‘Se hacen la citología, pero siguen muriendo’

A partir de los 40 años las colombianas dejan de practicarse la citología, razón por la cual el índice anual de muertes por cáncer de cuello uterino se mantiene en 2.500. Detectada a tiempo, la enfermedad es curable.

“Nadie debería morirse de cáncer cervical. Si se detecta a tiempo es curable. En Colombia no tendríamos por qué seguir enterrando mujeres víctimas de esta enfermedad”. Con estas sentidas palabras John Alberto Marulanda, asesor médico de la Liga Colombiana Contra el Cáncer, explica uno de los factores que más lo inquietaron luego de conocer los resultados de la encuesta nacional que realizó esta entidad en el marco del Día Internacional de la Mujer que se celebra hoy, con el objetivo de establecer si realmente en nuestro país las mujeres han tomado conciencia de la importancia de practicarse la citología para prevenir y tratar a tiempo este mal.

A pesar de que en cierta medida los resultados son bastante favorables, pues indican que en Colombia se ha fortalecido la cultura de la citología, los índices de mortalidad de cáncer de cuello uterino no han disminuido (cada año mueren 2.500 mujeres), mientras otras 6.000  son diagnosticadas con esta patología.

Según Marulanda, la explicación a esta paradójica situación es que a partir de los 40 años las colombianas están dejando de realizarse la citología anual. La razón es que cuando llegan a esa edad comienza a disminuir su actividad sexual y equivocadamente creen que por ello están de cierta forma a salvo de sufrir cáncer cervical.

A esta preocupación se suman las denuncias de mujeres a quienes les han realizado un examen de mala calidad. “Hay lugares en donde ofrecen una citología por $2.000, cuando en realidad cuesta entre $8.000 y $12.000, en los que por supuesto no hay garantías”, comenta  el doctor Marulanda.

Para enfrentar estas dos problemáticas, la recomendación es acudir al ginecólogo desde el inicio de la vida sexual y someterse  todos los años a la citología, sin excepción y sin importar la edad,  para detectar a tiempo la aparición del cáncer (que se puede demorar años en desarrollarse) y así evitar una condena a muerte como le sucedió a la hija de Alba Gallón.

“Murió un primero de diciembre dejando tres niños huérfanos”, recuerda con nostalgia. Hacía un tiempo le habían realizado una cirugía para extraerle la matriz porque tenía principios de cáncer y años después  le detectaron nuevamente  la enfermedad justo luego de haberse hecho una  citología que le salió normal.

“Ella no lo podía creer. Se vino de Armenia a Bogotá en busca de una segunda opinión pero le dijeron lo mismo: que estaba invadida de cáncer y ya no había nada que hacer”, recuerda con tristeza Gallón y advierte que debido a lo que le pasó a su hija, quien murió de 38 años, “es importante que las mujeres consulten varios médicos para confirmar el diagnóstico”.

En cambio, Jackeline Rueda corrió con suerte gracias a su disciplina para tomarse la citología anual. Hace un mes le detectaron precáncer cervical, pero afortunadamente debido  a que lo descubrieron a tiempo se recuperará pronto. Aunque Rocío Pinchao no fue igual de juiciosa con el examen, pues dejó de hacérselo después del nacimiento de su hijo creyendo que por no tener una pareja estable no correría peligro, también le descubrieron la enfermedad en una etapa tempran  y hoy cuenta orgullosa que es una sobreviviente.

“Mis amigas se rehúsan a ir al médico porque les da vergüenza que las vean; mi consejo para todas las mujeres es que no piensen en el pudor sino en sus vidas”, advierte Pinchao. Y es que el cáncer de cuello uterino es una enfermedad silenciosa cuyos síntomas no se manifiestan sino hasta que está muy avanzada y en algunos casos sólo se puede detectar con un examen especial. Así le sucedió a la ginecóloga Luz Ángela Torres.

“Me diagnosticaron cuando estaba totalmente invadida, porque la lesión estaba creciendo hacia adentro y no hacia afuera como generalmente ocurre. Me asusté mucho, no quería dejar solos a mis hijos”. El tratamiento fue muy agresivo. Además de operarse tuvo que soportar varias sesiones de radioterapia. Se le cayó el pelo, le salieron caries, la piel se arrugó y emocionalmente se sentía demasiado decaída.

Gracias a sus buenos hábitos de alimentación y a que hacía ejercicio pudo salir adelante y en cuestión de dos años ganarle la batalla al cáncer. “Yo creí que estaba a salvo por mi profesión, porque soy ginecóloga, conozco los riesgos y sé de la importancia de hacerse la citología. Pero debía aprender una lección: no hay que subestimar esta enfermedad. Nunca se debe bajar la guardia y para eso además del examen existen métodos que nos ayudan a prevenirla, como ponerse la vacuna”.