¿Fracasó Copenhague?

El tratado firmado en la Cumbre de Cambio Climático no es vinculante.

En medio de enérgicas protestas de activistas que reclamaban la firma de un acuerdo que comprometiera a los países ricos a reducir sus emisiones de CO2 y a apoyar económicamente a las naciones más pobres para mitigar los efectos del cambio climático; de interminables reuniones entre jefes de Estado de 192 países; de las exacerbadas declaraciones del presidente de Venezuela, Hugo Chávez; y con el reloj en contra, concluyó una de las reuniones más importantes de la historia.

A último momento los gigantes del desarrollo industrial —EE.UU., China y Sudáfrica— acordaron un texto de tres folios, que posteriormente firmó el resto de países, en el que se comprometieron a que la temperatura del planeta no suba más de 2ºC, a crear un fondo de US$30.000 millones para ayudar a los países más pobres y a que cada gobierno presente, el 1 de febrero de 2010, sus cifras de reducción de emisiones de CO2.

El presidente de EE.UU., Barack Obama, anunció que se trata de “un acuerdo sin precedentes”. Sin embargo, reconoció que tomará algún tiempo llegar a un tratado vinculante, que es lo que el mundo esperaba que sucediera en Copenhague. Por su parte, Sergio Serra, presidente de la delegación de Brasil, manifestó la decepción de su país: “No es el acuerdo que esperábamos, pero al menos nos permitirá salvar algo y seguir negociando el año próximo”.

El vago resultado de esta  cumbre, en la que el mundo  centró su atención las últimas dos semanas, no les dejó aliento a los presidentes para hacerse la foto de familia. Una vez firmado el acuerdo, cada uno salió por su lado. Los 192 jefes de Estado acordaron  reunirse dentro de seis meses en Alemania, para avanzar en la firma de un tratado legalmente vinculante.