Aires de libertad

El martes volvería Pablo Emilio Moncayo, uno de los secuestrados del mundo con más tiempo en cautiverio.

Si todo sale como está programado, en contadas horas las familias Moncayo Cabrera y Calvo Sánchez podrán volver a sonreír. Después de casi un año de que las Farc anunciaran en un comunicado su intención de devolverlos, hace dos días se iniciaron oficialmente los operativos de liberación del soldado Josué Daniel Calvo y del sargento Pablo Emilio Moncayo, quienes permanecen cautivos en la selva a manos de ese grupo insurgente. Calvo cumpliría su primer año atado a la manigua el próximo 20 de abril. Moncayo es una de las dos personas en el mundo que más tiempo han estado secuestradas: 12 años, tres meses, siete días.

Más de un contratiempo han tenido que enfrentar la senadora Piedad Córdoba, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la Iglesia y el alto comisionado para la Paz, Frank Pearl, líderes del proceso, para llegar a este punto. A mediados de 2009, el presidente Álvaro Uribe condicionó su autorización al asunto a que la guerrilla liberara simultáneamente a todos los uniformados que tiene retenidos y se opuso a la participación de la legisladora liberal.

Luego, a principios de 2010, desde el Gobierno Nacional insinuaron que la entrega de los dos militares se podría convertir en un “show mediático” con fines electorales. Córdoba pidió entonces que se aplazara hasta después de las elecciones de Congreso. Pasados los comicios, otro obstáculo: las Farc se retrasaron en la entrega de las coordenadas y en la aceptación de los protocolos de seguridad. Por último, hace unas pocas horas el Alto Comisionado informó que las liberaciones se corrieron un día: la de Calvo será este domingo y la de Moncayo el próximo martes.

Sin embargo, aparentemente ya todo está listo para el reencuentro que devolverá a la vida a los dos colombianos. Piedad Córdoba, dos miembros del movimiento Colombianos por la Paz, una delegada del CICR, el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rubén Salazar, y el obispo de Magangué, monseñor Leonardo Gómez, viajaron el pasado viernes a Brasil, país garante, para coordinar el rescate. La misión humanitaria arribó ayer a Villavicencio, desde donde se espera partirán el domingo los helicópteros que rescatarán al soldado Calvo. El martes, el mismo grupo saldría desde Florencia en busca de Pablo Emilio Moncayo.

En las dos capitales se han desplegado sendos operativos, entre autoridades civiles y de Fuerza Pública, para recibir a los dos secuestrados y garantizar la seguridad. Miembros de la Cruz Roja, los Bomberos, el Ejército y la Policía hacen presencia en calles y esquinas, atentos a todo el proceso. Los acompañan los cientos de periodistas, nacionales y extranjeros, que empezaron a tomarse ambas ciudades desde esta semana. No está claro aún, no obstante, si las condiciones de salud de los liberados les permitirán hacer declaraciones inmediatamente.

La celebración que se inicia este domingo le será ajena a doña Emperatriz de Guevara. Para ella, las Farc guardaron una cruel noticia hasta última hora. El pasado viernes, la madre del mayor Julián Ernesto Guevara —muerto en cautiverio— se enteró de que la guerrilla no le entregará, por ahora, los restos de su hijo. El anuncio tiñe de un triste color el proceso y deja a la desconsolada abuela con las manos extendidas y suplicantes.

Según las autoridades, no fue el único acto inmisericorde de las Farc esta semana. Con un carro bomba en Buenaventura, que dejó como saldo 10 muertos y 60 heridos, y el asesinato de un niño de 13 años, quien falleció al ser utilizado para transportar explosivos en El Charco, Nariño, la guerrilla completó un saldo de brutalidad y salvajismo.

La entrega de Moncayo y Calvo devuelve la alegría a dos familias y hace recordar a 23 más (ver infografía ‘Los que faltan’) que siguen sufriendo la ausencia de los suyos, pudriéndose en lo más recóndito de la selva.

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