El ídolo se vuelve leyenda

En una emotiva ceremonia que duró más de cuatro horas, el Staples Center de Los Ángeles acogió a familiares y amigos de la estrella del pop Michael Jackson.

Cuando Michael Jackson deslizó sus pies por primera vez demostró que podía arrasar con cualquier cosa. Con ese movimiento característico, que con el paso de los años recibió el nombre de moonwalk (paso lunar), confirmó que a partir de su presencia la música nunca volvería a ser la misma.

Ese sello, tan indeleble como propio, que a pocas personas sobre la faz de la Tierra les fue indiferente, ahora es un recuerdo. Nunca más en la historia se podrá ver su magia al bailar, ni su capacidad para entonar notas superiores al registro masculino, ni mucho menos se contarán historias en imágenes como el ‘Rey del pop’ acostumbró al mundo con sus videos. Por eso y mucho más es que el universo se detuvo el martes para despedir al ídolo y darle la bienvenida a la leyenda.

Antes de las 11 de la mañana, hora de Colombia, finalizó la ceremonia familiar, privada y exclusiva para despedir a Jackson. En ese momento comenzó la movilización del féretro, un ataúd de bronce macizo y bañado en oro de 14 quilates, con un forro interior de terciopelo azul y avaluado en cerca de US$25 mil, muy similar al que se empleó en el entierro de James Brown, el rey del funk. Durante la semana se especuló que se llevaría a cabo una ceremonia con un sarcófago simbólico. Sin embargo, el vehículo con el cuerpo sin vida del artista arribó al sector del Staples Center, en Los Ángeles, al mediodía. Treinta minutos después, los hermanos Jackson, varios de los cuales integraron en la década del 70 la exitosa agrupación The Jackson Five, subieron al escenario con el féretro, mientras una coro gospel le imprimía banda sonora al momento con la canción We’re going to see the king. A estas alturas el escenario ya estaba a reventar, pues más de once mil privilegiadas personas presenciaron la ceremonia en el Staples Center, mientras que seis mil lo vieron en pantalla gigante desde el Teatro Nokia.

El silencio, que se volvió solemne al ser compartido por tantas personas, precedió la primer intervención: Smokey Robinson, artista y entrañable amigo de Michael Jackson, leyó unos sentidos mensajes para la familia del artista, entre ellos, uno de la cantante Diana Ross, quien a pesar de ser la madrina de Michael desde que estaba en los Jackson Five no pudo asistir por problemas de salud. También transmitió el conmovedor mensaje del líder político Nelson Mandela: “Michael era un gigante y una leyenda de la industria musical y nosotros lloramos con los miles de sus fans en el mundo. Michael estuvo muy cerca de nosotros después de que él empezara a visitar y actuar regularmente en Suráfrica. Nosotros lo apreciábamos mucho”.

El homenaje musical lo inició Mariah Carey con la canción I’ll be there, que hicieron famosa los Jackson Five, al ser uno de sus primeros cuatro sencillos que se posicionó en el número uno de las listas. Luego, les correspondió el turno a Lionel Richie y a Stevie Wonder. Este último se sentó frente al piano y recordó algunos de los momentos inolvidables que pasó al lado de su amigo. Hacía tan sólo una semana que Wonder le cambió la letra al tema I just called to say I love you, transformando el estribillo por la frase: “Michael sabe que estoy aquí y lo amo”.

La actriz Queen Latifah aseguró que “Michael fue la estrella más grande de la Tierra”, mientras que la joven cantante Jennifer Hudson cantó Will you be there, con la que el público, siempre respetuoso, reventó en alaridos.

Siguió Brooke Shields, amiga de infancia del artista, quien recordó cómo cuando eran niños los dos peleaban por ver quién había empezado a brillar primero. Ella hizo énfasis en que siempre le pidió que no la saludara con la mano del guante: “Si me vas a dar la mano, me das la de verdad”. La actriz, que no pudo sostener las lágrimas, confesó que la canción favorita de la estrella no era ninguna de sus óperas, sino Smile, un tema compuesto para la película de Charles Chaplin Tiempos modernos. Todavía no se había bajado del todo la actriz del escenario, cuando Jermaine, uno de los ocho hermanos de Michel Jackson —que se presentaron todos a la ceremonia uniformados con vestidos negros, camisas blancas, corbatas amarillas y un guante de lentejuelas— se subió a la tarima y cantó, precisamente, Smile.

Después de otro par de interpretaciones de jóvenes figuras del pop como Kusher y John Mayer, la tarima finalmente se llenó con todos los familiares, amigos y artistas invitados a la velada. Entonces el público pudo ver los rostros acongojados de La Toya y Janet Jackson, las dos hermanas de Michael que habían estado reacias a cualquier declaración pública o entrevista, cantado la canción We are the world.

Y como si la recopilación de imágenes de su infancia, los recuerdos de las canciones más sonadas de todos sus álbumes y los cánticos de sus amigos más cercanos no hubiera bastado, la ceremonia culminó con las palabras ahogadas en sollozos de la hija de 11 años del ‘Rey’, Paris, quien sólo tuvo aliento para decir: “Desde que nací mi papá ha sido el mejor padre que se puede imaginar y solo quiero decir que te quiero mucho”.

A las 2 y 45 de la tarde, hora Colombia (12:45 hora local en Los Ángeles) sacaron el féretro del Staples Center para ser llevado a un lugar que la familia Jackson no hizo público. Se rumora que ante la imposibilidad de ser enterrado en el Rancho Neverland, sus restos reposarán en el cementerio de Forest Lawn, el mismo lugar en el que estrellas como Humphrey Bogart y Sammy Davis Jr. encontraron la inmortalidad.

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