Las pistolas de Axl Rose

El legendario y caótico vocalista de la banda Guns N’ Roses vuelve a Bogotá después de 18 años. Las puertas se abrirán a las 5:00 p.m.

Dicen que Axl Rose, alias William Bruce Rose, Jr., tuvo una infancia difícil en Lafayette, Indiana, en Estados Unidos, y una adolescencia un poco más complicada, llena de encuentros nocturnos con la Policía, amigables charlas esposado. Su adultez no ha sido muy diferente. Escándalos, insultos, peleas y, en medio de todo, millones de discos vendidos, boletería agotada para cientos de conciertos, suficientes millas acumuladas como para ir hasta la Luna un par de veces y todo el consumo de alcohol necesario para revivir el mar Muerto.

Guns N’ Roses o la gloriosa historia de la decadencia debería llamarse la biografía de la banda norteamericana que hasta el día de hoy ha cambiado de alineación tantas veces como para formar una pequeña milicia con todos sus miembros pasados y presentes. Una milicia con guerreros que eternamente se ven recién levantados, borrachos o ambas, como el bajista Duff McKagan, o cuyo mayor rasgo distintivo es precisamente no poder distinguir nada debajo de la gran melena del legendario guitarrista Slash.

En el dudoso libro de las estadísticas del rock and roll, en el que el número que más importa es el de prendas femeninas recolectadas en el escenario, Guns N’ Roses ostenta el título de “Álbum debut mejor vendido” (Appetite for destruction, 1987, alcanzó el número uno en la lista Billboard en 1988 y hasta hoy ha sido comprado 28 millones de veces en el mundo). Después sigue la hazaña, única en su género, de haber llegado al primer y segundo lugar de las listas de ventas con dos discos lanzados al mismo tiempo (septiembre de 1991): los míticos Use your illusion I y II, que se incrustaron en este listado durante 108 semanas.

Nadie sabe exactamente cuánto dinero hicieron Axl y compañía con el tour que acompañó el lanzamiento de estos discos. Lo que quedaron fueron las fotos, las historias de los fanáticos y los recortes de prensa que dan cuenta del caos de la gira “Use Your Illusion World Tour”, que duraría 28 meses y dejaría tras de sí una épica estela de ciudades visitadas y momentos míticos, como aquel noviembre de 1992 en que en plena canción November rain se desgajó un gran aguacero en Bogotá; años después, Axl diría en una entrevista que es uno de sus recuerdos más queridos.

Después, como fue usual en varias paradas de la gira, sobrevino la locura: los alrededores del estadio El Campín fueron destrozados por los fanáticos al igual que había sucedido días antes en el estadio olímpico de Montreal, cuando Axl, en un derroche de sí mismo, se negó a salir al escenario argumentando un fuerte dolor de garganta al mismo tiempo que fumaba y bebía como en un día cualquiera. Tal vez era su propósito introducir un poco de desorden en ambos lugares.

De aquella garganta dolorida emana una voz entre agudo rugido y pegajosa melodía, inmortalizada en canciones que van desde Sweet Child o’ Mine, Welcome to the jungle hasta You could be mine, poderosa banda sonora de la  película Terminator II: Judgment day, en cuyo videoclip el hoy gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, destroza Los Ángeles mientras Slash rompe tímpanos con su guitarra.

De aquella garganta dolorida han salido miles, de groserías dirigidas a todo tipo de blancos. Tal vez los insultos más famosos proferidos por Axl son aquellos que quedaron para siempre grabados en Get in the ring, del álbum Use your illusion II, en donde por 30 segundos el cantante se despacha en contra de varios periodistas: “Y eso va para ustedes, miserables en la prensa / que quieren armarla publicando mentiras / ¿por qué estás encabronado? / ¿porque tu papá consigue más mujeres que tú? / púdranse”.

De aquella garganta dolorida salen hoy en día las letras del disco Chinese Democracy (23 de noviembre de 2008), el regreso de Guns N’ Roses sin Slash, ni Duff, ni el guitarrista Izzy Stradlin, tampoco el baterista Matt Forum. Si Flaubert es Madame Bovary, Axl, definitivamente, es Guns N’ Roses: en algún momento entre 1991 y 1994 se dice que compró los derechos del nombre de la banda, aunque el exitoso catálogo de canciones es controlado en conjunto por Axl, Slash y Duff.

De aquella garganta dolorida salieron los primeros gritos de la gira “Chinese Democracy” el 11 de diciembre de 2009 que arrancó paradójica y provocativamente en Taiwán, y de aquella voz desgarradora saldrán los coros y los insultos que se oirán este martes en el Parque Jaime Duque, cuando Axl regrese a Colombia para rockear una vez más.

Esta vez se espera que no haya destrozos, como sucedió en 1992 en El Campín, que nadie intente apuñalar a Axl, como ocurrió este año en un club en Nueva York, cuando el cantante de Skid Row, Sebastian Bach, salvó a su amigo de morir luego de interceptar al atacante, y que, ojalá, ningún fanático le arroje una botella al líder de los Gunners por subirse al escenario con tres horas de retraso, como pasó en Lima el pasado 25 de marzo; tampoco es esperado que se repitan los problemas del pasado concierto de Wisin y Yandel, cuyos empresarios (los mismos que traen a Axl a Colombia), según la alcaldía local de Suba, no tenían en regla los papeles para el espectáculo.

Como dice la frase: “Todas las cosas buenas llegan a aquel que sabe esperar”. Una espera de 18 años justifica un gran espectáculo de parte de Axl y compañía. Que así sea. 

 

Como dice la frase: “Todas las cosas buenas llegan a aquel que sabe esperar”. Una espera de 18 años justifica un gran espectáculo de parte de Axl y compañía. Que así sea. 

 

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