Reflexiones sobre tiempos violentos

El director de la Policía y los gobiernos de Bogotá, Medellín y Cartagena urgen por una política pública nacional sobre seguridad ciudadana que tenga alto impacto local.

Para resolver con éxito el desafío de la violencia urbana que aqueja a las principales ciudades del país es necesario trabajar en dos vías: la de las reformas y cambios de estrategias, y la de la urgente suma de esfuerzos entre autoridades locales y nacionales para evitar que los delincuentes evadan la justicia por entre las rendijas del mismísimo ordenamiento jurídico. Estas son las principales conclusiones del conversatorio que realizó este martes El Espectador para tratar el tema con las autoridades de Bogotá, Medellín y Cartagena, así como con el director de la Policía, general Óscar Naranjo.

Para el caso de las sinergias citaron como ejemplo exitoso el caso cartagenero, en el que pese a dificultades específicas —la imposibilidad de hacer operativos de desarme sin autorización de la Armada, para citar uno— los índices de homicidio cayeron gracias al trabajo conjunto entre autoridades civiles y policiales.

En cuanto a las reformas y cambios de estrategias, los invitados estuvieron de acuerdo en la necesidad de desarrollar con urgencia una política nacional de seguridad ciudadana (planteada ya por el presidente Juan Manuel Santos), hacer una cirugía al sistema judicial y enfatizar más en los programas locales de convivencia.

La alcaldesa de Cartagena, Judith Pinedo; el secretario de Gobierno (e) de Bogotá, Andrés Restrepo, y el gerente de la entidad oficial Metroseguridad de Medellín, Jesús María Ramírez Cano, también invitados al conversatorio, coincidieron con Naranjo en que el trabajo para derrotar el monstruo de la violencia en las ciudades debe ser colectivo y, en ese sentido, incluir a todos los actores competentes: desde policías hasta jueces, pasando por directores de cárceles y fiscales.

Los voceros de las alcaldías pidieron a Naranjo que en la estructuración de la política nacional de seguridad ciudadana se tengan en cuenta los esfuerzos locales. Puntualmente, Andrés Restrepo se refirió a las nuevas realidades urbanas como fenómenos a los cuales no se les puede dar la espalda: “Para crear esta política habría que formar una policía que entienda fenómenos sociales, como los punkeros. Es decir, que el policía deje de darles bolillo a los jóvenes de crestas de colores y empiece a entenderlos como parte de la urbe”. Y pidió que en el marco de la estrategia se hagan diferencias, pues una cosa es el crimen organizado, otra la seguridad y otra la convivencia.

El director de la Policía respondió que su institución “entiende el reto” y se declaró en contra del aumento de castigos a menores infractores. “Cualquier joven que delinca es el resultado de una manipulación y de la ineficacia del Estado. Me preocupa que la sociedad los convierta en victimarios”.

El gerente de Metroseguridad, Jesús Ramírez, expuso la experiencia de Medellín llamando la atención sobre el aumento de la participación de los niños en el conflicto, al punto que la tasa de mortalidad de esta parte de la población se duplicó en un año.

También, puso el dedo en la llaga al sugerir que “las fracturas” del sistema penal acusatorio generan impunidad: “Si usted comete un homicidio en Medellín, tiene 95% de posibilidades de que no le pase nada”. Y prosiguió: “Nosotros sabemos dónde están los delincuentes, quiénes son y, sin embargo, las falencias del nuevo sistema nos han impedido combatirlos”.

 “¿Qué proponemos?”, concluyó el general Naranjo. “Que dejemos de jugar ping pong, responsabilizándonos unos a otros, y reconozcamos que este es un problema que requiere una mejor gerencia y cambios estructurales en el sistema”. Todos estuvieron de acuerdo.

La mirada policial

Para el general Óscar Naranjo, director de la Policía, el crimen organizado no está en su punto más alto y los centros urbanos del país, a pesar de los hechos de violencia, no están en vías de ser ciudades fallidas. “La gobernabilidad es total y la Policía puede entrar a cualquier territorio. Hoy, gracias a estos factores, podemos hablar de todo esto con claridad”.

Sin embargo, el alto oficial reconoce que el sistema para atacar el crimen tiene fallas, como el desuso del Código Nacional de Policía o el hecho de tener una justicia que se enfoca en actuar cuando el delito ya ha sido perpetrado y no a detenerlo cuando se tienen indicios de que una persona está en vías de cometerlo.

Naranjo explicó que parte del actuar de los violentos en este momento se explica por la desarticulación de bandas criminales en todo el territorio. “Estamos quebrando los antiguos monopolios y eso crea un cierto estado de desorden por la diáspora de los actores”.

Asimismo, el general no está de acuerdo con incrementar las penas en contra de los menores infractores y explicó que la institución que dirige tiene la misión de respetar las expresiones de individualismo de los jóvenes y de tratar a esta población con especial cuidado y respeto: “Yo siempre he dicho que hay que tener muchísimo cuidado con catalogar a los jóvenes como criminales, porque ahí nos podemos perder como sociedad”.

La voz de Medellín

Jesús Ramírez, gerente de Metroseguridad en Medellín, cree que la principal amenaza que el Estado enfrenta en este momento es el crimen organizado que, según él, ha corrompido y permeado las instituciones mucho más que el paramilitarismo o el narcotráfico.

Uno de los grandes retos es identificar las fuentes de financiación del crimen organizado pues, según Ramírez, los recursos con que se realizan estas actividades provienen en muchas ocasiones de negocios que bordean la fina línea entre lo legal y la ilegalidad, “aquella zona gris en donde resulta muy complicado entrar a intervenir”.

El funcionario tampoco está de acuerdo con incrementar los castigos para los menores que delinquen y explicó que, en su opinión, el tema de los jóvenes debe enfrentarse con un refuerzo en el sistema educativo. Asimismo, para Ramírez, la situación de delincuencia que se presenta entre los jóvenes de algunos sectores de Medellín, y de otras ciudades del país, representa un “fracaso estruendoso de Bienestar Familiar. Parte de las competencias de esta institución deberían pasar a los municipios y las ciudades para ser más eficaces en la tarea de proteger a la juventud”.

En concepto del gerente de Metroseguridad, se necesita una reforma del sistema penitenciario y carcelario para asegurar que quien sea privado de su libertad no continúe delinquiendo desde su encierro.

La seguridad en Cartagena

Judith Pinedo, alcaldesa de Cartagena, entiende la seguridad como un asunto multicausal, que no sólo responde a la existencia de la pobreza, y que debe ser enfrentado desde varios frentes. “Nosotros hemos entendido que la seguridad es un asunto que no sólo se soluciona con Policía y por eso en Cartagena la manejamos colectivamente”.

Con esa premisa, en esta ciudad existe un comité al cual concurren todas las entidades que tienen que ver con la seguridad desde un punto de vista más técnico que político. “Con esto hemos logrado mejorar en aspectos que antes no comprendíamos. Por ejemplo, dotamos a unas unidades de Policía con motos para que rápidamente puedan confirmar si la primera información entregada por el sospechoso (llamada arraigo) es cierta y así podemos establecer si nos están mintiendo de entrada o no”.

La experiencia de Bogotá

Una de las mayores preocupaciones de Andrés Restrepo, secretario de Gobierno (e) de Bogotá, es la modernización de las instituciones. “Tenemos instituciones premodernas que de no ponerse al día pueden llevarnos al concepto de ciudades fallidas”. Según el funcionario, una de las grandes fallas del actual aparato para enfrentar el crimen se registra en la judicialización de los criminales: en el primer semestre de este año seis mil personas fueron capturadas por microtráfico en Bogotá; de éstas, sólo el 6% logró ser judicializado.

Restrepo afirma que, para el caso de la seguridad urbana, es vital tener una Policía especialmente entrenada para leer los fenómenos de violencia en cada caso particular, pues esa diferenciación no sólo genera mejores resultados, sino mejora las relaciones con cada comunidad.


El foro en twitter

@ jpdc2414112:  Dr. Restrepo, la seguridad urbana debe mirar en conjunto el crimen organizado, la seguridad ciudadana y la convivencia. No verlos aparte.  

@ Isgarvan:  El tema pandillas e inseguridad no es local de Cartagena, es un producto de la inequidad social y el excesivo centralismo del país.  

@ rosepurplekat:  ¿Será que la alcaldesa no ha visto las muertes recientes que los “jóvenes en riesgo” han ocasionado en Cartagena?   

@ Fabiancadena:  ¿Y en Bogotá también? ¿Las pandillas y la inseguridad también son falta de oportunidades? Entonces, ¿qué hicieron 8 años de Polo?  

@ FaridZardibia:  Qué belleza, quedo mas tranquilo. RT

@fidelcanoco: Si usted comete un asesinato en Medellín hay 95% de posibilidad de que no le pase nada: Ramírez.  

@ pachomesa:  ¿Entonces al fin qué?: ¿El gobierno no tiene política nacional, pero a la vez no debe llegar con la suya?  

@ miguelantvelasc:  Ni más ni menos: está colapsado el sistema penal oral acusatorio que se pensó evitaría impunidad y la multiplicó.   

@ pachomesa:  De nuevo legislar en vez de aplicar la legislación existente. Más personal y recursos judiciales.   

@ Aretino:  ¿Jóvenes en riesgo de ser personas sociales?: Pandilleros y ya basta de eufemismos.  

@ jpdc2414112:  No solamente la protección a testigos, sino también la supuesta agilidad para indiciar y acusar se ha vuelto cuello de botella.  

@ miguelantvelasc:  Es verdad: a generosas rebajas por aceptación de cargos sigue detención domiciliaria que deja "libres" a bandidos capturados.  

@ Isgarvan:  Mientras en el país haya tanta concentración de riqueza vs. pobreza y violencia todos somos potenciales víctimas.

 

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