La maldición de La Macarena

Un pródigo territorio del país con un aciago destino como eje de desarrollo del bloque Oriental de las Farc. Refugio de perseguidos de la violencia, santuario de la guerrilla, zona de distensión, tierra de expansión cocalera. Paraíso usurpado.

La región de La Macarena, localizada al sur del departamento del Meta, constituye una pródiga zona geográfica que incluye desde áreas planas de origen relativamente reciente, hasta laderas abruptas que se enlazan con las montañas más antiguas de la tierra. Su biodiversidad es de origen amazónico, lo cual se expresa en unas 500 especies de aves, árboles gigantes, abundancia de lianas, bejucos y tupidos bosques donde habita una variada fauna silvestre, con exóticos animales en vías de extinción.

Es decir, es una especie de paraíso natural que durante muchos años fue tierra virgen, hasta 1890 en que empezó a formar parte de la interminable hacienda Colombia, de la firma Montoya, Uribe y Lorenzana, que empezaba en el río Ariari y terminaba en el Caguán. Sin embargo, como casi todas las prósperas regiones de Colombia, no demoró en verse sujeta a los dilemas económicos y electorales. Primero, porque los políticos del Caquetá y Meta se disputaron su control y después porque derivó en refugio de perseguidos de la violencia.

En los umbrales de los años 50, con el poblamiento de San Vicente del Caguán en Caquetá, vía Llanos del Yarí, empezaron a llegar colonos y desplazados. Después de la amnistía de Gustavo Rojas Pinilla, en 1953, se sumaron grupos de labriegos que habían participado en las guerrillas liberales de Guadalupe Salcedo y Dúmar Aljure, y urgían tierras para alejarse de la confrontación y dejar el pasado. En los años 60 llegó otro contingente humano a La Macarena, esta vez con sus cuentas pendientes a cuestas.

Tras el ataque del Ejército a los movimientos agrarios del sur del Tolima en 1964, a través de las llamadas columnas de marcha, atravesando las regiones del Sumapaz en Cundinamarca o El Pato en el Huila, apareció en La Macarena un río humano de perseguidos y artífices de la violencia. Se situaron en las riberas de los ríos Duda y Guayabero. Fueron extendiendo su influencia hasta los municipios de Mesetas, Uribe, Vistahermosa o San Juan de Arama. Y rápidamente desarrollaron su proyecto agrario de economía guerrillera.

Durante casi una década esa fue su zona libre y, con el paso de los años, se convirtió en un santuario de las nacientes Farc. De hecho, el cuartel general de Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, así como las casas de sus familias y la de sus principales combatientes, se ubicaron en la región de Casa Verde, área montañosa del municipio de Uribe. Allí las Farc desarrollaron sus principales conferencias y desde La Macarena creció la organización hasta multiplicarse en más de 60 frentes por todo el territorio nacional.

Luego vino el flagelo que terminó por diseminar otra semilla de violencia y arruinarlos a todos. Colonos y emigrantes empezaron a sembrar marihuana y coca, y detrás de los cultivos ilícitos empezaron a asomarse los narcotraficantes. Corrían los años 80, y mientras el presidente Belisario Betancur intentaba hacer la paz con los grupos insurgentes, el paramilitarismo, de la mano de los carteles de la droga, comenzaba a diezmar cualquier opción política que alentara un proyecto insurgente con listas o escaños electorales.

Por eso la Unión Patriótica, que tuvo un significativo caudal de votantes en el Meta, especialmente en la región del Ariari y La Macarena, fue blanco de ataques selectivos y matanzas del paramilitarismo. La guerrilla hizo lo propio con sus opositores y la región se ahogó en sangre. En diciembre de 1990, el gobierno Gaviria quiso recobrar para el Estado la región y atacó Casa Verde. Pero en vez de alcanzar una victoria militar, sólo provocó que las Farc replegaran sus fuerzas por todo la zona, dándole movilidad al denominado bloque Oriental.

En tiempos de Samper, ya el Estado tenía claro lo que significaba el poder de las Farc en La Macarena y desplegó las operaciones ‘Destructor I’ y ‘Destructor II’ para librar lo que en su momento se denominó “la madre de las batallas”. Pero en vez del triunfo, la guerrilla sumó otros frentes de guerra y convirtió la región y otras zonas conexas de los departamentos del Caquetá y Guaviare en blanco de su política de tomas masivas con alto número de víctimas mortales, heridos, lesionados, así como oficiales, suboficiales y soldados secuestrados.

Era tal su poder, que cuando llegó a la Presidencia Andrés Pastrana exigió, como condición para negociar la paz, el despeje militar de cinco municipios entre el Caquetá y el Meta. La misma zona de La Macarena, el río Duda, el Guayabero y la espesa vegetación donde nació, creció y se hizo fuerte el bloque Oriental. La zona se transformó en área de retaguardia, refugio de guerrilleros, cautiverio de secuestrados, entrenamiento en técnicas terroristas y hasta laboratorio para su proyección política.

Cuando terminó el proceso de paz las Farc recobraron sus corredores y refugios en La Macarena, y el Estado tuvo que organizar un proyecto estratégico para recuperar su monopolio. Se llamó el Plan Patriota y luego el Plan Consolidación. La guerrilla siguió vigente como bloque Oriental. Tarde o temprano las dos fuerzas iban a chocar. Hoy, con la baja del guerrillero que hizo de La Macarena el fortín de las Farc, se cierra un capítulo más para esta pródiga zona del país a la que desafortunadamente aún le queda mucha guerra por desandar.

Cuatro años a bordo de las Farc

Entre noviembre de 1998 y febrero de 2002 la región de La Macarena se convirtió en zona de distensión para las Farc. En su territorio, la organización lanzó su plataforma política, llamada Movimiento Bolivariano, y mientras fungía dialogar con el Estado en San Vicente del Caguán, creó las condiciones para que el bloque Oriental desarrollara su dominio.

En uno de los recodos fundamentales de la zona desmilitarizada, en la inspección de La Julia, las Farc establecieron uno de sus principales centros de proyección política y militar. En esa misma zona, esta semana, se produjo el bombardeo de la Fuerza Aérea que terminó con la vida del jefe guerrillero que dominó a sus anchas en La Macarena: Víctor Suárez, el Mono Jojoy.