El sol de los venados

El futuro es imprevisible y más en un país como Colombia, donde la fragilidad de las instituciones vuelve impredecible el comportamiento de las personas.

Por ello es difícil hablar de lo que les espera a los colombianos en los próximos 12 meses. Sin embargo, hay situaciones que se imponen a pesar de los proyectos de quienes se ven involucrados en ellas, sobre todo cuando orientan los derroteros de la sociedad.

Desde hace varios meses la atención de los analistas y los ciudadanos se ha centrado en un posible tercer período de gobierno del presidente Uribe y se hacen cábalas en un sentido y en otro; para los unos, el referendo que abriría la puerta a una segunda reelección está herido de muerte; para los otros, se fragua el plan B, que permitirá mantener viva la posibilidad de la reelección inmediata. En lo único que están todos de acuerdo es en la grave situación por la que atraviesa el país y en los retos de Uribe para el último año de su mandato.

Lo cierto es que el panorama es complicado. El mundo está inmerso en la mayor crisis financiera y económica de los últimos sesenta años y el país, a pesar de los anuncios optimistas del Gobierno, no escapa a ella. La tensión con Venezuela y Ecuador —alimentada por el acuerdo de las bases militares con Estados Unidos— enrarece el ambiente y hace temer por la reducción de las exportaciones, la caída de la balanza comercial, las restricciones en la balanza de pagos y el incremento de la deuda. Algunos consideran que a cambio de la soberanía territorial vendrá el TLC como premio, pero nada es más incierto.

Devolver la economía por la senda del crecimiento es el principal reto del Presidente en la medida en que sin él es imposible absorber el creciente desempleo, disminuir la informalidad, mantener un clima favorable a la inversión extranjera, reducir el hueco fiscal y brindar seguridad a los ciudadanos. Superar la recesión es un imperativo al que hay que dedicar ingentes esfuerzos, sobre todo cuando, por el momento que se vive, la reforma tributaria que plantea el Gobierno es prácticamente inviable.

En el ámbito social, el desafío se presenta en dos frentes. En primer lugar, el problema del desplazamiento que no ha podido ser erradicado y que debe ir acompañado de generación de ingresos. En segundo lugar, el de la salud, entre otras cosas por el esfuerzo que hay que desarrollar para cumplir los fallos de la Corte Constitucional que ordenó la actualización del POS y nivelar los regímenes subsidiado y contributivo.

Los desafíos que deberá sortear el Presidente son inaplazables, pero su solución no está asegurada, máxime cuando se avecina un año electoral con un referendo reeleccionista sin definir y tres consultas internas pendientes. Desde un punto de vista racional, la coalición es indispensable para que el uribismo pueda atender los proyectos de importancia para el Gobierno y llegue unido a las elecciones de 2010, pero nada es menos probable en la medida en que cuando los políticos están en campaña lo más importante para cada uno es destacarse por sus posiciones propias. Dadas las circunstancias, sería interesante que se saliera de los derroteros discursivos de la trillada seguridad democrática y se plantearan soluciones concretas a los graves problemas que aquejan a la mayoría del pueblo colombiano.

*  Profesor de la facultad de Ciencia Política y Gobierno de la Universidad del Rosario.

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