Las cábalas de los presidenciables

Aunque Juan Manuel Santos picó en punta, a la carrera por la Presidencia le faltan 76 días de adrenalina e infarto.

A pesar de la ventaja con que parte Juan Manuel Santos de cara a las elecciones presidenciales de mayo, con los resultados del pasado domingo y si hoy fueran los comicios para la jefatura del Estado, ninguno de los aspirantes tiene cómo ganar en primera vuelta. Sin embargo, hoy por hoy ninguno quiere saber de alianzas hasta no agotar su propio capital político. Después del domingo 30 de mayo, cuando se sepa quiénes son los finalistas, la orden del día será buscar gobernabilidad y poder a través de las coaliciones.

Y en esta tarea de cábalas y sondeos electorales cada candidato presidencial hace sus propias cuentas. Obviamente el más tranquilo por ahora es Santos, quien como todo aspirante que va en punta anuncia que no va a responder agravios y seguramente no querrá participar en demasiados debates donde se exponga frente a sus opositores. En el fondo, Santos sabe que con las mayorías conservadoras y su bancada de la U puede obtener gobernabilidad a partir del 7 de agosto.

Sin embargo, no la tiene ganada y de sus propias fuerzas aliadas puede salir su rival más difícil. El conservatismo sacó una muy buena votación y aunque la indecisión electoral frente a quién será su candidato puede perjudicarlo pensando en las presidenciales, es una fuerza a tener en cuenta. Si la candidata es Noemí Sanín, el uribismo tendría que pulsear demasiado. Si el elegido es Andrés Felipe Arias, las fuerzas uribistas quedarían multiplicadas y con buena opción.

No obstante, por los sucesos de las últimas horas y las tensiones que se vivieron entre Sanín y Arias, no auguran un camino expedito. Cualquiera sea el derrotado, van a quedar resquemores y protestas que, seguramente, redundarán en votos. En otras palabras, como lo advirtió el presidente de la colectividad, Fernando Araújo, para el conservatismo es urgente superar la consulta para no arriesgar la unidad y despilfarrar su alta votación.

Los demás candidatos que no aparecen como favoritos para clasificar en primera vuelta, con los resultados del domingo tampoco están derrotados. Es el caso de Germán Vargas Lleras, de Cambio Radical, cuyo comentario fue demasiado explícito: “Me siento en segunda vuelta”. Lo dice porque estar cerca al millón de votos después de superar la estampida de siete de sus baluartes hacia la U es una circunstancia que lo deja con buenos dividendos para encarar las presidenciales de mayo próximo.

Un análisis muy parecido al del candidato del Partido Liberal, Rafael Pardo, quien siente que una colectividad que lleva 12 años fuera del poder demostró que tiene votos. En su sentir, ese resultado (18 senadores) es “el banderazo para estar en segunda vuelta”. Pardo sabe que enfrenta tres enemigos muy bravos: el dinero a raudales que se paseó por algunas campañas, la participación del Gobierno en favor de sus protegidos y la propia dispersión del liberalismo en diversos frentes. De lograr convocatoria, es un fuerte rival a vencer.

En cuanto a Gustavo Petro, del Polo Democrático, hasta antes de las elecciones legislativas, en las encuestas marcaba el segundo lugar sin Uribe como candidato, detrás de Santos. Es cierto que a su colectividad no le fue nada bien y que su baja votación en el fortín de Bogotá castigó duramente la criticada administración del alcalde Samuel Moreno. Pero su opción sigue en pie, y para nada está derrotado. Claro que su única alternativa en un envión final sería las alianzas, y pocos quieren con el Polo.

En cambio, con quien quieren todos y más aún después de sus sorpresivos resultados del domingo es con el candidato del Partido Verde, Antanas Mockus. Sin querer queriendo, el matemático ex alcalde de Bogotá se metió en la pelea y tiene cómo lograr resultados. Demostró que su caudal electoral no sólo está en la capital sino también que cuenta con apoyos políticos que se expresan en votos. Por ahora, su próximo paso es elegir su compañero de fórmula, que también puede ser un golpe de opinión.

El último en la lista, que antes de las elecciones del domingo avanzaba confiado, es Sergio fajardo, de Compromiso Ciudadano. Pero como se dice popularmente, no hay enemigo pequeño. El ex alcalde de Medellín hace 10 años tenía un movimiento local de 50 personas, hoy posee más de 10.000 voluntarios en todo el país. Su imagen atrae electores, tiene más afinidades que resistencia y si logra superar el traspié electoral de las legislativas, también puede colarse para una segunda vuelta.

En síntesis, ninguna de estas siete opciones está derrotada y, a corto plazo, hay varios escenarios por conquistar. En primer lugar, millón y medio de votos nulos que pueden convertirse en sufragios con dueño; un potencial electoral indeterminado que puede cambiar las cifras de la abstención, y, sobre todo, las cuentas de los otros partidos que no tienen candidato propio pero están dispuestos a hacer alianzas. Al fin y al cabo, de eso se trata la política. Además, las presidenciales son muy distintas a las legislativas, cualquier cosa puede pasar y la intención de voto es efímera.

De todos modos, en el PIN, en MIRA o en la conciencia de centenares de colombianos que sólo acostumbran a votar en las presidenciales, hay muchos sufragios potenciales a quienes los candidatos deben saber convencer. La primera gran encuesta real ya es pasado y aunque el uribismo mostró que tiene ganas de seguir de largo, en la práctica ninguno de los candidatos puede cantar victoria. La historia reciente enseña que a Horacio Serpa Uribe se le quemó dos v