Una fiesta en el aire

El domingo volaron, por vez primera en Colombia, 37 globos aerostáticos, como un símbolo de los 199 años de la Independencia.

Este domingo, a las 6:00 de la mañana, nadie sabía si aquellos gigantes de 60, 70 u 80 metros de altura iban a desprenderse de la faz de la tierra. Al Parque Simón Bolívar ya empezaban a llegar familias enteras. Abundaban las nubes, el sol era cobarde. Con lluvia era imposible hacer volar un solo globo. Aun así, decenas de personas trabajaban para que todo saliera según lo planeado: a las siete tendría que elevarse el primer gigante.

En la pista de despegue los pilotos probaban los cilindros del gas propano que los impulsaría a elevarse 100 metros. Francisco Noccarato, de Brasil, estaba emocionado. “Cuando vuelo me siento libre. Acá estamos presos en el suelo. Allá se tienen todas las direcciones para recorrer. Aquí hay obstáculos. Allá no”, dijo.

Lo primero que haría sería inflar el globo con un potente ventilador, y luego, con la ayuda de borbotones de fuego expulsados desde una fuente de gas propano, levantaría aquel telón. Una vez suspendido, manejaría la dirección aumentando o reduciendo el calor, para subir y bajar.

Noccarato era uno de los 40 expertos provenientes de Brasil, México, Argentina, Estados Unidos y España que se encargarían de pilotar los globos. Cinco colombianos hicieron parte de la lista.

El secretario general del Distrito, Yuri Chillán, madrugó para estar al tanto de cada movimiento del evento, como cuándo y dónde estaban aterrizando los globos aerostáticos. Y a las 7:00 a.m. arribó a la pista de despegue el alcalde mayor, Samuel Moreno, justo al mismo tiempo en el que voló el primer aerostático. Ambos dieron un suspiro de alivio. Llevaban tres meses planeando este día. El clima era el esperado y la Aeronáutica había ordenado que ningún avión saliera o llegara a la ciudad en toda la mañana.

“El Vuelo de la Libertad es hacer memoria de lo que fue el grito de la independencia, es la ciudad y el país que queremos: hacia adelante, libre, incluyente y donde se puedan sacar adelante todas las iniciativas. Un mensaje también para las personas que siguen secuestradas, para que muy pronto recobren su libertad”, explicó Moreno con respecto a este acto, que marcó el inicio de un año en el que se conmemorará el bicentenario de la Independencia.

Hacia las 8:00 a.m. llegó el escritor William Ospina, quien reforzó la idea de que los globos eran para que el ciudadano recuerde sus raíces: “En la pérdida de la memoria radica la dificultad de los colombianos para respetarnos, porque cuando nos sabemos hijos de un pasado común y de unas mismas leyendas, aprendemos a convivir, a admirarnos los unos a los otros”.

 Durante dos horas los globos aerostáticos alzaron el vuelo hacia el noroccidente de la capital. Los miles de asistentes al Simón Bolívar miraban inmóviles los 37 globos sobre los cuales pendían las obras de 24 artistas que retrataron a algunos de los próceres de la independencia. Los asistentes se paralizaron. Al final de la jornada, los pilotos aterrizaron en Fontibón, Normandía, Suba, Ciudad Bolívar, Funza y Mosquera. El más lejano llegó a Villeta y el experto Antonio Hay Marques, de Brasil, logró la hazaña de regresar al Parque Simón Bolívar.

Desde siempre el humano quiso volar y en el siglo XIX estos grandes balones fueron el primer resultado, tal vez uno de los más sencillos y hermosos: sin cabinas ni ruido y a la caricia del viento en el rostro y el sonido de las aves. El domingo, como en aquel entonces, el viaje de estos gigantes de colores fue un símbolo silencioso de la libertad y la memoria.