Latinoamérica, ¿existe?

El escritor mexicano Jorge Volpi, en la Feria del Libro de Bogotá, retrata en su nuevo libro una región convulsa.

En su más reciente libro, El insomnio de Bolívar, ganador del Premio Debate Casa de América, el escritor mexicano Jorge Volpi reconoce que para los mexicanos de su generación América Latina era un hermoso fantasma, una herencia incómoda, una carga o una deuda imposible de calcular.

Cuenta que fue en la Universidad de Salamanca, en España, en donde el contraste con los españoles lo hizo encontrarse con esos latinoamericanos con los que compartía aula y una identidad común. “Antes de vivir en Salamanca jamás había sentido la repentina necesidad de bailar salsa (en México, a diferencia de países menos mojigatos, la burguesía desprecia la música tropical)”. Incluso los mexicanos “patosos”, como él los define, se conectaban con el ritmo mejor que cualquier español. Acaso, entonces, “¿ese innato bamboleo de caderas sería la esencia latinoamericana?”, se pregunta el autor.

Fue en ese viaje también que se dio cuenta de cómo América Latina refería una serie de lugares comunes: la fascinación por las dictaduras sangrientas, la algarabía futbolística, la coquetería de las mujeres, la corrupción de los políticos y “lo peor era que, como suele ocurrir con los lugares comunes, buena parte eran ciertos”, afirma Volpi.

Fue testigo de cómo el realismo mágico, además de haberse convertido en el sello literario y única demanda editorial para los escritores de este lado del planeta, se había convertido en una etiqueta sociopolítica que, según el escritor, una vez más nos hacía parecer como buenos salvajes dominados por la superstición, habituados a convivir con lo sobrenatural. “El país de las maravillas elevado a continente. Un parque temático del absurdo”. Y así, a lo largo de 259 páginas, el escritor mexicano ganador del Premio Biblioteca Breve (1999), con su novela En busca de Klingsor, se va preguntando por lo que constituye a Latinoamérica y va desentrañando lo que la ha deshecho.

Asegura que los nuevos escritores latinoamericanos no tienen el menor interés por vigilar a sus dirigentes...

La literatura latinoamericana estuvo en general muy ligada a lo político en el siglo XIX y luego con el nacimiento del Boom en un momento inmediatamente posterior al triunfo de la Revolución Cubana provocó que se reforzara todavía más esta figura. Por el contrario, los primeros libros de mi generación aparecen en un momento en el que hay una enorme desconfianza hacia lo político. De tal manera que asistimos a un fenómeno con ventajas y desventajas: la ventaja es que quizás estaba sobredimensionado el papel del escritor e intelectual en América Latina, concediéndoles un peso excesivo que provenía de una tradición autoritaria. Pero, por otro lado, también es cierto que este desinterés le ha quitado valor y espacio a la crítica política.

Latinoamérica vivió en otras décadas movimientos que la unificaron como el Modernismo, y el Boom. ¿Por qué carecemos hoy de ellos?

Esas décadas perdidas, esos años de dictaduras resultaron también muy negativos para la cultura latinoamericana, ya que acabaron con esa cultura que antes circulaba de norte a sur. Además de la disolución de las grandes empresas culturales se le suma la globalización, que es un fenómeno que permite que las corrientes centrales viajen por todo el mundo y que todos leamos los mismos libros publicados en España, así como los mismos autores anglosajones traducidos, mientras hace muy difícil los contactos entre la periferia, y nosotros somos una de esas periferias. Es una pena que ya no haya un conocimiento por parte de los públicos de lo que pasa en los movimientos artísticos y literarios de los países vecinos.

¿Cómo ve la posibilidad política de que haya una integración regional?

El libro hace referencia a las tensiones regionales, pero creo que terminarán por desvanecerse y en generar algún mecanismo de integración. Efectivamente ahora la bandera bolivariana es la que parece presente en el discurso de Hugo Chávez , pero la realidad es que creo que este fenómeno terminará por desaparecer después de unos cuantos años más. Es decir, este fenómeno, que no me parece ni siquiera típicamente de izquierda, sino en donde hay un solo país que pretende ejercer una hegemonía latinoamericana, creo que aunque continuará en los siguientes años de manera inevitable poco a poco se diluirá.