Primer día sin relaciones entre Colombia y Venezuela

La OEA aboga para que Caracas no aplique sanciones comerciales.

La noche del martes el presidente Álvaro Uribe esperaba que el buen tiempo le permitiera llegar cumplido a Costa Rica. Estaba acompañado del canciller Jaime Bermúdez, con quien acudía al llamado de la Organización de Estados Americanos (OEA) para encontrarle una salida a la actual crisis política de Honduras.

Pero la agenda presidencial sufrió un cambio repentino cuando, antes de abordar el avión, uno de sus consejeros lo puso al tanto de la noticia de última hora: Hugo Chávez, el mandatario venezolano, aparecía en televisión anunciando que, por cuarta vez, ponía en el congelador las relaciones entre ambos países.

La orden de Uribe fue tácita: sólo habría un único pronunciamiento oficial cuando llegara a Costa Rica, pero éste se demoró más de la cuenta. El miércoles, a la salida de la reunión, César Mauricio Velásquez, secretario de Prensa de la Presidencia colombiana, leyó un comunicado de diez puntos en el que el Gobierno salvó cualquier tipo de responsabilidad política.

“El pasado mes de junio el canciller Bermúdez le entregó al ministro de Exteriores de Venezuela, Nicolás Maduro, un documento en el cual se evidencia la posesión de lanzacohetes por narcoterroristas de las Farc, los cuales formaban parte del lote vendido a Caracas por el gobierno de Suecia en 1988”, leyó Velásquez, y dejó en claro que la información fue dada “de manera discreta”.

Sin embargo, el funcionario aclaró que los esfuerzos colombianos no encontraron eco: “A la fecha, Venezuela no ha dado respuesta alguna, no obstante, a nuestra permanente y reiterada posición de diálogo”.

La protesta fue respaldada por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, quien rechazó el anuncio venezolano de paralizar las actividades comerciales y nacionalizar las empresas de capital colombiano en su territorio: “Espero que no se cumpla y que por el contrario se pueda iniciar un diálogo que permita a las partes discutir sus diferencias en un clima fraterno, que es como deben tratarse los inconvenientes entre países hermanos”.

Pero el miércoles, el primer día del cuarto congelamiento de relaciones entre Colombia y Venezuela, la tranquilidad estaba lejos de presentarse. Tal como lo había prometido Chávez, el consulado de su país en Bogotá cerró las puertas desde tempranas horas, y en la frontera común no se permitió el paso de carros con placa colombiana hacia el lado venezolano, al igual que los productos adquiridos en Cúcuta.

No muy lejos de allí, en el estado de Táchira, el vicepresidente del vecino país, Ramón Carrizales, desvirtuó las acusaciones que vinculan a su gobierno con el suministro de lanzacohetes a la guerrilla de las Farc. “Se necesita ser bien cínico, cara dura, para salir a acusarnos porque un material bélico que poseemos se ha extraviado en la frontera producto del conflicto colombiano”, dijo en rueda de prensa, y advirtió que “si se comprueban vínculos de militares venezolanos con las Farc, éstos serán encarcelados”.

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