesa de unidad, como la senadora Dilian Francisca Toro: “Las leyes más importantes no saldrían este año”, advirtió. ¿La razón? Que en dicha mesa no se tiene conocimiento a fondo de todos los proyectos clave y porque, sencillamente, “las leyes se tramitan en el Congreso y no por fuera de él”.

La agenda inicial que el nuevo gobierno llevará a consideración del Congreso está lista. En ella aparece otra vez una reforma política y electoral, punto que siempre pisa callos. El mensaje que Juan Manuel Santos le ha mandado a la clase política es que se acabó la negociación al detal y llegó la hora de los partidos. El desafío es mantener en firme esa posición y sacar adelante sus promesas de campaña, sabiendo que será muy difícil tener contento a todo el mundo.