Un milenio de obstáculos

Los desplazados del Tercer Milenio se resistían a abandonar el parque porque decían que no habían recibido las ayudas prometidas.

Horas antes de que se complicara el plan de desalojo de 5.600 desplazados asentados en el Parque Tercer Milenio, ya había indicios de que las negociaciones no iban a terminar bien. La desconfianza y la incertidumbre reinaban en el lugar desde el viernes, cuando fue firmado el acuerdo entre líderes escogidos por los desplazados, Acción Social, la Secretaría de Gobierno, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Conciliación Nacional, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de la Protección Social. Las medidas de ayuda humanitaria para que esta comunidad aceptara retirarse del parque respondían a una emergencia sanitaria, en la que incluso existía el riesgo de contagiados por el virus AH1N1.

La difícil jornada comenzó el domingo en la madrugada, cuando llegaron decenas de buses y camiones de carga para llevar a cabo el plan inicial: las familias saldrían del parque con sus pertenencias hacia la Secretaría Distrital de Gobierno, donde recibirían una ayuda humanitaria en efectivo de acuerdo con el número de personas de cada núcleo. De allí serían transportadas a una vivienda temporal o a la terminal de transporte para dirigirse a sus lugares de origen en forma gratuita.

No obstante, los desplazados desconfiaban del acuerdo que ellos mismos habían firmado. Por eso, sólo una persona por familia iría a recibir el dinero y luego volvería por los demás y sus pertenencias. Los primeros en reclamar su auxilio económico regresaron con malas noticias y con mal carácter: “Nos dieron menos de lo prometido. Además, muchos no estaban en la lista del censo de los habitantes de este parque. No nos vamos de acá hasta que nos cumplan”, aseguró Alba Marina Quiñónez, una de las líderes de esta población, pasadas las nueve de la mañana.

Algunas familias, cansadas de esperar y de dormir en precarias condiciones, ya estaban prestas para abordar los camiones, pero varios miembros de la comunidad los retuvieron.

Quiñónez explicó que a las familias tipo A (uno o dos miembros) les prometieron $960.000, pero recibieron $560.000. La cuota establecida para el tipo B (tres y cuatro miembros) era de $1’200.000 y para el tipo C (cinco o más personas) era de $1’700.000, pero, según denunció, esa suma tampoco fue entregada.

Por su parte, Armando Escobar, director ejecutivo de Acción Social, recordó que se habían acordado cifras desde $300.000 hasta $1’700.000, según el número de personas en la familia y su nivel de vulnerabilidad.

Para Clara López, secretaria Distrital de Gobierno de Bogotá, estos malentendidos son normales en un proceso de negociación en el que los líderes intentan obtener un poco más de lo acordado. Por ello, hacia el mediodía, López se reunió nuevamente con los delegados de los desplazados para aclarar los puntos del acuerdo y asegurarles que en el Palacio de Liévano se les entregaría lo prometido.

Hacia la una de la tarde se inició la romería desde el Parque hacia la Plaza de Bolívar, y desde allí, hacia los distintos transportes. Se esperaba que al final del día de este domingo, por lo menos el 70% de las familias hubiera reclamado su dinero. López era enfática en afirmar que el Distrito no iba a permitir más tomas de este tipo, y que si habían existido negociaciones con los pobladores del Tercer Milenio era por el alto grado de riesgo sanitario que entrañaba la toma. Al final, aclaró que la solución estructural de esta problemática debe pasar por crearles a las víctimas modos de subsistencia y devolverles, por lo menos, parte de sus antiguas tierras.

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