La visita que removió recuerdos

Para ninguno de los militares y de los policías fue fácil volver al mismo sitio donde hace un año fueron rescatados por el Ejército en un operativo sin precedentes.

Hace 365 días unidades de inteligencia y pilotos entrenados en la escuela de aviación del Ejército engañaron a las Farc para llegar hasta el campamento en donde estaban los 15 secuestrados. Hoy dicen que fue el momento más feliz de sus vidas, que volvieron a nacer y que le dan gracias a Dios por estar libres y haber librado del infierno de pasar seis, siete y ocho años en la selva encadenados.

Sin embargo, quieren dejar todo atrás y hubieran preferido no volver al mismo sitio. “Vine porque me tocó, no porque quisiera. Aquí sólo hay tristeza”, dijo el cabo del Ejército José Miguel Arteaga, quien tuvo que suspender varias veces las entrevistas con los periodistas que los acompañaron en el recorrido hasta la selva de Guaviare.

Era evidente que las palabras no le salían. Se secaba las lágrimas, respiraba profundo y volvía a responder todas las inquietudes de los reporteros nacionales y extranjeros que siguieron cada paso que daban los uniformados por esa extensa selva y que recordaban episodios dolorosos de su cautiverio y era cuando se escuchaban frases como: “Únicamente tomábamos agua con polvo royal al clima, o sea caliente”, o “la soledad era muy dura”, “qué tristeza tengo hermano” y “¿será que ya nos vamos?”.

Una hora después de este “exorcismo”, como dijeron algunos de ellos, se subieron al helicóptero que los llevaría otra vez a Bogotá.

Por primera vez conocieron los detalles del operativo. Además de ir al sitio donde fueron rescatados, también entraron a los hangares de Tolemaida donde “prepararon” los helicópteros que irían a sacarlos de ese infierno. Con la boca abierta, literalmente, quedaron cuando les contaban todos los detalles que antecedieron su libertad. “Aquí se encerraban los encargados de pintar las naves, acá se quedaban los generales Montoya y Padilla.

Un año después, ‘Jaque’ es su mejor recuerdo. A veces lloran, se deprimen y se entristecen, pero saben que nada es tan grave como lo que les ocurrió. Y que nada ni nadie les puede quitar lo que ya recuperaron para siempre: su libertad.

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