La confesión de la 'Mata Hari'

En la explosiva declaración, que está colgada integralmente en la página web de este diario, la ex detective Alba Luz Flórez Gélvez detalla cómo infiltró a la Corte Suprema de Justicia.

Nacida en Cúcuta hace 32 años, soltera, estudiante de psicología, Alba Luz Flórez Gélvez, la avezada detective del DAS que infiltró a la Corte Suprema de Justicia, ingresó al organismo en mayo de 1997. Durante años fue escolta de diferentes personalidades, entre ellas las ex ministras Marta Lucía Ramírez y Cecilia María Vélez, y las esposas de los ex ministros Diego Palacio, Fernando Londoño y Horacio Serpa. Desde 2007 le dieron la orden de recolectar información privilegiada de la Corte. Lo hizo y ahora, en calidad de testigo, confesó sus pasos de ‘Mata Hari’.

En una extensa declaración de 32 páginas  (ver facsímil), conocida integralmente por El Espectador (que puede ser consultada en la página web www.elespectador.com), entre el 24 de mayo y 8 de junio pasados la ex detective le relató a la Fiscalía con lujo de detalles sus andanzas para infiltrar al alto tribunal. En marzo de 2007, el jefe de la subdirección de fuentes humanas del DAS, William Romero, le pidió penetrar la Corte. Con su oficial del caso, Hamilton Nonato, se dispuso a elaborar una misión de trabajo denominada “Escalera”. Pronto, la ‘Mata Hari’ ya tenía una radiografía de su blanco, las afinidades políticas de los magistrados y sus vicios, debilidades y jerarquías.

La ex detective contó que durante 15 días, en cafeterías aledañas al Palacio de Justicia, observó a quiénes podía abordar bajo la fachada de ser distribuidora de productos Omnilife, pero sólo le pudo llegar a conductores de la Corte Constitucional. Entonces recurrió al capitán de la Policía Julián Leonardo Laverde, que se desempeñaba como jefe de seguridad del Congreso y con quien había mantenido una relación sentimental en 2005. Lo primero que hizo fue reconquistarlo, prometerle que se casarían y pedirle que le colaborara con sus contactos para llegar a la Corte Suprema. Le dijo que, de no lograrlo, sería trasladada a Arauca o a Amazonas.

Fue Laverde quien la relacionó con David García, escolta, en principio, del magistrado de la Sala Penal Javier Zapata, y después del magistrado auxiliar Iván Velásquez. Al experimentado subintendente de la Policía se le presentó y durante un mes le colaboró con información sobre comentarios que escuchaba en la Corte. Tiempo después la contactó con otro integrante de la Policía, Manuel Estreinger Pinzón Casallas, quien le entregó todo. Inicialmente, le dijo a Pinzón que era funcionaria de la Presidencia y a éste, casado y con siete hijos en dos hogares, le contó que dependiendo de la información que le suministrara “no tendría que pasar más penurias económicas”.

Rápidamente comenzó a reportar sus infidencias, pero su jefe, William Romero, le indicó que ahora necesitaban los archivos de la parapolítica. Fue así como Pinzón fotocopió los expedientes que se seguían contra los ex congresistas Óscar Wilches, Erick Morris, Álvaro García Romero, Luis Eduardo Vives, Dieb Maloof, Mauricio Pimiento, Guillermo Gaviria, Habib Merheg, Piedad Córdoba, Wilson Borja y Gloria I. Ramírez. Todo cuanto ocurría en las pesquisas de la Corte, lo supo el DAS. En junio de 2008 le pidieron obtener, como fuera, el expediente en contra de Mario Uribe.

Ella le pidió a su mejor fuente, Manuel Pinzón Casallas, que se lo ayudara a conseguir, que había hasta $40 millones como gratificación, pero no se pudo acceder al proceso porque ya estaba en poder de la Fiscalía. No obstante, le facilitaron todos los teléfonos de Iván Velásquez y el resto de magistrados auxiliares que conforman el grupo de investigación de la parapolítica: “Álvaro Pastas, Ángel Ovidio Vargas, Gilberto Guerrero, Luis Fernando Murillo, Luis Antonio Hernández, Héctor Alarcón, Fabio Ortega y Luis Carlos Bonilla”. Según la ‘Mata Hari’, manipuló la parte psicológica del policía Manuel Pinzón para ganarse su confianza.

Estrechó lazos afectivos con él, invitó a su familia y a sus hijos a almorzar. “Se sentían felices porque nunca habían tenido oportunidad de cenar en sitios elegantes y comida rica”. También le dijo a la esposa de Pinzón que debían organizarse y montar un negocio, “y lo felicitaba porque a nivel espiritual había tenido un encuentro con Dios muy cercano, ya que me manifestó que era cristiano”. Así le dijo que para poder sacar adelante a sus hijos debían trabajar muy duro en este proyecto. No le bastó al DAS obtener los expedientes de los parlamentarios. En marzo de 2008, le pidieron información sobre los temas que se debatían en la Sala Plena de la Corte. Entonces, las relaciones entre el Ejecutivo y el alto tribunal estaban muy avinagradas.

La ex detective Alba Luz Flórez le pidió al escolta de la Policía David García que le ayudara a reclutar una persona de bajo perfil, muy discreta. En dos semanas le presentaron a Blanca Yaneth Maldonado, quien prestaba servicios de aseo en la Corte Suprema. En la pescadería Centro Mar, diagonal a la Corte, se reunieron. La ‘Mata Hari’ le pidió colaborar con informaciones de reuniones privadas en la Corte. Pronto le asignó un seudónimo, Betty, le dijo que era una mujer de admirar por el esposo y los dos hijos que tenía y de esa manera, casi simulando ser su amiga, la convenció de meter una grabadora de larga duración en la Sala Plena de la Corte.

En un principio, Blanca Yaneth cargó la grabadora en su bolsillo, pero el audio era muy malo. Entonces Flórez le entregó una grabadora de cuatro centímetros de largo, tres de ancho y medio centímetro de grosor, de color negro, para que la camuflara en un sitio seguro, para que los magistrados, aunque “pusieran las manos debajo de la mesa, no la encontraran”. Además la previno de que a esa sala entraban personas distintas a los magistrados y que debía meter la grabadora dos o tres horas antes de cualquier reunión. Con ella se hizo un trabajo psicológico también, “se potencializaba su buena actitud y se minimizaban sus temores”. La ‘Mata Hari’ le decía que era una mujer muy valiente y que estaba orgullosa de su cooperación.

El contenido de las grabaciones fue tan bueno que, según le contó a la Fiscalía, recibió felicitaciones de la entonces directora del DAS, María del Pilar Hurtado, quien dijo “sentirse muy feliz por nuestra labor”. Con su red de informantes, básicamente escoltas de la Policía, elaboraba informes de inteligencia y les puso alias y claves a sus colaboradores. El seudónimo de David García era Diego y se registró en el DAS con la clave Y66-1. El alias de Pinzón fue Mario. La ex detective dijo que un conductor del magistrado Sigifredo Espinosa, de apellido Rocha, también le ayudó y que su seudónimo era Camilo.

En esas ‘vueltas’ su ex novio, Julián Laverde, le presentó al oficial de la Policía Franklin Grijalba, ni más ni menos que el jefe de seguridad de la Corte Suprema. Grijalba le contaba que el ambiente en el interior de la Corte era muy tenso porque los magistrados sentían que los espiaban. Aunque Grijalba se mostró reacio a ayudarla en principio, ella le dijo que le colaborara por Julián, a quien conocía y apreciaba, que ella lo iba a proteger, que la Policía tenía “que acatar las órdenes de la Presidencia y de sus jefes”, y que la lealtad debía estar primero con la Casa de Nariño que con la Corte. A los pocos días Grijalba le dio el número celular del magistrado Yesid Ramírez, con quien el ex presidente Uribe mantiene una disputa de vieja data. Por la información le pagó $600 mil. Luego Grijalba se desconectó.

En una ocasión, sin embargo, ella se enteró de que sus mañas con Grijalba habían resultado, y de qué manera. El escolta David García le contó que Grijalba había reunido a todos los policías que trabajaban en la Corte para solicitarles información de los magistrados, “que era para Presidencia”. Grijalba también tuvo seudónimo en el DAS: Fernando. A Blanca Maldonado le entregó una grabadora espía del tamaño de un esfero, con la cual recaudó gran cantidad de información. En octubre de 2008, la empleada de aseo le dijo a la ‘Mata Hari’ que tenía una amiga en la Corte, de nombre María, que también le podía ayudar, pero que era muy nerviosa y “había que disminuir los niveles de estrés y ansiedad”.

María le contó que en enero de 2009, magistrados de la Corte se reunieron con la fiscal Ángela Buitrago para hablar sobre el caso de Guillermo Valencia Cossio, hermano del ex ministro del Interior Fabio Valencia Cossio. Los informes de inteligencia iban y venían, pero en octubre de 2008 la tensión era tan grande que las grabadoras instaladas fueron removidas por órdenes del DAS. A la ‘Mata Hari’ le proporcionaron los datos de otros escoltas que podían ser reclutados, pero no pudo hacerlo porque ya no había plata. Según ella, a los uniformados David García, Manuel Pinzón y la aseadora Blanca Maldonado se les pagó con gastos reservados, a través de un formato donde aparecía su clave, su seudónimo, la huella y el precio pactado.

La detective recordó que mucho del dinero que tenía se lo gastaba en obsequios a sus fuentes, como electrodomésticos y anchetas en diciembre. Así obtuvo declaraciones de paramilitares que reposaban en la Corte, como las de Salvatore Mancuso y Ernesto Báez, o de políticos como Eleonora Pineda y Luis Carlos Restrepo. Sus fuentes veían en ella “no solamente a alguien que estaba buscando información, sino una persona que se preocupaba por ellos”, señaló. Y agregó que su asesor, Hamilton Nonato, fue quien la adiestró en tácticas de espionaje e incorporación de fuentes humanas, escenario que tenía tres pasos: reclutamiento, orientación de la fuente y, por último, etapa de manipulación.

La ex detective reconoció haber asistido a conferencias dictadas por el Mossad (cuerpo de inteligencia de Israel), y entregó copias de grabaciones en CD y documentos. Según ella, abrió un correo electrónico para que Pinzón le entregara sus reportes, en caso de que no pudieran verse personalmente. “El señor Manuel fue quien me dio el 80% de la información, el otro 20%, Betty con las grabaciones”. Y anadió: “Él me manifestaba que tenía acceso a los expedientes porque era de entera confianza del doctor Iván Velásquez, que por ese motivo podía estar en sitios estratégicos, tenía acceso a los procesos y aprovechaba cuando las personas se distraían, y las cámaras no lo filmaban, para sacar los procesos”.

En el explosivo relato de la ‘Mata Hari’, ella cuenta que como de Pinzón nadie sospechaba, muchos expedientes que recibió de él “los sacaba de la camioneta asignada al doctor Iván Velásquez”, magistrado que le tenía tanta estima que incluso le pidió que velara por la seguridad de su esposa. Una vez ella le preguntó cómo hacía para fotocopiar los archivos y Pinzón le contó que lo hacía en las fotocopiadoras de la Corte. Toda esta información, aseguró la ex detective, “era muy valiosa y servía para la toma de decisiones del Ejecutivo”. En una ocasión, Pinzón le entregó toda la declaración que rindió en el alto tribunal Rafael García, el ventilador de la parapolítica.

Y confesó apenada que sólo por curiosidad trató de ingresar a la Corte, pero que vio tanta seguridad que nunca más volvió. Para ello contaba con los policías en la nómina del DAS. Así se enteró, por ejemplo, de que Iván Velásquez le reportó a la Comisión Interamericana de DD.HH. que estaba muy amenazado, que tenía certeza de que el DAS lo perseguía a él y a sus colegas, y que un magistrado de la corporación comentó en un aeropuerto que, así se le fuera el resto de su periodo, no iba a descansar hasta comprobar que el DAS los perseguía. También reportó la ‘Mata Hari’ que el magistrado Yesid Ramírez había afirmado tener la certeza de ser espiado.

Precisamente, en abril de 2008, le pidieron averiguar sobre nexos de magistrados de la Corte Suprema con Ascencio Reyes y Giorgio Sale. “Pinzón me comentó que se enteró, a través de un conductor de uno de los magistrados, que Giorgio Sale no sólo le había regalado un reloj Rolex al magistrado Yesid Ramírez, sino (también) unos caballos, y eso fue lo que pude obtener, no más”. Cuando estalló el escándalo se sintió descubierta y su jefe, William Romero, alias Lucas, empezó a temer por su suerte. Otro de sus oficiales, Hans, le dijo que contrainteligencia del DAS lo había llamado para que le entregara toda la información de la Corte, “supuestamente para que el director Felipe Muñoz se pudiera defender”.

Como si fuera poco, indicó que en algunos casos le exigieron elaborar informes de inteligencia ficticios sobre el alto tribunal, con el fin de proteger la información que suministraban sus fuentes. Dichos documentos fueron alimentados a través de internet. En últimas, ella hizo copias de todas las grabaciones y documentos de su computador del DAS, se los envió a su mamá en Cúcuta para que los protegiera, volvió a recuperarlos en abril de 2010 y esa es la información que hoy examina la Fiscalía. Su testimonio le valió ser recompensada con el principio de oportunidad (ver facsímil)  y en adelante, ya en calidad de testigo y no de procesada, seguirá prendiendo su ventilador. Sus fuentes quedaron expuestas y ahora todos tienen que dar explicaciones.

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