Los Moncayo romperán sus cadenas

La familia de Pablo Emilio Moncayo lleva doce años esperando su regreso.

A pocas horas de volver a estar con el hijo —el único varón— que dejó de ver hace doce años, tres meses y siete días, el profesor Gustavo Guillermo Moncayo Rincón hace cuentas: son 2.700 kilómetros caminados, 14 países recorridos, nueve jefes de Estado visitados, incontables plantones realizados, una campaña fallida al Senado y hasta dos idiomas medio aprendidos. Todo en la búsqueda de la libertad para Pablo Emilio Moncayo, el pedazo de alma que las Farc se le robaron el 21 de diciembre de 1997 en el helado cerro de Patascoy, Nariño.

Después, acaricia la cadena que se amarró a las manos desde el 25 de octubre de 2006 en protesta por el secuestro de Pablo Emilio y que, según él, sólo se quita para asearse, y baja la cabeza.

El ‘profe’ Moncayo, el llamado Caminante por la Paz, reflexiona. Mira hacia atrás. Recuerda la última conversación telefónica con su hijo desde el batallón en la cima del cerro, once días antes del ataque de la guerrilla:

– Papá, se está hablando de que vienen a tomarse las torres de comunicación.

– ¿Cómo así? Yo voy por usted. Yo quiero subir al cerro con su tío.

– Esto es muy frío, papá. No se preocupe. Yo soy como las hienas: así esté comiendo mierda, me estoy riendo.

Y sonríe. Y se le ven unos frenillos en los dientes. El pelo blanco, la camiseta con la foto de Pablo Emilio, los tenis.

Continúa con la mirada en el pasado afirmando que no dudaría en volver a enfrentar verbalmente al presidente Álvaro Uribe, como lo hizo en agosto de 2007, cuando decidió irse a vivir a la Plaza de Bolívar, en Bogotá. Durante cuatro horas discutió públicamente con el Primer Mandatario sobre la suerte de los secuestrados. Le dijo que él no es el dueño de la vida de los rehenes y que por eso no puede ordenar rescatarlos a sangre y fuego. Al final del contrapunteo, el ‘profe’ terminó desesperado y con los ojos lluviosos, al escuchar los argumentos de Uribe, que insistió en que con los terroristas no se habla.

Moncayo va de la plaza capitalina a Sandoná, en Nariño, donde nacieron sus hijos: Pablo Emilio, Nora Elena, Carol Dayana, Yuri Tatiana y Laura Valentina —quien tiene cinco años y no conoce a su hermano mayor—. Me cuenta que el sargento es muy juicioso y, sin embargo, dejó “como tres novias” cuando se lo llevaron. “Una de ellas lo esperó como un año. Ahora tiene tres hijos”.

Entonces, aparecen en escena Laura Valentina y Santiago Nicolás, el nieto, y el ‘profe’ vuelve al presente. Nos encontramos en la sede de Coca Nasa, fábrica de productos a base de coca, en la que la familia Moncayo Cabrera ha vivido durante los últimos 15 días esperando la liberación. Mientras una señora amasa galletas de coca, Moncayo cuenta que aún no ha definido cómo será el recibimiento. “Todo dependerá de lo que mi hijo quiera”. Ni qué pasará después con su vida. “Me gustaría seguir dando clases. De pronto tener una cátedra de paz”.

Eso sí, el día en que vuelva a ver a Pablo Emilio le pedirá que le quite las cadenas voluntarias. Después, mucho después, cuando ya haya recuperado algo de tiempo con el sargento, perfeccionará alemán o francés, los dos idiomas que medio aprendió mientras luchaba por la libertad.

El secuestrado más antiguo del mundo

El mismo minuto en que Pablo Emilio Moncayo recobre la libertad, el sargento Libio José Martínez se convertirá automáticamente en la persona que más tiempo ha permanecido secuestrada en el mundo. En ninguna guerra, ni en las más crueles y largas de la historia, ha habido alguien que haya pasado tantos años en cautiverio en condiciones tan inhumanas. Los Martínez, una familia campesina muy humilde que reside en una vereda a dos horas de Pasto, Nariño, guardaban la esperanza de que a su hijo lo entregaran junto a Moncayo. La guerrilla no ha tenido en cuenta, sin embargo, que don José Fidencio Martínez padece una grave enfermedad ni que Johan Estiven, el hijo de 11 años de Libio José, ruega por la libertad de su padre.

Los Calvo esperan a Josué Daniel

Nubia Calvo es la hermana mayor del soldado Josué Daniel Calvo -recientemente cumplió 13 años en cautiverio- y quien habla por la familia estas horas previas a la liberación. “Lo estamos esperando con ansia”, cuenta. El pasado 20 de abril, ella y su padre, don Luis Alberto Calvo, dejaron de tenerlo en el hogar campesino en el barrio payanés de Los Campos. Ese día resultó herido en un combate en el punto conocido como El Encanto, en Vista Hermosa —Meta— y las Farc aprovecharon para llevárselo. Desde entonces, lo espera su familia y Yuri Patricia Meneses, la novia que consiguió un mes antes del plagio. Luego de no tener certeza de su paradero durante 60 días, los Calvo recibieron la noticia del secuestro y del precario estado de salud de Josué Daniel. Hoy la familia espera que el regreso se produzca sin contratiempos, gracias a la misión humanitaria que parte hoy de Villavicencio a la selva para buscarlo y devolverlo al campo en el que creció.

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